Querido Woody: Una carta ficticia a Joe Strummer

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joepost Por Florencia Astaburuaga.

Traducción ficticia de la carta (también ficticia) enviada por Susan H. Peterson (personaje ficticio) hacía Joe Strummer en el verano (verano en Inglaterra), por ende invierno en España (no estoy segura de esa información) del año 2001 (de ésa información si estoy segura), unos meses antes de la inesperada muerte (por paro cardiaco en la mesa, dicen en la web) de alias Woody.

Querido Woody,

Hace ya un año (la verdad diez meses más menos) que no te escribo, ni tú a mí. ¡Ni tu a mí!, ¡Eso es lo más extraño!, yo sigo en el mismo catre, en la misma calle, bajo el mismo árbol. Y tú, quién sabe.

Ya no sé más de ti, no hay noticias tuyas en los diarios, ni en las bocas de tus conocidos. Me encontré el otro día con Cook, venía a Londres a hacer una “diligencia”, y con los ojos inyectados en sangre me contó con rapidez (y algo de rabia contenida propia de su especie) sobre ti, me contó que estaban en una nueva grabación con los Mescaleros, y yo me reí y le pedí que pronunciara otra vez su nombre, me gusta como suena en la boca de ustedes. No lo hizo, desde luego, andaba mirando detrás del poste, o por debajo de la cortina. Yo era el fantasma mudo que lo acompaña día a día por la vida. Le pregunté en dónde estabas ahora, en dónde te podía encontrar y me dijo, con esa mezcla de español e inglés que se me hace imposible descifrar en el momento, pero si después de unas cuadras -In this momento in the Silba, su bar fa-vou-ri-to-. Nos despedimos y se fue raudo calle abajo, antes de doblar por la esquina hacia la derecha se dio vuelta y pegó un grito. –Susan-, me dijo. – Que todo lo que te rodeé brille, Hermosa gitanilla- . Personaje ese tal Cook, antes patán ahora ángel de la guarda.

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Ha sido extraño éste tiempo sin tu presciencia, después de un periodo en que te leía semana tras semana. Era cómico: te leía con dos meces de diferencia. Mientras bendecías el viento del norte, típico de la provincia del norte de España a comienzos de Abril, ya era Junio aquí. Y no sabía cómo imaginarte: si en el pasado que me narraban tus cartas que leía en el presente o un Ahora inventado por mí dos meces después de lo narrado. Fue un año especial, estuvimos conectados aunque estuviéramos a kilómetros incontables de distancias. Había días que salía con tus cartas en la mano mientras hacía lo que el día me disponía hacer y pensaba en cómo nos sujetaba un hilo inexistente físicamente (pero que estaba ahí presente ¡Sé que tú también lo sentías!), y observaba (en mi mente) como nuestras letras recorrían los océanos y nos dejaban estar juntos, sosteniendo nuestras cabezas una vez más.

Querido Woody tus andanzas eran parte de mis chistes internos día a día: pensaba en ti caminando en la calle, compraba las verduras pensando en las verduras que le comprabas a Camilo en Andalucía, elegía las manzanas dándole vuelta a la anécdota del gusano que vivía en el manzano bajo tú cuarto. Gusano que botaste en mitad del desierto mientras grababas esa película que nunca supe si era sólo un juego o algo serio, a la que no le diste más cabida en tus cartas. Y tú le gritabas al gusano mientras se alejaba -me imagino que desesperado por la soledad- ¡Has tu camino infeliz!. ¿Qué significaba todo eso?, ¿Qué significaba que me hayas contado todo eso a mí?. Había días que pensaba que era todo ficción y que seguías echado en el okupa, rascándote el ombligo mirando el comportamiento criminal de los que te rodeaban como si fuera una puesta en escena. La vida no vale nada me decías por decir, un tanto aburrido, queriendo jugar con los niños de la plaza. “La vida no vale nada” salía en el reverso de la carta. En una foto. Y tú entre medio, uno más, como siempre.

Te veías bien Woody, algo alejado de todo lo que habías cultivado aquí en Londres, pero bien. Y me pregunto…¿Qué es de ti querido John X Meller?, ¿Qué miran tus ojos pequeño gusano infeliz?

Me pregunto si sigues obsesionado con encontrar a García Lorca. Si ya no fué en Vizna, donde lo fusilaron, junto a otros cuerpos, quizás en sus calles o en sus poemas. Yo aún escucho el vinilo de Paco Ibañez que dejó Esperanza en la casa en la que vivíamos. En las noches de soledad abrupta lo escucho, tomo lápiz y papel, junto a un diccionario que encontré por ahí, y trato de traducir los poemas, a la antigua, sufriendo por encontrar la palabra que aseguro haber escuchado pero no estoy completamente segura de que exista. Morir (que confundo con Dormir) es Die. Alas (Que confundo con Alias) es Wings. Flor (inconfundible) es Flower. Cuchillo (impronunciable) es Knife. Me entretengo (y me desespero).

Termino la noche componiendo frases bilingües, soñando con personajes de habla hispana que me invitan a tomar ron blanco y a mirar el Atlántico. También he disfrutado el vinilo mal grabado del Niño de la Huerta que me mandaste el año pasado. No conocía el dolor flamenco hasta que me senté a escucharlo sin escusa (como me escribiste en la postdata). Woody, siquiera respiré en esa hora. Luego me fumé un cigarro en el balcón, conté los autos blancos que pasaron, conté veinte, y me fui a dormir.

Canción de Paco Ibañez con la letra de un poema de Lorca.
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Me pregunto si recuerdas las peleas que tenía Esperanza ante si misma, o ante el sistema, o ante la cucaracha que no nos dejaba en paz. Cuando gritaba en medio de la pieza del primer piso frases en español y tú me mirabas, sonreías, tomabas tu libretita y anotabas lo que del canto-grito se podía entender. –CATOLICO COMUNISTA ANARQUISTA LIBERTARIO TRADICIONALISTA Y MONARQUICO-. Gritaba. Y tú anotabas. “Católico or alcholico, comunista, anarquiste. Libertad de la traducción y a-Dios a la Monarquic”. Me mirabas y decías: “Belleza gitananilla”, parecido a lo que Cook gritó antes de doblar por la esquina. Me componías el pelo descompuesto, tomabas la guitarra y componías una canción improvisada con los gritos españoles. Esperanza no te aguantaba, lo terminó diciendo en todos los idiomas posibles, desde el catalán que tanto repudiaba, pero lo sabía hablar, hasta el inglés tosco que solía ocupar. Y desde ese tiempo entonces empezó a callar su Rabia (melancolía) de Atlántico (como ella decía) y tú, a desaparecer de la cuidad sin previo aviso, a tener problemas con los chicos, a no soportar tu fama. Hasta que te fuiste a continuar la vida con apuro y tranquilidad, al mismo tiempo, before I grow too old, como dirías con los Mezcaleros.

Querido Woody, espero que todo esté bien por tus desiertos y selvas. Aquí la cuidad avanza con su ritmo impuesto, tú ya lo sabes y no lo has olvidado. Dale mis cariños a tu esposa y a tus hijos hermosos. Muéstrales nuestras fotos de nuestra juventud y cuéntales alguna anécdota. Yo a los míos ya le he contado la historia del gusano infeliz, y les pronuncio su infelicidad en español y rién y repiten sílaba por sílaba, y lo tornan al italino “Infelichitte” dicen, o algo por el estilo. Aquí tu recuerdo es vívido, los clubes y amplificadores no te han olvidado y no lo harán. Sé que allá eres sólo Joe, el amigable ingles que toma y toma y nunca cae. Aquí tu legado sigue construyendo y no parará de hacerlo. Ah!, ahora recuerdo qué me hizo escribirte, qué me motivo a empezar a hacerlo (al fin). Hace un mes salimos con David, quien me preguntó por ti, como siempre, y me pidió por favor, como siempre, que te digiera que te está buscando para una pequeña propuesta. Le comenté que no te vendías ni te ofrecías como panfleto. Tomó un trago de su cerveza y me siguió hablando de su nueva propuesta escénica. Fuimos a un bar en Escocia, en donde la cerveza se olisqueaba de lejos y nos encontramos con Kaurismaki, tomando de la misma forma que lo hacen sus personajes, ¡Quién imaginase el encontró!. Tomaba en silencio y con cara pensativa (con el entrecejo lleno de ideas, una sobre otras). David lo fue a saludar (a molestar) y yo le seguí la pista. Y bueno Woody, empezó a hablar de ti. De tus capacidades y simpleza, de tu olfato artístico y tu gusto por la cerveza. Y al igual que David me preguntó por tu paradero y yo entre sorbos reía y les decía – ¿Qué quieres que te responda?, espero que no esté sacando al muerto de su fosa común -. Kaurismaki recordó tu aparición en la película que gravó con Jean-Pierre y me comentó de una nueva película que estaba gestando en ese mismo instante que los fuimos a saludar (a molestar).

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No olvides en escribirme. Me he acordado de ti estos días, sobre todo ésta semana.
Se despide con amor.

-Susan H Peterson.

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