A Lou Reed (1942 – 2013)

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Por Cha Giadach

Hombre no hombre de los Estados Unidos. El sueño americano de plástico recién hecho en una China comunista abierta al capitalismo. Rock and Roll con papas fritas y mucho kétchup. Modelos con anorexia y padres quemando discos de los Beatles mientras que otros le cantaban a la heroína, al sexo sin censuras, cantándole a esos mismos padres ineptos. Un producto hecho a la medida, donde los hippies no tenían cabida pero que al fin y al cabo terminaron aceptando. Porque estaba Lou Reed, ahí metido, diciendo que estaba vivo en una fabrica de maniquíes, de arte, de artificio, de gatas y gatos en celo. En un Nueva York en el cual si salías a la esquina te apuñalaban, te robaban todo, te dejaban desnudo y tenias que irte corriendo a la casa porque la policía no te iba a ayudar.

Lewis Allan Reed. Artista completo de tomo y lomo. Poeta, drogadicto, amante, puto, neoyorquino, persona, ser humano. Porque sus mecenas quisieron que fuera así. Importante, porque todos quisimos que fuera de esa manera. Desde Velvet Underground hasta el amor-odio de “Berlin”, desde una tocata rancia en Max’s Kansas City hasta la recontra mutación obvia del “Transformer”. Colaboraciones musicales, escritas, de galerías donde llegaban críticos de arte a pararse en frente de un trabajo preguntándose ¿Qué es Lou Reed?. Redactores de las armonías, es decir los músicos frustrados, repasando discos toda una vida tratando de descifrar ¿Qué hizo Lou Reed?. Un Andy Warhol eternamente enamorado de iconos que él mismo creo, que ayudó a moldear, obsesionado con su personalidad, preguntándose ¿Cómo amo a Lou Reed?. El flaco de ojeras eternas eliminó toda clase de preguntas, porque en realidad no se necesitaban respuestas.

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Transformó al rock. Lo sacó del paradigma de rebelde que no se duchaba y lo instaló en el paradigma del rebelde que sí se duchaba. Nos devolvió lo simple, los pocos acordes, acompañó y amó a la voz de Nico. Tal vez le dio el paso a la escena punk de Nueva York, esa misma que en CBGB’s nos regalo a los Ramones, a Blondie, a los Talking Heads, a Television. Trajo de vuelta el blanco y el negro como estilo de vida y no como una cosa del pasado. Un concepto filosófico de lo bueno y lo malo que nos mando a volar y nos sigue teniendo en las nubes. Para darse cuenta que lo bello no solamente está en un cuadro de un paisaje, también está en un basurero lleno de jeringas y pañales. En las trabajadoras de la noche, en el borracho instalado en la vereda gritándole al cielo, en las niñas de colegio de barrio alto descubriendo que tienen vagina, en una hamburguesa después de tomar litros y litros de alcohol.

Ahora solo nos queda Lou en la eterna memoria porque, afortunadamente, la gente se va pero la música queda. Cada vez que caminemos por la calle de noche, solos, sin rumbo ahí estará Reed. Cada vez que ese amor no correspondido te lleve a hacer cosas relativamente estúpidas estará presente, diciéndote que te calmes, que todo estará bien, pero si quieres destrúyete pero no te mates. Para celebrar que al fin le robaste un beso a esa persona a la que le tienes tantas ganas, y te saliste con las tuyas y te llevaste a esa misma persona a la cama. Cada vez que bailes un lento, cada vez que le escribas a alguien sin importar las consecuencias, cada vez que te subas a un taxi sin dinero esperando que el chofer sea un buen samaritano. Porque sí, idiota, ahora puedes usar lentes oscuros a toda hora, en todo lugar, ahora tenemos el permiso eterno desde donde quiera que esté instalado Lou. Va a estar cuando amanezcas rodeado de amigos, terminando la fiesta y empezando otra nueva, porque se viene otro día, y ojalá que esto pase un domingo por la mañana. En cada persona inadaptada en el mundo de ese entonces, en el de después, en el de ahora, ahí estará el chico de Brooklyn, el que creció en Long Island, a la sombra de la gran manzana. Estará ahí, escribiendo sin querer, la historia de tu patética vida y la hará un poco más aguantable, más entretenida, una banda sonora gratis, sin la intención alguna de impresionar, encargada de hacer vivir momentos inolvidables.

Con todo eso dicho, vámonos al sol.

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