Sueño de un día de verano: The Dodos, The Cribs, Kate Nash, Adam Green y más en Beschaving, Holanda

Por disorder.cl el 14 septiembre 2008

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César Rivera estuvo -junto al holandés Yuri Landman, diseñador de guitarras de Sonic Youth y más- en el Festival de Beschaving, donde fue testigo de las presentaciones de The Dodos, The Cribs, Mystery Jets, Pete and The Pirates, Adam Green, Kate Nash y Mogwai. Entre hippies y borrachos, compartió en el backstage con miembros de The Dodos, The Cribs y logró sacarle un tibio saludo al mítico Johnny Marr. Reporte y fotos, en la  primera colaboración de este peruano residente en Utrecht, Holanda.

Por César Rivera Gálvez

El verano europeo se disuelve al compás de los días que se van. Con él se evaporan los cielos despejados, las vacaciones, los viajes y, por supuesto, los festivales de rock.

Hoy en día los festivales de rock en Europa se han convertido en maquinarias capaces de multiplicar inversiones privadas o públicas. Inclusive suceden riñas -discretas eso sí- entre los organizadores de los distintos festivales (como pasa en España), ya sea por los precios o por los mismos artistas, aunque todo esto carece de importancia para los feligreses.

El Festival de Beschaving, en Holanda, es considerado el “hermano menor” de Lowlands (festival que pelea con Pinkpop por llevar a sus respectivos podiums las bandas o artistas alternativos más importantes del momento o, en el mejor de lo casos, alguna leyenda) y se lleva a cabo en la ciudad de Utrecht. (Ver line-up).

Me enteré que iría al festival tres días antes del mismo. Un amigo holandés que diseña guitarras para bandas importantes de la escena “alternativa” (Sonic Youth, Liars, Blonde Redhead, etc) consiguió pases no sólo para los conciertos, sino también para el backstage.  El mismo día supe también que Johnny Marr, legendario guitarrista de The Smiths, acompañaría a The Cribs en uno de los números estelares de Beschaving.

Con todo ese panorama nos enrumbamos hacia el último festival holandés de la temporada. El sol le susurró a la mañana y se apoderó paulatinamente de la tarde. No podía haber mejor marco para un día que esperaba ser entregado al rock.

La adrenalina se hace presente

El sol empezaba a imponerse mientras llegábamos al lugar en donde se realizaría el festival. Entramos a la zona VIP y luego al backstage. Yuri -mi amigo holandés- tenía entrevista con The Dodos (Myspace) y The Cribs (Myspace). Nos encontramos con los primeros. A pesar de tener a la prensa europea y norteamericana a sus pies, demostraron sencillez, entre la timidez y la ansia pre-concierto. La charla transcurrió entre cuestiones técnico musicales -Yuri les ofrecía guitarras- y un breve recuento de la gira europea que llevaban a cabo. Meric Long (voz y guitarra) llevaba la conversación, mostrando curiosidad frente a los instrumentos. El percusionista, Joe Haener, observaba la conversación con una sonrisa eterna. Logan Kroeber, baterista de la banda, caminaba con su pareja, ajeno a lo que hacían los demás. Mientras conversaban, era evidente que Meric era “el capitán del barco”, ya que rechazaba cualquier sugerencia de sus compañeros, mostrando que estaba inmerso en sus propias ideas. Al mismo tiempo, se comía las uñas con algo de vehemencia.

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Yuri -el hombre de las guitarras- junto a Meric Long y Joe Haener (de The Dodos)

Luego de acabar la conversación -y de que Yuri cerrara el trato de confeccionar un par de guitarras- nos sumergimos en el ambiente festivo que se tejía alrededor de los diversos podiums construidos para la ocasión. Se confundían en el paisaje -un campo abandonado alrededor de una sala de espectáculos- las chicas lindas, los chicos chulos, viejos rockeros y padres con sus niños. Casi todos cerveza en mano y ansiosos por el inicio.

La tarde tuvo buenos momentos. El “indiepop a lo Franz Ferdinand” de Pete and The Pirates (Myspace) hacían saltar al público con una base rítmica potente que pintaba de punk-funk el recinto. Son una de las últimas propuestas de revistas como el NME, interesadas por sobre todo en crear tendencias. Algo similar sucedió con Mystery Jets (Myspace), banda con una marcada línea melódica, menos potente que Pete and the Pirates, pero con la misma capacidad para hacer saltar. Cuando llegó “Two Doors Down” no había nadie indiferente. Escuchando el “Twenty One”, primer disco de la banda, me atrevo a decir que la banda es más disfrutable en directo porque la adrenalina da vida a un álbum que, por momentos, carece de la misma. Pero no serían los únicos en transmitir ese “rock bailable”. Hit me TV es una banda holandesa que persigue el mismo camino, aunque con una estructura más pop que las anteriores. Los riffs estridentes se mezclaban con la base pop mientras la voz perseguía el drama, aunque a veces sonara a imitación de Win Butler, vocalista de Arcade Fire.

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Pete and The Pirates

En otro podium me tocó apreciar el show de Adam Green (Myspace). El cantautor norteamericano derrochaba carisma sobre el escenario, moviéndose entre el indie, el folk y el indie rock sin mediar respiro. La adrenalina se esparcía entre baladas como “Jessica”(sobre Jessica Simpson) y el rock sesentero, con ligeros arreglos pop (como en “Emily”). Estuvo rodeado de un combo que permitía adecuar su registro vocal -lo comparan con Leonard Cohen- a las diversas aristas de su música, a veces con deuda al soul; otras al folk más sofisticado. No decepciona, aunque, la verdad, el histrionismo me termina aburriendo. Cuestión de gustos, dicen.

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Adam Green, por Leah Pritchard

Terminado el show de Green fui corriendo a otro escenario para ver a Kate Nash (Myspace). No es que me encante su música, pero me hace gracia ese híbrido entre chica guapa que viste ropa ideal para mujeres obesas, proyecta una actitud un tanto bobalicona (todo, con acento marcadamente londinense) y autora de letras directas que descubren de manera frecuente un ponzoñoso sentido del humor. Sin embargo, el gran auditorio no le favorecía. Las melodías se perdían. Muchos comentaban que quizás hubiera sido mejor un escenario más pequeño con mejor acústica

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Kate Nash, por Maarteen Van Maanen

The Dodos

A mitad de la tarde se presentaba The Dodos, de quienes se conoce el muy buen directo. El concierto empezó con retraso ante la expectativa de fans y curiosos. De pronto empezaron a desgranar el “Visiter”, tercer disco de los norteamericanos, que acapara elogios de la crítica especializada. Empezaron con “Fools” y cerraron con”Jodi”. La base acústica es acompañada por la pericia de Logan Kroeber a la batería. A esto se suma la percusión brutal de Joe Haener que remarca la desnudez emotiva de las canciones de Meric Long. Su música es compleja y al mismo tiempo simple. Se atreven con el blues, el folk y la psicodelia, y son capaces de deconstruir una canción para luego volverla a rehacer. En pocas palabras, la simplicidad de las emociones entregadas por el blues y el folk son complejizadas por la alteración de sus estructuras, aunque al mismo tiempo son capaces de entregarlo en un formato pop, digerible.

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The Dodos

Pero si el disco sorprende, el directo de The Dodos encanta. Su virtud no muere en la teoría, sino que se extiende hasta el escenario. Se percibe la pasión en los acordes, en la percusión, y es que además de tener las ideas claras, son buenos músicos. E incluso los problemas técnicos evidentes (así es, ocurre también en el primer mundo), estos pasaron a un quinto plano ante la evidente fascinación que suscitaba The Dodos.

There is a light that never goes out

Luego del acontecimiento (The Dodos van a ser grandes) me dirigí a otra zona para ver a The Cribs. En realidad no me importaba verlos a ellos, sino al maestro Marr (ya lo había visto en un concierto con Modest Mouse) intentando mimetizarse con un sonido de Garage. Estuve muy cerca del escenario, y me encontré rodeado rápidamente por chiquillos de menos de 20 que saltaron y poguearon todo el concierto. Empezó y terminó siendo una fiesta. Demasiada vehemencia en el repertorio, y Marr no pasaba desapercibido, ya que con su guitarra sustentaba melódicamente la explosión adolescente de los hermanos Jarman. No había tregua, y los riffs pintaban cada canción. Quizás era necesario un respiro entre las canciones pero, sin piedad, se sucedían sin pausa alguna. Mr Marr era un show aparte y dejaba en claro que es uno de los mejores guitarristas de la historia del rock y, quizás, el más influyente de la escena alternativa desde su aparición con The Smiths.

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The Cribs y Johnny Marr

El público enloqueció con “Hey Scenesters”y “Men’s Needs”, pero, la verdad, yo ya no distiguía entre las canciones. El sónido al máximo, pasión y sudor arriba del escenario, brincos y pogos debajo del mismo. El punk en estado puro aunque el nihilismo haya olvidado su virtud contestataría de los setentas, y más que nada sea -hoy en día- una etiqueta para el consumo. Hay que reconocer que The Cribs saben como moverse en la industria musical, ya que han trabajado con gente importante dentro de la escena alternativa: Edwin Collins (Orange Juice), Jon Slade (Huggy Bear), Bernand Buttler (Suede), Joe Plummer (Modest Mouse), Lee Ranaldo (Sonic Youth), Alex Kapranos (Franz Ferdinand) y ahora Johnny Marr.

Algunos asistentes comentaban que detrás del escenario se encontraba Pete Doherty esperando su turno. Era una de las principales atracciones del festival (había mucha gente con aquel sombrerito durante todo el día) y había mucha expectativa ya que la vida del ex-The Libertines es la miel de la prensa amarillista europea, que ha creado un mito de alguien que todavía tiene que dar lo mejor de sí. No sabía si irme o quedarme (ese es el problema de los festivales, hay que saber elegir para no arrepentirse luego).

Al término del concierto de The Cribs me encontré con Yuri en aparente estado etílico. “¿Dónde has estado?”, me preguntó. Le respondí que viendo los conciertos. Me narró su entrevista con The Cribs y que Johnny Marr se encontraba allí: “Un viejo y simpático hippie”, me dijo. Le dije que fueramos al backstage, que Peter Doherty podía esperar para la próxima. Y así fue.

Heaven Knows I’m Miserable Now

Se hacía de noche y el alcohol trepaba como las estrellas en el firmamento. Buscábamos a la gente de The Cribs, pero no los encontramos. Vimos a The Dodos, que regresaban de presenciar algunos shows, y nos tomamos unas cervezas con ellos. Se notaban menos tensos que en nuestro primer encuentro. Joe Haener me comentaba que la única relación que tenía con Perú era un amigo que estudió con él en la universidad y que se dedicaba en la actualidad a inventar nuevas variedades de papa. Meric Long me preguntó si trabajaba con Yuri, y le confesé que era sólo un amigo que le acompañaba. “Que buen amigo ese Yuri, con él puedes estar en el festival y ver a las bandas muy de cerca”, me comentó, mientras aparecía una sonrisa cómplice en su rostro. Le devolví la pregunta con un “¿para cuando el próximo álbum?”. Me dijo que no lo sabía aún, ya que estaban terminando las canciones. Joe Haener agregó que “sería diferente pero al mismo tiempo lo mismo”. No ahondé en más detalles porque no quise ser pesado, ni tampoco quería arruinar el misterio. Dejé a Yuri y a los Dodos y fui en búsqueda de Johnny Marr, que no estaría muy lejos, en el lugar reservado para The Cribs. La foto era el anhelo.

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Me crucé con uno de los hermanos Jarman y me saludó con ojos perdidos. Le devolví el saludo también con ojos perdidos. Yuri se encontró con otro de los hermanos y se fueron a seguir hablando de negocios mientras me lo presentaba. Entramos a la habitación y empezaron con su charla sobre las guitarras, y yo, la verdad, no tenía ganas de escuchar otra vez esas cuestiones técnicas. Salí a la puerta para ver si veía a uno de los autores del diario sobre mi vida. No lo encontraba, pero sí a  otras bandas que en su mayoría estaban rodeadas de gente ajena a la sobriedad.

Volví con Yuri para escuchar su tertulia aunque yo pensaba más en el concierto de Mogwai y la mala suerte de no poder ver a Johnny Marr. De pronto la puerta, que se encontraba a mis espaldas, se abrió y era el maestro. Se percató que había una charla y se dio media vuelta, aunque alcancé a decir “Johnny, Johnny”, me saludo con la mano en alto. Cerró la puerta. Dudé un par de segundos si debía buscarlo para una foto. Decidí que sí, sin embargo, grande fue mi sorpresa al no encontrarlo por ningún lado. Lo busqué por todos lados pero había desaparecido. Le dije a Yuri que iría al concierto de Mogwai (Myspace). Por un momento pensé que podía ver a Mr Marr ahí, aunque en el fondo estaba demasiado seguro que eso no ocurriría.

The Shining: Mogwai

Llegué con algo de retraso al concierto por la confesión narrada anteriormente. Pero desde lejos ya podía escuchar los estruendos de unas de las bandas más importantes del post-rock. La densidad de su música hechizaba la percepción. El juego de guitarras se hilvanaban y formaban la catarata, la explosión era previa a la calma y viceversa. Los de Glasgow no necesitaban a un showman al frente, sólo su música. A pesar de la estridencia, el público no explotaba. La explosión penetraba en la mente y allí causaba estragos. Fue un momento mágico. En soledad y con el expresionismo de Mogwai.

This is the end, Beautiful friend

Eran alrededor de las 11:30, el festival cerró el devenir de bandas con Mogwai. Ahora sólo quedaban DJ’s que prolongaban la noche a ritmo de baile. Sin embargo, tenía que buscar a mi compañero de aventuras. Los borrachos se dispersaban por todos los margenes del recinto entre olor a marihuana y la calidez de la noche; entre besos apasionados y manos extraviadas en las diversas anatomías que deseaban jugar al final de la noche.

Sin embargo, Yuri no se encontraba en ningún rincón: ni en el backstage, ni en el rave, ni mucho menos entre la poca gente sobria que quedaba. No podía seguir buscando porque podía perder el último tren del día. No tenía muchas ganas de enrumbarme a casa en el tren de las 6 AM. Supuse que Yuri también había pensando al respecto.  No lo dudé, y me fui caminando entre el sampleo de “Beat It” de Michael Jackson y la euforia que ocasionaba. Saliendo del festival me enteré que en el concierto de Babyshambles se versionó el “Twist and Shout”de The Beatles y que Adam Green con Soko se unieron a los coros (ver video).

Luego de algunas anécdotas intrascendentes en las estaciones de tren llegué a casa con las imágenes aún en mente, y sobre todo, con el remordimiento de no haberme encontrado con Johnny Marr.

A la mañana siguiente me enteré que Yuri se quedó dormido en el último tren de la noche terminando en otro pueblo. Inició el nuevo día en una discoteca bailando a ritmo de Maddona, a la espera del tren de las 6 AM.

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Yuri y Joe Haener (The Dodos)

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César junto al mismo Haener y un par de chiquillas

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3 COMENTARIOS
1

el medio final de vacaciones
yo igual hubiera estado buscando a johnny marr jejej.

vale:

15 septiembre 2008 @ 8:30 am

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2

Definitivamente me perdí en el tiempo, el indi de Franz Ferdinand es lo último que llegó a mis oidos. Sin embargo, siempre estoy presto a escuchar buenas bandas. Vale la referencia de algunas.

Mauricio:

22 septiembre 2008 @ 9:57 am

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3

naaahhhhhhhhhhhhhhhhhh que envidia loco
xD

n.:

24 septiembre 2008 @ 9:44 am

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