No es lo mismo un Tompkins que un Batista

Publicado por Francisco Campos

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Desde mediados de la década de los noventas,  el empresario y ecologista  estadounidense Dougals Tompkins comenzó a comprar progresivamente terrenos en el sur de Chile, sin otro motivo aparente que la conservación y protección de la flora y fauna existente en dicha zona.  A medida que Tompkins iba adquiriendo más y más terrenos, dentro del mundo político y empresarial  iban surgiendo de a poco voces que se alzaban en contra del empresario, entre otras cosas por el bajo precio al que había adquirido los terrenos, porque era peligroso  que un extranjero tuviese tal cantidad de terrenos,  que el país quedaba dividido y no era posible conectar la Región de Los Lagos con Aysén por tierra, entre otras cosas.

Incluso hubo quienes, en un delirio afiebrado, dijieron que Tompkins –  practicante del judaísmo – era parte de una conspiración sionista internacional conocida como el Plan Andinia, el cual buscaba fundar un nuevo estado judío en el sur de nuestro país.

Más allá de todo eso, lo cierto es que Tompkins hizo caso omiso a las críticas y se mantuvo firme en su posición de que los terrenos que adquirió no tendrían otro fin que ser conservados como reserva de la biósfera.  Para dicho propósito, el empresario estadounidense creó The Coservation Land Trust, una organización sin fines de lucro para administrar los parques Pumalín y Corcovado,  ambos creados en los terrenos de Tompkins.  En el año 2005, mediante un acuerdo entre el ex presidente Ricardo Lagos y el empresario, el Parque Corcovado es traspasado al fisco, pasando a ser propiedad del Estado de Chile.

Por supuesto que, quienes más atacaron a Tompkins provenían de la derecha empresarial, los cuales hicieron gala de un doble estándar habitual pues, mientras criticaban al empresario estadounidense por la cantidad y el precio pagado por los terrenos, enarbolando la bandera de la seguridad nacional,  la familia Walker compraba con gente y todo quince mil hectáreas en la localidad de Puerto Sánchez en la Región de Aysén, pagando cerca de dos mil pesos por hectárea. Igualmente, cuando todos se escandalizaban por la negativa de Tompkins a construir un camino a través de sus terrenos,   Sebastián Piñera compró cerca de un 30%  de la Isla Grande de Chiloé  y los Luksic y los Angelini adquirían terrenos superiores a las quince mil hectáreas en la Carretera Austral a precios muy inferiores al verdadero.

Evidentemente  los dueños del fundo del Valle Central dirán para excusar a los suyos que  » ellos son chilenos. Tompkins es extranjero y eso es peligroso». Para mi, es una excusa de mierda, por que claro, da lo mismo que alguien sea dueño de medio Chile, mientras sea chileno todo OK .

Sin embargo, mientras los ojos de la opinión pública estaban puestos en el sur de nuestro país a mediados de la década pasada, el  controvertidoempresario  brasileño Eike Batista  – uno de los hombres más ricos del mundo según Forbes – anunciaba la posibilidad de construir dos centrales termoeléctricas en la Hacienda Castilla, ubicada entre Caldera y Copiapó y que tiene una extensión superior a 250 mil hectáreas.

Los terrenos fueron adquiridos  por Batista en la misma época en la que Tompkins compró los suyos en la Provincia de Palena. La diferencia es que Eike Batista ha pasado piolita y al parecer, quienes criticaron a Tompkins hicieron la vista gorda con Batista y por el precio de los terrenos, los cuales costaron apenas un millón de dólares cuando fueron adquiridos en 1991.

Batista adquirió esos terrenos en primera instancia para su explotación minera , específicamente del fierro, pero con el correr de los años,  el empresario brasileño decidió que, ante «la crisis energética» que vive nuestro país, podía ser una buena idea la instalación de dos centrales termoeléctricas que contribuyesen con 2100 megawatts de potencia al Sistema Interconectado Central y que,  en teoría se complementaría a la perfección con las centrales que serían construidas por Hidroaysén en la Patagonia Chilena.  Sin embargo, las centrales de Batista no habrían pasado el estudio de impacto ambiental, puesto que funcionarían a carbón, cuestión sumamente perjudicial para el medio ambiente porque se trataría del proyecto a carbón más grande de Chile, justo cuando nuestro país busca disminuir el consumo de combustibles fósiles.

Como si esto fuera poco, Batista adquirió de forma poco clara los derechos de agua en una región en donde precisamente el agua es un bien escaso, lo cual lo faculta para darles el uso que el quiera, cuestión que igualmente pasó desapercibida y a la que nadie se opuso. O sea, nadie a la que le den la cobertura para que, quienes no vivimos en la zona, podamos enterarnos, cuestión que facilita la posibilidad de que nos pasen un golazo a los chilenos sin que si quiera nos demos cuenta, tal como lo han hecho con Xtrata.

Más allá de sus negocios en Brasil y del anuncio de la construcción de las termoeléctricas, poco se sabe del actuar de Batista en Chile y se ha movido en una especie de nebulosa a través del abogado chileno  vinculado al rubro minero Antonio  Ortúzar Vicuña, quien ha sido bastante discreto pues, salvo organizaciones ambientalistas, nadie tiene muy claro cuales son los planes de Eike Batista ni cuales serán las trabas que pondrá la autoridad, las cuales hasta el momento no han sido muchas.  Del mismo modo, resulta extraño que no haya demasiada información respecto a los planes de Batista, aun cuando el empresario ya tiene antecedentes por reateradas violaciones a normativas ambientales en negocios emprendidos por sus empresas en Brasil y Bolivia, países en los que se enfrentó ni más ni menos que con Lula da Silva y Evo Morales.

Ahora bien, sin intención de defender a Tompkins – por que me parece un despropósito que haya tanta tierra concentrada en pocas manos -, me tranquiliza un poco su actitud conservacionista y me provoca extrañeza todos los ataques de los que ha sido víctima, ya sean infundados o no, mientras que Batista ha tenido la venia de las clase política y le ha dejado actuar a sus anchas, aun cuando sus proyectos parecen ser sumamente perjudiciales. Entonces como es la cosa? Yo creo que Tompkins es la excusa y que, sin ser santo de mi devoción, se ha convertido en el chivo expiatorio de esta verdadera «conspiración» entre políticos y empresarios que buscan hacer mierda nuestro país  para conseguir un poco más de plata a corto plazo.

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