Sal, un tiro al aire

Publicado por Ignacio Molina

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Por I. Molina

El problema con esta película es que se toma a si misma demasiado en serio. Como si el hecho de ser un western fuera una especie de bono a priori. O, más bien, de chaleco anti balas ante cualquier fisura tanto en el guión como en la puesta en escena. Lenta como una tarde en el desierto, insoportable como la picadura de una alacrán, posee un ritmo torpe y complicado. Con variados forados en su factura, el entramado se conecta a tropezones, desarrollando una desechable historia que desde su origen apunta a ser un tiro al aire.

O siendo más certero: una gran estafa.

Lo que acá tenemos son personajes que no alcanzan si quiera a ser una caricatura, entran y salen de escena como si en vez de cine Sal fuera una sitcom imposible. Malos chistes. Malos guiños. Forzadísimas escenas de suspenso y sexo. Todo de forma aturdida, atarantada.

Ni la actuación de Luis Dubó sostiene este desaguisado. Su papel—un matón del malo de la historia, Patricio Contreras—es un tipo que habita contiguo al desierto de Atacama pero que cuenta con un acento sureño a más no poder. De hecho el personaje en cuestión—Pascual—a ratos habla como Óscar Garcés en Pelotón. Precisamente con ese acento de choro sureño que quedó inmortalizado en el youtubazo de la pelea con Miguelo. Esta, como otras situaciones similares, tiran por la borda cualquier coherencia e, incluso, cariño por la aventura a contar.

Si algunos elementos—por tener una pistola apuntándome en medio de los ojos—tendría que salvar, podrían ser contados chispazos del director de fotografía, David Bravo. Un tipo que, quizá, vio agobiado su talento tras un terco, testarudo y obstinado director y productor—el argentino Diego Rougier, director de series como ‘Matrimonio con hijos‘—que forzó hasta lo insostenible una idea que en papel manaba como seductora, realizar un western en el desierto de Atacama, claro está, pero que en su praxis, en su hechura, se manifestó con torpeza, denotando un acabado atropellado tanto en dirección de actores como en estructura de guión.

Otro a salvar en esta malogrado filme es Sergio Hernández. Su rol como Viejo Vizcacha, una suerte de maestro anti-zen del poco empático protagonista—Fele Martinez despachándose uno de los peores papeles de su vida; a ratos con cara de preguntarse: ¿en qué me meti?—le da algo de agua fresca a esta yerma película. Tal vez jugársela por situar la aventura completamente sobre sus hombros hubiese sido una buena vía para desplegar el relato.

Citando al viejo Clint Eastwood: “El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan”. Lamentablemente esta película lo único que hace es cavar su propia tumba.

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Comentarios publicados en "Sal, un tiro al aire"

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  • 1
    sergio

    demasiado mala leche para una prosa tan punzante y talentosa. preocupate mas de aporta que destruir, con esto solo haces mal y desperidicas tiempo

  • 2

    Me pasa que veo el trailer y encuentro la raja la idea de un western en Chile. Me cuesta creer que es tan mala como dices. Tendré que verla y te aviso.

  • 3
    nacho

    Vela vela vela. Luego, feliz, dialogamos todo lo que quieras.

  • 4
    Alvaro

    Una máxima del cine es «No hay trailer malo». Por eso se ve interesante esta pelicula.

    La excepción a la regla es el trailer de la película de cazafantasmas de Fernando Larraín. Ahí hasta el trailer es pésimo.