Review: The Used en llamas

Publicado por Luc Gajardo

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Por Luc Gajardo / Fotos por Oscar Soto Bravo

Hace 5 años The Used vino a Chile por primera vez. Me tocó entrevistarlos y por poco no lo logro porque la noche antes caí en cana por agarrarme a combos en la calle. Hay un par de incorrecciones en esa última oración. La primera es que yo hinché las huevas a más no poder a mi editor (de la fallecida Zona.cl) para hacer la nota. No era una banda que le interesara demasiado. Por ende no fue como que ‘me tocó’. Lo segundo, es que si ‘agarrarse a combos’ es estar pescado del cuello recibiendo cornetes al borde de la inconsciencia, entonces bien podría intentar hacer carrera en la UFC, pero tengo la idea de que fue más bien una merecida y a la antigua sacada de chucha, más que una pelea. Y que la llegada de los pacos más que una desgracia fue mi salvación, o sea que caer en cana un rato fue lo mejor que me pudo pasar.

Al día siguiente llegué a la entrevista. Hecho mierda. Encañado. Drogado en calmantes y anti-inflamatorios. Los ojos como mapache y la nariz hinchada y un dedo inmovilizado. Me acuerdo que los estaba esperando afuera del hotel y cuando llegaron y se bajaron de la van salió una nube de marihuana como cuando se baja de la van la pandilla de Scooby Doo así que la entrevista fue casi puro jugo. Me acuerdo que hueveamos con ir a pegarle al hueón que me fleteó y reversionamos el clásico de Jay-Z ’99 problems’. Rapeando con The Used.

Creo que el único momento serio de la conversación fue cuando Bert me dijo que le parecían una mierda las bandas que estaban de moda en el minuto, en ese momento se hablaba de indie, y que para él la única música que importaba era la que a uno le hacía sentir una especie de fuego por dentro en la guata. O eso fue lo que entendí en el minuto y es lo mismo que siento mientras bajo como un loco las escaleras del club Chocolate para irme a meter a la tan clásica piscina de transpiración.

Porque las primeras tres canciones las vi desde una especie de balcón arriba. Adultamente. Han pasado 5 años, pensé. Lo voy a ver desde acá arriba, tranquilito, pensé. Pero el fuego. El fuego fue el mismo que hace 5 años. O sea que o Bert tiene toda la razón o yo no he madurado un pico.

Un rato atrás, había abierto la banda viñamarina Ribo y el fuego se mezclaba con el orgullo y los nervios de ver a un amigo tocando en el mismo escenario de uno de nuestros grupos favoritos en común. Un estado de semi shock del que sólo pude despabilar convertido en una llama más del pequeño pero hirviendo en hormonas incendio emo-mamita-core que se vivió en el Chocolate. Donde importaba poco y nada que esta vez fuéramos muchos menos que el 2007. Donde el hecho de que a Bert ya no le quede nada de voz no se le critica sino que se respeta y se le ayuda gritando con él cada una de las canciones con las cuales el hueón se terminó por reventar la garganta para nosotros. Quizá por eso de tanto en tanto nos escupe su saliva que es inflamable. Para echarle bencina al incendio. Para hacer todo un poco más pervertido y caliente.

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