Pateando cráneos

Publicado por Ignacio Molina

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Dentro del cine de acción es posible hablar de Jason Statham como un subgénero por sí mismo. Es cosa de situar a Statham —siempre vestido de etiqueta,  solitario, un poco depresivo— en golpizas coreográficas, balaceras inclementes y persecuciones imposibles. El Código del Miedo (Safe, 2012) es la última película del inglés apadrinado por Guy Ritchie. Se estrena hoy jueves 13 de diciembre en nuestro país.

Por I. Molina

Que agradable fue ir a la función de prensa de esta película de Jason Statham. Me compré una Fanta y un trozo de Benny Bronx en el Rocco’s de La Reina, me acomodé —con el relajo que solo un cesante puede tener— sobre el asiento de la sala VIP y luego, por 90 minutos, me dejé seducir por Statham matando chinos y rusos como si se tratara de un genocidio, mientras conducía, desaforadamente, como si estuviera en Baja 1000.

En resumidas cuentas: El Código del Miedo es una película diseñada para los seguidores del cine de acción y que en ningún caso busca pasarse de lista o complacer a los lectores de Cahiers du Cinéma o Cinépata. Acá no hay nada más que Jason Statham haciendo lo que mejor sabe: hacer de Jason Statham. El guión es simple: Luke Wright (Statham) es un ex luchador que pierde a su mujer luego de tener un aprieto con la mafia rusa. Deprimido y a punto de quitarse la vida, conoce a Mei (Catherine Chan), una niña china con una mente prodigiosa para las matemáticas y que es perseguida por los criminales más despiadados de NY debido a que en su memoria guarda un número imposible: un código secreto que da acceso a…

Boaz Yakin, el director, va narrando mediante un montaje acelerado—que nunca parece tomarse descanso—la relación que se gesta entre Luke, Mei, las mafias y la policía de NY. Esta última corrompida, por supuesto, dificultando aún más la misión del protagonista de El Transportador: salvar la vida a la niña tal cual como ella salvó—simbólicamente—la suya. Como si se tratara de una versión libre de Punisher, el protagonista, salvaje y despiadado, no lo piensa dos veces si tiene que asesinar a quién se interpone en su camino. Una suerte de guiño que Yakin instala en el filme. Resulta que el mismo dirigió, en 1989, la primera versión de El Castigador de Marvel Comics. Existiendo más de una semejanza entre Luke Wright y Frank Castle.

Sin ofrecer mucho, el personaje construido por Statham sostiene la película mediante ese carisma—y en medio de la pirotecnia—que el británico tan bien sabe desarrollar, siendo posible que El Código del Miedo funcione en público variado que va al cine a pasar un buen rato y no a buscar respuestas fundamentales o estados zen. Así las cosas, tal vez estemos ante el nacimiento de una nueva saga en la senda de Crank o El Transportador.

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