Disco Eterno: “Grace” (1994)

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grace Por Rossana Montalbán.

En medio de una década remecida por el rock alternativo, los sonidos de Seattle y cuanta nueva etiqueta o banda se apoderara del panorama musical, resurge silenciosamente la vieja unión rock/poesía, y con ella la figura de solistas con sello personal. Los noventas venían manifestando este apetito por retomar los grandes referentes que conjugaban la poesía y la música como Dylan, Cohen, Waits, etc. Cobain o Lanegan ya lo esbozaban desde sus bandas. PJ Harvey en Inglaterra, más emparentada con la crudeza y desalilño de este lado del atlántico, tomaba la herencia de Patti Smith, y Henry Rollins mezclaba monólogos ácidos en Rollins Band. Así, en un tiempo donde aún no había nada articulado, el camino nos lleva al rastro de nuestro hombre, Jeff Buckley y su único gran disco oficial “Grace” de 1994.

La hoja de vida de Buckley viene marcada por el lazo roto entre él y su padre, el cantautor Tim Buckley y, desde luego, por la inevitable herencia musical y emocional que le deja.  Probablemente esta historia personal define, en parte, la esencia del músico, su personal estilo y su aturdidor talento. De alguna forma esta historia le entrega al prodigio Jeff el sentido de muchas cosas que profesa su música; el sentido de la tragedia personal y el tormento de quien convive con algún tipo de conflicto interno desatado por algún suceso especifico. Este es el motor de su creación. En la misma línea, el blues es su gran influencia, palpitando en todo su trabajo. Jeff Buckley es un músico que lo practica con todas sus letras al momento de cantar y tocar la guitarra, pues comprende cada uno de sus códigos, y posee su esencia sentimental, visceral, cruda, siempre emanando una melancolía aguda que va mas allá de lo obvio. Huele a música del alma.

Cuántos solistas y bandas intentaron leer a Buckley, recreando someramente melancolía prefabricada, desesperada por crear intimidad. No puedo evitar las recurrentes menciones a Radiohead – relación a la cual siempre me opondré – y a quienes entiendo quieran parecerse a Jeff en algo, pero por favor- llámenme prejuiciosa si quieren – simplemente Oxford y la academia están tan abismantemente lejos de esto.

En Grace lo de Buckley es implícitamente ambicioso y perfeccionista. Toma referentes estilísticos clásicos para reconfigurarlos a su medida, casi siempre desde lo eléctrico. Mostrando credenciales, su voz tenor lo lleva a elegir tres diversas canciones ajenas para interpretar, porque Buckley es muchas veces un cantor cuya voz y Telecaster son capaces de hacer a Cohen o a Holiday; hombre o mujer, jazz o rock; blues o folk; amor, soledad; lo sagrado, lo pagano; la vida y la muerte; así es el imaginario y el repertorio del que canta, solo determinado por el acto en sí. Su lenguaje es poético, su estilo personal, canta y escribe con las penas del diablo; exorciza y crea belleza. Grace es su máxima.

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MOJO PIN: La primera afirmación de todo lo que esbozamos al inicio; acordes emergiendo desde el silencio, la voz de Buckley evocando recuerdos y sensaciones: reconstruyendo una escena, una cama, un tacto. Su canto comienza a entrar en la ensoñación propia del delirio de quien necesita a alguien que solo es someramente sustituido por ese “Mojo pin” al que hace referencia: if only you’d come back to me, if you laid at my side, wouldn’t need no mojo pin, to keep me satisfied”. Y regresamos a la realidad, en un estallido de guitarras y el coro: Don’t wanna weep for you, don’t wanna know, i’m blind and tortured, the white horses flow, the memories fire, the rhythms fall slow, black beauty i love you so”. Su canto siempre en el lamento, un fraseo ligero que se suelta de su boca para ir más alto donde su registro vocal agudo y emotivo sube y baja una y otra vez. Jeff nos está cantando un blues todo el tiempo, entendiendo el blues como el canto del alma y nos está hablando de la esencia de todo esto al decir “born again from the rhythm screaming down from heaven”, una idea que ronda en otras canciones.

GRACE: Remece desde los primeros acordes en toda su belleza, la naturaleza de Buckley por completo; resume todo lo que un cantautor como él profesa, refiriéndose al potente encuentro del amor, semejante a un estado de gracia divino; así lo describen los versos de una de las canciones más poéticas de su autoria: “There’s the moon asking to stay
Long enough for the clouds to fly me away / Well it’s my time coming, i’m not afraid to die”.
Mientras que en el siguiente verso, nuevamente la impronta de quien entiende el hecho de cantar, de portar la voz: “My fading voice sings of love, But she cries to the clicking of time, Of time”.  Potente melodía electroacústica, configurando a su manera el rock y el folk. El medio tiempo siempre balanceándose hasta cierto punto, de ida y de vuelta en medio de los juegos y contraposiciones de cuerdas y arcos, vitales en el sonido traslúcido de la canción, jugando con la intensidad y un coro en segunda línea en el último puente, apoyando a la voz de nuestro Buckley. Es ahí cuando el tiempo del que nos habla se detiene y el sonido de un “tic tac” contando el compás, va y viene,  como cuando nos dice “wait in the fire”, para luego volver a zarpar y terminar arriba en guitarras y voz. Su letra, inseparable de lo que su voz y la sonoridad transmiten, es intensa y redentora como la naturaleza de lo que se está manifestando en la vida de quien canta: “Oh my love, And the rain is falling and i relieve My time has come / It reminds me of the pain I might leave, Leave behind». Una de las canciones más bellas que se haya escrito.

LAST GOODBYE: Probablemente la más groovie del disco, un juego de slide y una línea de bajo súper marcada y pegajosa en su comienzo. Una clásica balada de medio tiempo y delicados arreglos que le dan el dramatismo de la despedida: “Kiss me, please, kiss me / But kiss me out of desire, babe, and not consolation, You know, it makes me so angry ‘cause I know that in time / I’ll only make you cry, this is our last goodbye”.

LILAC WINE: Es en este momento cuando el mismo Jeff nos dio una clave vital para entenderlo, y que evidentemente una vez fallecido, con las publicaciones póstumas queda aún más claro. En esta lista Lilac Wine es la primera apropiación de un tema ajeno que más adelante volveremos a encontrar. Si bien “Hallelujah” de Leonard Cohen es por antonomasia uno de los mejores covers de la historia, uno de los mejores covers a Cohen y uno de los mejores covers que hizo Jeff en vida, ya sabemos que solo es uno de muchos.

Lilac Wine, originalmente cantada por Eartha Mae Kitt y Nina Simone, dos de las bellezas negras que Buckley adoró y tributó cuanto pudo, nos lleva a todo lo que nutre su música y que por sobre todo define su manera de cantar e interpreter: la melancolía propia del blues, siempre desde el desgarro; y la elegancia y armonía del jazz, precisamente en este momento donde su prodigiosa voz se pone al servicio de una pieza jazzística sobre la borrachera interminable de quien pierde a su amor: “i lost myself on a cool damp night, gave myself in that misty Light / was hypnotized by a strange delight under a lilac tree”/  “i made wine from the lilac tree, put my heart in its recipe/ it makes me see what i want to see, and be what i want to be/ when i think more than i want to think, do things i never should do/ i drink much more that i ought to drink, because i brings me back you”, / “Lilac wine, is sweet and heady / like my love, lilac wine, / i feel unsteady, like my love”.  De manifiesto su fascinación por las voces femeninas y su afición por el travestismo vocal, algo que pocos y excepcionales cantantes masculinos pueden hacer de manera tan fluida y brillante.

SO REAL: Vertiginosa y confesional, Buckley parece empeñado en sacar todos los tormentos afuera. Un crudo y suelto riff marcando todo el tema en aparente calma, junto a las divagaciones que la letra describe de manera más bien críptica: Love, let me sleep tonight on you couch, and remember the smell of the fabric, of your simple city dress, oh… that was so real” / we walked around til the moon got full like a plate / the wind blew an invocation and i fell asleep at the gate”. La guitarra va subiendo a medida que se intensifica la confesión hasta explotar en mareos sónicos. Porque lo que se presenta como íntima afirmación es el retrato de las emociones ambivalentes y el vértigo ante el más poderoso de los sentimientos que experimentamos los seres humanos:i love you, but i’m afraid to love you, i love you, but i’m afraid to love you, i’m afraid / oh… that was so real”.

HALLELUJAH: En este recorrido por Grace, una segunda y profunda aproximación a lo que Jeff Buckley es como intérprete, y cómo toma lo que de cierta forma pareciera pertenecerle, porque Buckley inicia un diálogo cuando toma a Cohen, a Simone, a Piaff o a The Smiths. Si Leonard Cohen había ido lejos al tomar este mito católico sobre el Rey David como recitan sus primeras líneasI heard there was a secret chord, That David played and it pleased the lord”, para iniciar toda una metáfora sobre lo trascendental de la vida en cada una de sus expresiones más mínimas, reales y salvajes: Baby I’ve been here before, I’ve seen this room and I’ve walked this floor / I used to live alone before I knew you / I’ve seen your flag on the marble arch / But love is not a victory march / It’s a cold and it’s a broken hallelujah”. Porque Hallelujah es metáfora, incluso ironía, cuando se está haciendo referencia en tono “sagrado” o “místico” a las enseñanzas que la vida con sus diferentes ribetes puede dejar: “Well, maybe there’s a god above / But all I’ve ever learned from love / Was how to shoot somebody who outdrew you / It’s not a cry that you hear at night / It’s not somebody who’s seen the Light / It’s a cold and it’s a broken hallelujah”. Su melodía gospel es desde luego parte de esta hermosa metáfora construida por Cohen al componer esta canción. Ya la poesía nos ha entregado un lenguaje y una imagen sobre ciertas verdades. Y qué hace Buckley con todo esto, sino desnudarlo y embellecerlo, incluso con cierta solemnidad y quizás abrumado cuando nos deja escuchar ese suspiro antes de comenzar a interpretar casi a capela, solo acompañado de la guitarra. Nuevamente su voz, el principal instrumento en todo esto, su color, su tono altísimo y su intensidad estremecen hasta los huesos. 

LOVER YOU SHOULD COME OVER: Enfrentados ya con todo lo que nos conmueve desde lo más profundo, “Lover You Should Come Over” es la poesía que nace de la ausencia, el deseo y el desconsuelo. Órgano y guitarra acústica; con los clásicos códigos del folk rock, describe entre metáforas y palabras sencillas la miseria y la procesión que dejan los amores perdidos, los amores rotos: Looking out the door I see the rain fall upon the funeral mourners / Parading in a wake of sad relations as their shoes fill up with water” / “I’m broken down and hungry for your love / With no way to feed it  / Where are you tonight? Child, you know how much I need it”. Porque en estos términos nos movemos en el universo de un compositor que está exponiendo el alma con su música, reflexiones y dudas que penan, la ambivalencia: And maybe I’m too young, To keep good love from going wrong, But tonight you’re on my mind so (you’ll never know)” / “Too young to hold on and too old to just break free and run”. Jeff Buckley nos lleva en sus letras al sentido trágico de las cosas: So I’ll wait for you… And I’ll burn, Will I ever see your sweet return, oh, or will I ever learn”: Acompañado de un sutil coro de apoyo, lleno de aires soul y gospel en los términos de Buckley: “Caus It’s never over, my kingdom for a kiss upon her shoulder  /  It’s never over, all my riches for her smiles when I sleep so soft against her… / It’s never over, all my blood for the sweetness of her laughter / It’s never over, she is the tear that hangs inside my soulforever”. Es este mismo sentido trágico en el que se mezclan la pérdida, el requerimiento y la espera. Aunque todo esté perdido, cantando con devoción a quien aún se ama con devoción: “Sweet lover, you shouldve come over / Oh, love well I’m waiting for you / Lover, you should’ve come over… Cause it’s not too late”.

CORPUS CHRISTI CAROL: Aquí Buckley elige al enorme Benjamin Britten, pianista inglés compositor y director de orquesta. Britten, a quien reconocemos entre los grandes nombres de la música clásica del siglo XX, debía tener una cualidad específica que llevara a Buckley a invocarlo de esta forma, entendiendo el diálogo del norteamericano con la interpretación vocal; palabra clave además del oscuro y melancólico sentido de la pieza escogida. Precisamente la obra de Britten está enfocada a la música vocal y las emociones transmitidas por los tonos y armonías de la voz. Buckley no se equivoca, y como el cantor que es, se desdobla vocal y emocionalmente para meterse en la piel de lo que está interpretando. Celestial, majestuoso, melancólico, ya ni si quiera es Buckley; un espíritu ha emergido de su garganta: “Lu li lu lay lu li lu lay / The falcon hath borne my mate away / And on this bed there lieth a Knight / His wound is bleeding day and night / By his bedside kneeleth a maid / And she weepeth both night and day”.

ETERNAL LIFE: Potente descarga de riff crudos, simplemente rock directo, alimentado de nihilismo. Sin saberlo o muy anticipadamente nuestro hombre escribe su propio epílogo: Eternal Life is now on my trail, Got my red glitter coffin, man, just need one last nail, While all these ugly gentlemen play out their foolish games. There’s a flaming red horizon that screams our names”. El decibel es alto y la rabia marca su pulsión; quemando puentes, Buckley se alinea con el sentido maldito del rock n roll. 

DREAM BROTHER: El adn de esta última dice Led Zeppelin por todos lados; cadenciosa, exótica y lisérgica; su sonido parece alimentado por los grandes momentos de Physical Graffiti. Tenemos claro que Jeff Buckley aprendió muchísimo de Zeppelin, desde el travestismo vocal que Plant ya practicaba en los sesenta cuando quería parecerse a sus cantantes preferidas; y ni hablar de la relectura del blues en la voz y la guitarra. Dream brother oscura y misteriosa: “That dark angel he is shuffling in, Watching over them, with his black feather wings unfurled”/ Dream Brother with your tears, scattered round the World”. Se hacen presentes los demonios del abandono de su padre Tim Buckley: Don’t be like the one who made me so old, Don’t be like the one, who left behind his name, ‘Cause they’re waiting for you like I waited for mine….And nobody ever came”.

Linda y Paul McCartney con Jeff

Linda y Paul McCartney con Jeff

A estas alturas ya no podemos agregar más sobre un disco soberbio y un músico excepcional. Quizás la muerte embellece todo pero ciertamente entre 1994 y 1997 su trabajo aún era objeto de culto. Y si Cobain fue el mártir de la década, Buckley ha sido desde entonces el poeta maldito y esa piedra preciosa lista a ser redescubierta.

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