Kings of Convenience: Navegando en los recuerdos

Publicado por Pablo Bustamante

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Fotos por Carlos López Yáñez / Fauna Producciones

Hace 15 años salió al público «Quiet is the new loud», el primer disco de Kings of Convenience. Eran 12 tracks que te sumergían de lleno en una de las sensaciones más raras que uno puede experimentar: alegría/penita simultánea al amparo de dos guitarras que dejaban ese efecto de que nada más era necesario y daban bríos al New Acoustic Movement europeo. Los noruegos tienen esa capacidad, la de imbuirte en una realidad aparte, una nueva, colorida y resquebrajada a la vez. Como un río calmo que se acelera y te envía de cabeza a un rápido descontrolado que nunca dura lo suficiente como para perder la razón, sino que te vuelve a depositar en aguas tranquilas.

Es difícil de explicar, quizás hay que vivirlo. Kings of Convenience estuvo hace poco, muy poco en Valparaíso. Sacando las guitarras, sonando bien a ratos o mal en otros, pero abriendo ese portal a otra realidad que te lleva a mirarte desde otra perspectiva, como definiendo de la mejor manera posible la palabra introspección. Suena fleto, sí, pero es real.

En Valpo, los noruegos que siempre tienen una relación fluida con los fanáticos en sus conciertos, respondieron un par de preguntas realizadas por un periodista local, como viene siendo habitual en esta gira donde han tocado completo su primer disco. El formato es novedoso, bien íntimo y se presta para algunas risas, pero principalmente nos deja huellas o fragmentos de la historia de cómo Eirik Glambek y Erlend Øye llegaron a dar forma a la banda y cómo estos pedacitos de información desperdigados en el tiempo fueron incentivo suficiente para que un día el periodista noruego Ørjan Nilsson se embarcara en la misión de escribir el libro «Kings Of Convenience. Quiet is the New Loud», donde comenta los encuentros y desencuentros de este dúo y que en definitiva es el principal motivo por el cual la banda decidió emprender la aventura de salir de girar tocando su primer trabajo de estudio.

En el Municipal de Valparaíso, el pasado viernes a eso de las 21 horas, todo daba lo mismo, hasta el gordo solitario de atrás al que se le subió el audio del celular y se le escuchó por 1 segundo los gemidos de la porno que veía mientras esperaba el show o la horda de santiaguinos a destiempo que sacaban y subían fotos al Instagram o cómo la gente estaba con la cara iluminada con el brillo del Whatsapp. Todo daba lo mismo, porque al final, bien en el fondo, estábamos todos metidos en esa otra dimensión. Habíamos atravesado el portal hace rato, con el primer sonido de las cuerdas de KoC, moviéndonos entre aguas calmas y tormentosas, atravesando recuerdos que daban pena, pero también alegría y solo regresamos a la normalidad cuando las luces se apagaron y el último acorde dejo de sonar. Suena small chested, como diría Erlend, pero así fue.

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