Así han manejado la crisis del Coronavirus estos líderes mundiales

Publicado por Pablo Bustamante

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Conforme hemos ido entendiendo que la irrupción del coronavirus tendrá efectos prolongados y no pasajeros como muchos suponían o apostaban, han comenzado a notarse los primeros resultados en el mundo. Cada unx de lxs líderes mundiales ha tenido que afrontar una pandemia que golpea sin discriminar fronteras y en cada país ya comienzan las evaluaciones sobre cómo estos liderazgos han manejado la crisis sanitaria. La amenaza que enfrentan es la misma, pero sus reacciones no lo son. En algunos casos dan señales de verdadero liderazgo y en otras, lamentables muestras de improvisación y carencia de entendimiento.

En Chile, el gobierno de Piñera parece tener la situación más o menos controlada, aunque ciertamente sus medidas apuntan más a recomendaciones sanitarias y a reactivar la economía a cómo de lugar. En este escenario no son pocas las voces que critican un manejo que pareciera proteger más al empresariado por sobre las personas o la polémica que ha comenzado a levantarse sobre un posible manejo en las cifras de muertos que esconderían una grave realidad. Un escenario complicado que traería consigo un 2° despertar social tras la emergencia sanitaria según algunos entendidos.

Y es que esta crisis que no solo es de salud, sino que social, económica, mental y quizás de muchos otros aspectos relevantes que aún no emergen, pero que de seguro comenzarán a hacerlo. Es una prueba no solo para la vida de las personas, sino también para la forma de hacer política que identifica a cada país en la actualidad.

La caída de Bolsonaro

En Brasil, por ejemplo, Jair Bolsonaro ha tomado una posición casi de líder religioso, negando la gravedad del virus y comparándolo con un simple resfriado además de impulsar un discurso que insiste en que la economía no puede parar. El resultado ha sido devastador: más de 40 mil contagiados y sobre los 2.500 muertos. Cifras escalofriantes que le han hecho perder popularidad en la ciudadanía, recibir cuestionamientos de algunos de sus ministros y enfrentarse a los gobernadores, quienes firmaron una carta rechazando un manejo que se considera deficiente.

Su liderazgo tambalea y si antes sus clásicas controversias, frases sexistas y homofóbicas eran vistas como desafiantes ahora lo hacen ver como un presidente limitado, carente de inteligencia y poco apto para manejar la crisis de salud que azota Brasil, el país más dañado en Latinoamérica por esta pandemia.

«No ha hecho mucho. Las medidas de restricciones sociales han venido desde los gobernadores y alcaldes, porque él es contrario a establecer cuarentenas y solo se ha preocupado de decretar medidas económicas, como inyectar recursos a los estados que declararon en emergencia. También presentró un proyecto para dar a la gente un bono de 200 reales que son como 40 mil pesos chilenos, pero el congreso decidió incrementarlo a 600 reales y él ha demorado ese decreto», explica Priscila Roccon, académica brasileña de la UNIP que actualmente vive en nuestro país.

«Yo diría que él no ha manejado nada, ha hecho el mínimo y Brasil no tiene más muertos solo gracias a la gestión de los gobernadores y alcaldes», cierra Roccon, agregando además que Bolsonaro ha empezado a enfrentarse con cualquiera que sugiera utilizar la ciencia para combatir la pandemia o lo desafíe, algo que le costó el cargo al ministro de salud y ahora al ministro de justicia.

Panorama oscuro para el mandatario brasileño y que se complica más con la investigación que encargó en su contra la Corte Suprema de ese país tras las palabras de su ahora ex ministro Moro quien lo acusa de ejercer presiones en el nombramiento del jefe de la policía federal.

Saturday Night Trump

Otro caso de líder aparentemente no apto para hacerle frente a la crisis es el de Donald Trump. El presidente de Estados Unidos comenzó en una línea similar a la de su par brasileño, es decir minimizando el impacto sanitario pese a contar con informes de sus servicios de inteligencia que evidenciaban la gravedad del virus y cuando comenzaron a multiplicarse los muertos, dijo tener todo bajo control. Ahora en un quiebre dramático ha comenzado a apuntar a China como el responsable de la pandemia y a posicionarse como una víctima de esta guerra invisible.

Su manejo ha sido no solo triste y errático, sino que al mismo tiempo caótico y preocupante. Famosas ya son sus frases y publicaciones en redes sociales donde pareciera no tener filtro y decir cosas sacadas de un sketch de Saturday Night Live. Prueba de ello es la desafortunada invitación a inyectar desinfectante para eliminar el coronavirus, algo que empresas ligadas a este producto tuvieron que salir a aclarar tras los cientos de intoxicados que se empezaron a acumular. O cómo olvidar cuando en pos de reactivar la economía, llamó a sus seguidores (mencionando la 2a enmienda, es decir el derecho a portar armas) a liberar aquellos estados donde recomiendan quedarse en casa.

«Acá se han armado protestas en contra del confinamiento amparadas en la prohibición a la libertad de movilización basándose en teorías conspirativas. Trump ha visto en esto una oportunidad para aplicar una estrategia de divide y conquistarás» explica Camilo Salas, periodista chileno en Nueva York.

«Se ve mucha improvisación de parte de su gobierno, considerando además que siempre está tratando de meterse en temas que no maneja y dando la impresión de querer sacar provecho personal», agrega el periodista Mauricio Bustos desde Florida. «Como está en campaña presidencial se le vio más preocupado de hacer sus rallys y juntas en arenas de estados donde él es fuerte y donde necesita reafirmar su posición con frases donde decía que en teoría esto se iba a acabar con un milagro», expresa Bustos recalcando la enorme lista de desaciertos comunicacionales que constantemente salen de sus conferencias.

Donald Trump aparece casi a diario frente a las pantallas para dar unas ruedas de prensa informativas que terminan siendo todo lo contario: poca información y mucho enredo. Y es que esa pareciera ser su intención, enmarañarlo todo en un cálculo político casi macabro que tendría como fin las próximas elecciones, para las cuales continua siendo el gran favorito, pese a que su manejo le ha costado ya la vida a miles de estadounidenses.

Merkel y el método científico 

Cruzando el Atlántico, en Europa, es donde el virus ha golpeado con más fuerza. El desolador paso que ha tenido por Italia y España evidencia la peligrosidad de esta pandemia si no se actúa de la manera adecuada y quizás por eso los liderazgos más populistas parecen estar fracasando en su contención, mientras otros más metódicos y mesurados, dan señales de combatirlo en la dirección correcta como en el caso de Alemania donde la canciller Angela Merkel ha tenido un desempeño que no minimiza la gravedad ni se desliga de responsabilidad, por el contrario, entiende que el coronavirus es una crisis que nos golpea por igual y su lenguaje se lee como reflexivo y racional.

«Creo que ha estado excelente. Al comienzo su postura fue quizás un poco silenciosa o tímida, por decirlo de alguna manera, frente al Coronavirus, pero se mantuvo mesurada y se tomó el tiempo necesario para entender mejor la situación y ahora yo diría que en retrospectiva fue lo mejor, porque empezó a trabajar muy de cerca con científicos e institutos especializados, quienes son las mejores personas para trabajar y entender el desarrollo de la situación», explica Falco Pieczonka, periodista alemán de la cadena televisiva ZDF.

Merkel ha mostrado, además de su racionalidad típica, un sentimentalismo poco habitual en ella, lo que ha generado más empatía en la población alemana, que apoya su labor. Un respeto y confianza que lleva años construyendo de manera ardua y que se ve consolidado cada vez que dirige un discurso al país con palabras que se amparan en la evidencia científica, dados sus estudios en Química Cuántica.

Los resultados saltan a la vista y son elogiados en distintas latitudes donde se resalta la baja tasa de mortalidad que exhiben, pese a ser el quinto país en el mundo con más contagios. Esto lo han logrado por varios factores, pero principalmente por ser una población que confía en autoridades cuyas medidas de distanciamiento social son acatadas por casi todos.

«Ciertamente también siente el peso de la economía. Alemania es un país rico y una gran economía a nivel mundial por lo que detener el funcionamiento implica una gran presión para ella y aún así lo ha hecho y ha impuesto restricciones a la población exigiendo que se queden en casa», agrega Pieczonka quien considera que «tenemos una buena líder, que se nota preocupada de las personas y que toma decisiones responsables y eso es un alivio para nosotros».

El drama español

Como lo mencionábamos antes, España es quizás, junto con Italia, uno de los países más golpeados por el Covid-19. Las cifras exhibidas son sencillamente escalofriantes y las imágenes que se vieron hace no tantas semanas eran desgarradoras, con profesionales de la salud pidiendo a gritos ayuda ante una situación que sencillamente se les fue de las manos.

«Acá la prevención empezó relativamente tarde. El gobierno dijo al comienzo que no habrían muchos infectados, que no sería un problema serio», recuerda Ander Redin, doctorado en Historia de la Ciencia en Barcelona, quien además contextualiza que la situación en el país ibérico tomó al gobierno de Pedro Sánchez recién acomodándose tras ganar las elecciones. Un gobierno que ha asumido hace poco y que no cuenta con mayoría parlamentaria para enfrentar este desafío y que debe transitar esta crisis con otra problemática: buscar acuerdos con la oposición.

«Este es un gobierno, que se supone de izquierda y que intenta que sus políticas económicas suavicen un poco el golpe que ha significado todo esto para las personas, como el quedarse sin trabajo, el no saber qué va a pasar, entonces intentan dar una respuesta, pero están atados de pies y de manos por esas fuerzas externas que priorizan que hay que recuperar la economía», añade Ander, señalando además que el gobierno de Sánchez intenta ir en la dirección adecuada con medidas socialdemócratas que mitiguen el impacto.

Igualmente la sensación no ha sido positiva, pese al relativo consenso que existe en ese país de que nadie le tomó realmente el peso al Coronavirus a tiempo. Un escenario que se complejiza aún más si consideramos la constante disputa interna que ha llevado a que muchas comunidades independentistas establecieran agendas propias.

«Aquí el presidente del gobierno catalán solicitó declarar el confinamiento días antes que lo hiciera el presidente Pedro Sánchez, por lo que en términos políticos, las relaciones con el gobierno central han estado crispadas, como lo vienen siendo hace ya algunos años», indica Nicolás Cárcamo, estudiante chileno que estudia Historia en Barcelona.

«Es complicado comparar el manejo de las autoridades españolas y las chilenas respecto a la crisis. Esto en particular por los contextos que los componen. Un estado que todavía tiene aires de bienestar, donde se pudieron inyectar 200.000 millones de euros solo para el combate de la crisis sanitaria sin sustraer más del 20% del PIB nacional, versus un país que fue azolado por el neoliberalismo durante los últimos 30 años, y donde el gasto en salud pública no representa más del 5% del presupuesto nacional. Eso sin considerar las reducciones presupuestarias llevadas a cabo por el ministro Mañalich a principios de este gobierno», explica Cárcamo desde un país donde las grandes cifras de contagios y muertes dejaron de ser solo números lejanos y se convirtieron en casos cercanos para muchos y muchas.

Por ahora el gobierno de Sánchez comienza el plan desescalada, que de cierta manera busca ir regresando gradualmente a la normalidad dando la sensación que lo peor ya pasó. Habrá que ver qué escenario le queda ahora a su gobierno tras la verdadera ola de muertes y contagios que significó el tsunami del coronavirus.

The future is female

Jacinda Ardern tiene 39 años y es la líder del gobierno en Nueva Zelanda. No solo eso, este domingo recién pasado ha declarado que su país ha eliminado el coronavirus, lo cual no significa que no vayan a tener nuevos contagiados, pero sí que han eliminado los casos de contagios locales.

Llevan una semana con cifras de contagio de 1 dígito y este domingo solo registraron un nuevo contagio. Y por asombroso que parezca, no se relajan en el país oceánico y advierten contra la complacencia y el triunfalismo. «Estamos abriendo la economía, pero no la vida social», dijo Ardern en la conferencia diaria de este lunes.

¿Pero a qué se debe este éxito rotundo y que su liderazgo haya empezado a ser reconocido en todo el mundo?

El camino no ha sido fácil para ella. Es mujer y es joven, dos aspectos que en el juego político tuercen las cosas en tu contra muchas veces. Sumémosle el hecho que también fue mamá por primera vez en el inicio de su mandato y que tuvo que lidiar con un asesinato masivo en una mezquita que dio la vuelta al mundo. Un festín para los grupos conservadores de su país.

«Cuando empezaron los primeros casos todo el mundo estaba preocupado acá porque este es un país pequeño. Son algo así como 13 hospitales (públicos) los que tenemos y no existía la capacidad para enfrentar una pandemia, así que corríamos el riesgos de que sucediera lo que pasó en Italia o España», señala Daniela Pavez, periodista chilena en Nueva Zelanda, quien destaca la velocidad de reacción que tuvo Ardern y sobre todo su empatía para conectar con la gente y conseguir resultados efectivos.

«Vamos a quedarnos en casa para salvar vidas«, dijo la Primer Ministro desde un comienzo. Sus mensajes comenzaron a repetirse no solo en las conferencias televisivas donde su lenguaje era cercano, inclusivo y aceptaba responder preguntas, sino que además comenzó a entregar palabras por redes sociales y no era raro verla vía Facebook Live hablándole al país casi que en pijama y de una manera muy informal, rompiendo con la tradicional empaquetadura de cualquiera de sus colegas. Conectó con la población y se mostró como una ciudadana más.

Empatía, transparencia y cercanía han sido los elementos claves para conseguir el respeto y compromiso de su población, además de mitigar los niveles de angustia. Eso y tener una sola líder que comanda el combate contra la crisis ha ayudado a que Nueva Zelanda transite con cierta tranquilidad y sin arrepentimientos la crisis del Covid-19. Sin intentar aplanar la curva, sino que pulverizándola de lleno.

Luces y sombras en Perú

Podría decirse que la sensación en Perú es «se nota el esfuerzo, pero seguimos empeorando». Y es que el país incaico pese a tomar medidas más severas que el resto de sus vecinos continúa mostrando cifras preocupantes, situándose dentro de los 3 países de Latinoamérica con más contagiados y con una tasa de mortalidad de las más altas. A esto hay que sumarle constantes conflictos internos y una crisis en el sistema penitenciario que condujo a la salida del ministro del interior Carlos Morán hace pocos días.

El gobierno peruano es liderado por Martín Vizcarra, quien no fue elegido por la ciudadanía, sino que vino a relevar al renunciado Pedro Pablo Kuczynski. Tantos sus medidas como su lenguaje han llamado positivamente la atención en Perú, posicionándolo como un líder que busca cuidar de la población y que además aboga por la inclusión. Pese a esto último su enfoque es una continuidad del gobierno neoliberal que dejó su antecesor aunque, como explica Gabriela Sialer, antropóloga peruana «con mayor orden y en la medida de lo posible, al menos en esta crisis, con mayor empatía».

«En marzo del 2018 cuando sale PPK por el escándalo de corrupción, Vizcarra que era vicepresidente, viene aquí a empezar su cargo sin habérselo imaginado jamás. Entonces cuando llega esta crisis del coronavirus empieza a tomar una serie de medidas que nos han sorprendido positivamente porque se aleja de los presidentes empresarios de la región como Piñera, Bolsonaro o Trump y prioriza la salud y el bienestar de los ciudadanos por encima de la producción económica», explica Sialer, directora de adthropologist, boutique de investigación etnográfica y estrategia de comunicaciones.

Vizcarra decretó estado de emergencia y curentena nacional desde el 16 de marzo y jamás desestimó el cuidado que había que tener frente al coronavirus. Además instauró medidas como un bono a la población más vulnerable de casi 100 mil pesos chilenos y el llamado «pico y placa de género«, una medida similar a la restricción vehicular, pero que determinaba ciertos días de la semana para permitir salidas de hombres o mujeres a realizar actividades diarias como compras. La medida trajo problemáticas lógicas como el hecho de que eran las mujeres las que ejercían mayoritariamente las labores de abastecimiento por ser jefas de hogar lo que significaba mayor abarrotamiento en los mercados, así como problemas de discriminación y violencia con comunidades LGBTI.

«A pesar de no ser un presidente progre, sí utiliza términos como machismo, homofobia, desigualdad de género y se sitúa como un gobierno inclusivo (…) Hay un intención, él es como un papá, muy paternal, que trata de deconstruir su patriarcado, pero que aún no lo consigue porque nunca ha sido parte de su agenda, pero todas las personas le reconocemos ese intento», analiza Sialer, sobre las medidas que ha impulsado Vizcarra en pos no solo de hacer frente a la crisis sanitaria, sino también a una realidad social como es el machismo en Perú.

Pros y contras para un liderazgo que ha implementado medidas progresistas como la designación de una mujer joven en el Ministerio de Economía o la promesa de investigar el negocio de las AFP en Perú, pero que tambalea con los datos duros que arroja la crisis en un país que ya se acerca a los mil muertos. «Es un gobierno que no elegimos, pero que nos está sorprendiendo, más positivamente que negativamente», finaliza Sialer.

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