Los Kaiser Boys

Publicado por Juan Pablo Prado

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Por Nacho Vigouroux

Cada vez que me ha tocado leer la frase «intelectual de derecha» en la prensa y lugares por doquier, debo tomar con mucha valentía la vergüenza ajena y fortalecerla ante la tanda de estupideces que me toca deglutir por parte del iluminado facista de turno.

Y primero, entra el asombro y la incredulidad. «No puede ser tan ahueonao» o «no puede ser esto en serio». Y piensas que es una cuenta parodia con esos nombres rimbombantes como sacados de un cómic de los 70.

Luego, cuando compruebas que es cierto, viene la risa. Puta qué buen chiste, madre. Es para un óscar del chiste y la misogínia. Bravo. Aplausos de pie y un simio disparando al aire desde un autito en miniatura, con un smoking y fumando un habano dando el premio.

Ya de ahí entra la desesperación. Cada párrafo es tan contra-argumentable que ya entra la sensación de «¡Como puede haber tantos malos conceptos en tan poco espacio!» que empieza a apretar el pecho.

Y luego viene la rabia. Genuina y absoluta. Y ya te entra la sensación de «pa qué me gasto con estos hueones. Pa qué!» y la chuchada sale limpia, rápida y acertiva.

Y luego viene la penita. Sincera penita.

Y da esa sensación de «puta, pa qué le respondo a este csm, si tendría que nacer de nuevo… prefiero hablar con la pared» y vas y te pegas un cabezazo y listo, te sientes mejor.

La pseudo intelectualidad de derecha es una alegría imaginaria que tienen estos eslabones perdidos para justificar, de alguna dolida y retorcida forma, los privilegios de vida que les han permitido llevar una vida sin ninguna complicación material, espiritual ni emocional, excepto la moral, que día a día, latigan yendo a misa varias veces o rezando un millón de padres nuestros para sentirse menos miserables.

¿Qué le pasa a la derecha chilena? ¿Por qué, siendo que son el sector más acaudalado de la ciudad, que cuentan con los mejores colegios, universidades, redes de apoyo, iglesias y contactos que cualquier ser humano en Chile podría querer tener, salen cabros tan requetecontra tontos y con una visión tan pero tan corta de la sociedad?
¿Por qué la pobre y triste derecha chilena ha nombrado como representantes intelectuales a estos sacos de re mil hueas, que hablan con menos fundamento que horóscopo de la Dato avisos?

Es penosa la situación. Nos metieron a Felipe Kast, otro ahueonao más, que considera que meter a un actor «haciendo de» pobre era acercar al empresariado a la realidad, como un iluminado; intentaron poner incontables veces a Longueira como el sucesor espiritual de Guzman, siendo que tenía menos trasfondo e intelecto que guionista de matinal y el puro amén y sus fantasías homoeróticas lo acercaban a ese real intelectual facista de lentes gruesos; quisieron férreamente, pero con mucha vergüenza, poner en un altar al misógeno Axel Kaiser como un representante del «librepensamiento» económico (?) que debería reinar en este país con ideas tan ridículas que dan para abanicarse las pelotas en verano con ellas y que nadie hace mucho incapié sin pegarse un charchazo de vergüenza, y ahora nos meten a este pobre cabrito, el tal Henry Boys, que intenta con una honda y una pistola de agua acumulada hablar de conservadurismo, «feminismo verdadero» y castidad como plan de rescate contra el marxismo ¡y en sólo cinco años!.

Por favor, amigos de derecha, ustedes son y merecen muchísimo más que estos pobres hueones de representantes que se auto proclaman estandartes del sector.

Porque todos estos hueas tienen una cosa en común: hablan de la desigualdad, la pobreza, los «problemas sociales», el chentro chochial y el sueldo mínimo desde el mismo estrado privilegiado que han tenido toda su vida; desde allá, la cota 1000 o 1000000000, con papás con sueldazos y estudios sin tener que trabajar un día a nadie para pagarlos, con vacaciones a la nieve y campañas miserables de «tetcho para tchile» donde juegan a ser/ver pobres creyendo que con lo que sobra, esa caridad de juguete, se acercan a un país que por todos lados, anda al 3 y al 4.

Entonces, como les va bien en la U, como llegan puntualmente a la hora y estudian tranquilos en sus casas mientras la nana atraviesa medio santiago para hacerles las cosas, y son los mejores alumnos de sus clases, de inmediato se consideran hijos del esfuerzo, y claro, el resto es pajero, es pobre y penca porque son flojos y nada más.

Y desde este trono dorado, acolchado, supremo y superior, vienen a dar cátedras de como se debe vivir. De como se debe enfrentar la vida, desde esa moral reprimida que les han entregado toda la vida como único límite a sus derroches y que por eones han justificado sus privilegios.

Porque dicen hablar desde el amor, pero detestan la diversidad.
Hablan de tolerancia, pero por ellos, ojalá exterminar al resto, como ratones o como palomas, llevando el doble discurso a un límite imposible de sostener y que entre líneas se ve clarito como la libertad la restringen a un plano imposible de mantener en un contexto real.

Sus argumentos llegan a sentirse casi incontestables si no se ven desde el fantasioso prisma de la fé y la religiosidad dogmática, y ahí, el debate se acaba y queda decir sí o no.

Hace falta un intelectual real de derecha que salga a defender a los conservadores.
Puta, hace muchísima falta. Pero uno real. Uno que salga desde la iluminación y sea digno contrincante.
Por favor, lo pedimos.
Un nuevo mesías que entienda como convencer sin obligar y no atente con dar un golpe de estado por no seguir la indicación moral entregada.

Por mientras, debemos disfrutar los delirios de un joven con gónadas con elefantismo y que hasta para pajearse se confiesa, como férreo defensor de lo correcto.

No me extraña que no la ponga. Con esa forma, ni la plancha de su casa debe prenderse.

 

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Comentarios publicados en "Los Kaiser Boys"

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  • 1

    Pucha nacho, aplaudiría de pie tu columna si no fuera porque estos personajes en cuestión distan demasiado del perfil que les quisiste dar. Da la lamentable casualidad que fui compañera de generación del señorito boys, y la verdad es que lejos de irle bien en la universidad, andaba a patás con los 4, su familia no es una familia acaudalada cota un millón e incluso se echó el examen de grado 2 veces (o 3 creo). Jamás fue un referente de opinión y te puedo asegurar que todos en mi generación (e incluso otras generaciones) estábamos en al menos un grupo de whatsapp dedicado exclusivamente a reirnos de él. Todos fuimos testigos de su (des)evolución durante la carrera, donde partió como un cabro buena onda que solo queria ser popular, hasta este ser fascistoide con el silicio a cuestas. Mi conclusión y la de muchos que lo conocemos es que sólo tiene unas ganas excesivas de llamar la atención y sobresalir y ahora por fin le estamos dando en el gusto. Porfa no le sigamos dando tribuna