El odio

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MEXICO-CRIME-STUDENTS-MISSING
Por Adan Brontis desde México

En un país sin mitos ni leyendas, el dinosaurio devora carnosos sueños. Nos entierran bocabajo, somos brujas sin salida. Un veintiséis de Septiembre de un año que no importa, aquí donde el tiempo no pasa, la primera dama de un sitio que no importa, aquí donde el peligro vive en los rincones, ofrecía un discurso.

Mientras tanto un grupo de estudiantes activistas hacían una colecta de fondos cerca del sitio donde se hallaba la primera dama. Aquellos estudiantes eran conocidos por su lucha en contra de los cárteles y sus diversas protestas en el pasado.

Terminaban los estudiantes su labor y dispuestos a volver a casa cuando la policía local atacó. Nunca sabremos, quienes no lo vivimos, cómo fue aquella masacre. Dicen que las autoridades pensaron que los estudiantes iban a interrumpir el discurso y por eso actuaron así. Eso dicen los que mienten. Se sabe que aquella mujer, la primera dama, estaba coludida con algún cártel y seguramente apuntó con el dedo que manda hacia las almas de aquellos activistas.

Esos son los hechos, así se dice que pasó. La realidad es que ahora tenemos que no tenemos a cuarenta y tres estudiantes. Todos desaparecidos ¿Dónde están?

La noticia se hizo viral y hoy hay protesta: marchas, paros laborales, quejas en las redes sociales y disgusto nacional e internacional. Pero en realidad no es algo inédito, todos los días hay desaparecidos, descabezados, levantados y secuestrados. Las marchas son algo cotidiano y México vive en una eterna protesta en contra de un gobierno sordo, con un presidente idiota que ha demostrado varias veces no tener la capacidad para dar un simple discurso. Tenemos cuarenta y tres estudiantes desaparecidos que se suman a la interminable lista de fantasmas. La gente en las calles grita: “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Pero seamos sinceros, no van a aparecer o por lo menos no todos vivos, si no es que ninguno. Es fuerte ¿no? Y duele.

Personalmente pienso que la única forma de hacernos escuchar es no haciendo marchas, ni paros laborales, ni quejándonos en nuestras casas, ni lamentando las muertes de nuestros compañeros; la única forma de voltear la moneda es agrediendo de la misma forma que ellos lo han hecho. Sonará arrebatado, inmaduro, descabellado, pero se ha demostrado que pacíficamente no se logra nada.

Ellos no escuchan, no entienden, no hablan nuestro idioma porque su español es el dinero. Pero hay un idioma universal: el dolor. Ese dolor que nos han hecho sentir todos los días, ese miedo que tenemos al salir de casa, ese sentirse ajenos en nuestro propio país, ese terror, todo eso y más hay que hacerle sentir a ellos porque no son nuestros dueños, son nuestros perros y para nosotros trabajan, encadenados a nuestro dinero.

No más muertos, no más sangre, no más violencia, no más armas, no más odio. Por favor, si alguien tiene que tomar vidas y armas, que seamos nosotros, no ellos, los de arriba. No se trata de venganza sino de justicia. Levanten la mirada al cielo, donde está nuestra esperanza pero con los pies en la tierra, donde están nuestros muertos. Esto no es una revolución, es un desmadre.

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