Disco Review: The Magic Whip – Blur

Publicado por disorder.cl

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Por Rocío Latorre.
blurmagic

The Magic Whip
Blur
(2015, Parlophone)

A finales del 2008, Damon Albarn anunciaba el retorno de Blur a los escenarios en el legendario Hyde Park. Atrás quedaban las supuestas rencillas que llevaron a la disolución del cuarteto tras la grabación de Think Tank (2003) y la apresurada salida del guitarrista Graham Coxon antes de terminar las grabaciones de dicho disco. Desde aquello, 7 años y desde su último disco, 12. Lo que parecía una simple reunión se transformó en una gira que incluso los trajo a Chile en noviembre de 2013, una presentación que sanó aquel traspié de 1999 en donde la banda británica no pudo presentarse a raíz del clima de tensión entre nuestro país e Inglaterra tras la detención de Augusto Pinochet; aunque a juicio de quien escribe, igual nos perdimos a Blur girando con su mejor disco: 13 (1999).

Hace unos días, el anuncio del regreso de Blur a Chile en octubre de este año nos tomó por sorpresa pues nadie imaginó que sería tan pronto y con un nuevo disco bajo el brazo. Entonces, ¿Qué vamos a escuchar en octubre?

The Magic Whip (2015) es concebido bajo un contexto de casualidades: la cancelación de uno de sus conciertos en Japón durante el 2013 y el quedarse varados en Hong Kong dan pie a un reencuentro pero ahora en el estudio. Dicha anécdota se mantuvo en secreto hasta febrero de este año, donde frente a todo pronóstico ―la prolífica carrera de Albarn en solitario y la de los demás miembros de la agrupación― se anuncia un nuevo disco a lanzarse el 27 de abril de 2015.

El LP abre con Lonesome Street, una canción de que inmediato recuerda a una icónica de Leisure (1991), There’s No Other Way o a un muy posible lado b de Parklife (1994). Dichas similitudes que se van develando a lo largo de los 51 minutos de duración de la placa no son azarosas puesto que Stephen Street ―el productor musical de los primeros discos de la banda― vuelve para The Magic Whip y toma un rol activo junto a Graham Coxon en las melodías que van dando carácter al látigo mágico.

Las referencias a discos pasados o a proyectos en solitario de los miembros de la banda son una constante, principalmente a los de Damon Albarn. El ejemplo más claro de lo anterior se percibe New World Towers que parece ser del mismo linaje de Everyday Robots (canción) tanto en ritmo como en contenido lírico o la melancólica My Terracotta Heart que perfectamente podría calzar en el debut y despedida (2007) de The Good, The Bad and The Queen. Lo raro y anecdótico es que este octavo disco es más Coxon que Albarn, pues retoma este material “en bruto” para darle forma y por este mismo motivo Ice Cream Man es una de las rarezas dentro de este álbum: un loop de sonidos electrónicos de base y sonidos más acústicos encima, un sonido no homologable a Coxon o a la misma agrupación.

I Broadcast es uno de los tracks donde por fin se pone de manifiesto la factura de Graham, las rápidas guitarras son las protagonistas en este tema de casi 3 minutos que resalta como un futuro single, por la misma senda se mueve Go Out (uno de los primeros adelantos de The Magic Whip) que tiene mucho de ese sonido primitivo característico de las primeras grabaciones, además de versar sobre la cotidianidad (I get into my bed / I do it to myself) suena como tal. Particularmente me llama la atención el leve parecido rítmico con New Killer Star de David Bowie (del álbum Reality).

Las letras escritas por Albarn posteriormente a las grabaciones aportan mucho a la naturaleza introspectiva y contemplativa del álbum: Pyongyang, Mirrorball (que cierra la placa) y I Thought I Was A Spaceman clasifican en esta definición, esta última es uno de los puntos altos líricamente hablando, en palabras de Damon “se sintió como un astronauta al volver a realizar el viaje a Hong Kong para buscar inspiración”.

Media hora de una especie de «Making Of» del disco.
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Ong Ong recuerda a aquellos alocados tiempos del Brit Pop a mediados de los 90’, una melodía pop inocentona similar a lo que sucede con Ghost Ship; ambas son coherentes con ese legado que une a los primeros discos de Blur y son las que logran disociarse de ese sonido descrito a lo largo de toda la reseña. No son las que más se destacan pero mantienen la esencia de Blur como colectivo y no la de cuatro integrantes individuales.

Escuchar The Magic Whip por primera deja un halo de preguntas sin resolver: ¿Y eso era todo? ¿Era necesario un nuevo disco de Blur? Si bien con los días y con las escuchas las preguntas aún no encuentran respuesta, si ha mejorado la percepción del LP. No es molesto que sus canciones remitan constantemente al pasado de Blur o a Damon Albarn, la gracia de este álbum es precisamente lo inconcluso, anecdótico y antiguo que puede sonar. El regreso de Blur no buscaba innovar sino que regresar de un largo viaje sin presiones y de paso, ilusionar con más regresos al estudio.

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