Las ventajas de las desventajas

Publicado por Ignacio Molina

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Sin ningún tipo de trampas, clichés o manipulaciones emocionales—las que podrían asomar de forma fácil, debido al corte de los personajes—Amigos (The Intouchables) se desarrolla con méritos un tanto ajenos a películas de drama/comedia: únicamente es el empalme de dos caracteres de mundos a simple vista disimiles lo que sostiene el filme.

Precisamente: la imagen central de esta película apunta al vértice de amistad entre un minusválido físico y un minusválido social. Dos tipos que han sido alienados de formas distintas: por un lado Philippe, un tetrapléjico aristócrata; y por otro Driss, un inmigrante senegalés que viene saliendo de cana. Acá lo que surge es una conexión, un lazo, un ensamble, una amistad—improbable e intocable—entre la impronta del linaje y la viveza de la calle. Vivaldi y Earth, Wind & Fire.

La complicidad en el reírse de su misma alienación, de no hacerse mayores problemas por la tragedia que cargan, de seguir adelante sin darle mucha importancia a los coletazos o chispazos de desventuras anteriores, es lo que en Amigos se desliza para que la vida no pase por encima con la dureza que quizás amerita.

La trama es simple y se cuenta en dos o tres líneas: Philippe (François Cluzet) se ha quedado tetrapléjico tras un accidente en parapente, por lo que realiza una suerte de casting para encontrar a un asistente y cuidador. Aburrido de la condescendía de los postulantes, escoge a Driss (Omar Sy) quién asistió al llamado sólo para obtener un rechazo que le permitía un subsidio para desempleado.

Escenas a veces planteadas desde la tontera, desde el absurdo—y que, por cierto, con poco dicen bastante—como la de la persecución en el Maserati Quattroporte, las masajeadoras de orejas, o las quemadas de marihuana a las 4:20 am, paseando por París, entre el aristócrata y el improvisado ayudante, funcionan para dejar en claro que las amistades más solidas, las relaciones más perdurables, se forjan en base a la complicidad de las cosas más simples.

Aunque, claro, conducir rajado un Quattroporte tampoco es algo tan simple y cotidiano.

Pero el punto se entiende.

Y justamente ese es el mérito de los franceses Olivier Nakache y Éric Toledano, directores del filme: el poder haber llevado a la gran pantalla—de esta y no de otra forma—una historia inspirada en la vida de Philippe Pozzo di Borgo, autor del libro Le Second souffle.

De esta y no de otra forma, ya  que de haber sido abordada de otro ángulo, de otra tangencia, Amigos hubiese resultado en un letargo insostenible: acá sobre las memoria de las escenas que se ciernen, nunca se impone lo trágico. El filme funciona sin apelar a la lágrima fácil. Y se agradecen propuestas como esta, que te acercan a historias de las que por su carga tal vez solo quieres alejarte. Quizás de la misma forma que quieres alejarte de tus propios dramas, de tus propias taras.

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*Amigos se estrena hoy jueves 27 de diciembre

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