The Legend of Zelda… Williams

Publicado por Sebastian Cavallo

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Por Sebastian Cavallo

En yiddish (el idioma las de comunidades judías del centro y este de Europa) Zelda significa «alegría», pero quizás el mayor exponente sea la prometida del escritor F. Scott Fitzgerald, conocido novelista norteamericano, Zelda Sayre, quién le rompió el corazón e inspiró la obra “A este lado del paraíso”.

Para entonces, el nombre era más una curiosidad que una buena historia.

Años más tarde, en 1986, con el lanzamiento original de un videojuego el nombre cobra nueva vida. Zelda es una princesa a la que Link, el verdadero protagonista del juego, tiene que salvar de las garras de Ganon, rey absoluto de los gerudos.

En 1989 uno de los grandes de la comedia de entonces, Robin Williams, se enteraba que sería padre por segunda vez, esta vez junto a Marsha Garces (la niñera de su primer hijo, Zachary). En un esfuerzo por pasar más tiempo juntos y acompañarla en su reposo, Williams se propone dar con un nuevo pasatiempo que ambos pudieran compartir. Con el espíritu adolescente y exótico que siempre lo caracterizó, quizás representado a la perfección por su personaje de los años 70’s, “Mork”, decide comprar una enorme televisión y un NES, la primera consola de Nintendo lanzada en occidente, ese armatoste cuadrado que todos aprenderíamos a amar. Compró además un título que había sido estrenado casi dos años antes, y que se transformaría en uno de los mayores clásicos de culto de la corta historia del rubro: “The Legend of Zelda”. La adicción fue inmediata.

Esa sarta de pixels organizada de forma magistral bastó para fascinar a Williams, quién ya era un titán de la comedia. Durante los meses del embarazo de quién sería su primera hija el objetivo fue uno sólo: completar el bendito juego.

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A tal nivel llegó el encantamiento del actor por ese romántico título, considerado uno de los mejores de la historia, que junto a su mujer deciden llamar a la niña que venía en camino, Zelda Williams, en honor a la princesa del reino de Hyrule, y poseedora de la trifuerza. (Aunque el parecido físico se asimile más a la Princesa Ruto, personaje que nacería años más tarde en Ocarina of Time).

Nintendo supo aprovechar la historia, y la hizo propia. En el 2011 la compañía nipona lanzó una serie de comerciales para occidente que contaban la historia de primera fuente, la propia Zelda Williams y su padre. Si bien para muchos era una historia conocida, la gran mayoría se encantaba de una nueva faceta extraña de una figura tan estrambótica como lo es el actor.

Pero la leyenda no queda ahí. En 1991, un par de años después del nacimiento de Zelda, la historia cuenta que Williams habría desarrollado tanto su gusto como su amor por los videojuegos. Esta vez durante el embarazo de quién sería su tercer hijo, el segundo con Garces, el centro de entretención era el sucesor del “Nintendo”, SNES o Super Nintendo.

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Uno de los títulos de lanzamiento de ésta es un “beat em’ up” (básicamente avanzar sacándole la cresta a lo que se mueva) que se transformaría en una de las grandes sagas de los años 90’s: Final Fight. Sin una historia muy compleja ni un estilo demasiado sofisticado, el juego es altamente adictivo por su simplicidad y por ser un verdadero reto incluso a los jugadores más experimentados. En el juego, la hija del alcalde Haggar de la ciudad ficticia Metro City, es secuestrada y es la labor del novio de Jessica, un experto en artes marciales, rescatarla de las temibles filas de una banda de motociclistas delincuentes. ¿El nombre del protagonista? Cody. El mismo año nacía Cody Alan Williams, reavivando el mito detrás de la genialidad (o no) de Robin Williams.

La reciente muerte del actor ha reabierto en discusiones de sobremesa, la esencia misma de su figura. Amado por muchos y detestado por tantos otros, genio del stand up o un chillón exagerado; Te guste o no su obra es indudable la huella que deja en la industria del entretenimiento y quizás su punto más alto haya sido incluso fuera de la pantalla.

Respecto a los comediantes existe una regla de oro. O se vive lo suficiente para ser una leyenda, o se vive más de la cuenta y te terminas transformando en un comediante para las familias (véase Adam Sandler, Jim Carrey). Para ciertas personas Williams murió en la segunda categoría. Los invito a ver sus últimos especiales de comedia en vivo.

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Richard Pryor, George Carlin, Eddie Murphy, Lenny Bruce, Steve Martin, Louis C.K. y Robin Williams. No es mucho más larga la lista de los mejores comediantes. La diferencia entre ellos es la leyenda casi omnipresente de Williams.

Warcraft III, Day of Defeat, Half-Life, Battlefield y los clásicos de Nintendo son los juegos favoritos del actor. En ellos vive ahora también la memoria de Robin Williams. Hemos perdido a uno de los nuestros pero podemos volver a verlo. Blizzard, un día tras su deceso, anunció tras una petición firmada por más de 11.000 usuarios que Robin seguirá entreteniendo a millones de forma digital, en la ciudad de Shattrath, específicamente en la taberna del fin del mundo, dónde seguirá haciendo lo que mejor sabía hacer: rutinas en vivo. World of Warcraft y su bizarro mundo servirán de eterno homenaje al mundo en el cual Williams se sumergió durante décadas.

Lo escribió Walt Whitman para Lincoln tras su asesinato en 1865, lo inmortalizó Williams en “La Sociedad de los Poetas muertos”:

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;
levántate, izan la bandera por ti, por ti suenan las cornetas;
por ti ramos y cintas de coronas, por ti se amontonan en las orillas;
Por ti te llama la influyente masa, giran sus rostros impacientes”.

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