«Somos un país de desastres, pero no tenemos una política de estado al respecto»

Publicado por disorder.cl

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Por Andrés Andueza

El terremoto en Valparaíso del año 1906 es un hito presente en la memoria local, sin embargo, antes de dicho evento, entre cinco y seis mil personas murieron víctimas de la viruela que se esparció por la ciudad el año anterior. Más de cien años después, en un escenario muy parecido, el periodista Andrés García nos expone en su libro «Valparaíso en 1905. La viruela que arrasó la ciudad”, publicado por Editorial Crisantemo, el desarrollo de dicho evento, donde autoridades locales y nacionales, así como los habitantes del Puerto, tuvieron que lidiar con mayor o menor fortuna con un virus que se esparció rápidamente por plan y cerros, enfermando a ricos y pobres, a niños y adultos por igual.

Esta entrevista en ningún caso pretende sumar inquietud al escenario de crisis sanitaria actual. Necesitamos explicaciones, contextos que nos hablen, que nos enseñen, que nos permitan tomar caminos, escoger directrices. En fin, saber dónde otros pisaron y si erraron o acertaron en situaciones similares, para seguir su senda, o por el contrario, cambiar el rumbo.

Tu libro, Andrés, fue publicado el año pasado, y no pudo haber sido más oportuno. Y quién hubiera imaginado que dicha oportunidad se pudiera dar.

Sí… el libro apareció publicado en septiembre del año pasado y fue bastante accidentado desde un comienzo. Sale en septiembre, en octubre se viene el estallido social y eso nos significó perder muchas presentaciones por el tema del toque de queda a las seis de la tarde. Y ahora, bueno, pasa esta situación, esta pandemia, que como te decía, tiene algunos paralelos con el libro, desgraciadamente.

Y has perdido oportunidades de presentar tu libro sobre una epidemia, justamente por una pandemia.

Las presentaciones, obviamente, la idea cuando uno saca un libro así, sobre todo con un tema regional, la idea es estar presentándolo siempre. Pero, bueno, hay que buscar otras plataformas nomás. Hay que adecuarse.

Es un poco paradójico, ¿no?

Sí, hay que adecuarse, y lo importante es que la gente le tome el peso.

Una pregunta que a lo mejor formulártela podría ser injusto. ¿Sería recomendable leer un libro sobre una epidemia, en medio de una pandemia mundial?

Yo creo que sí. Porque, primero, te ubica. No solamente históricamente, sino también por tu situación. Te permite hacer un paralelo, con ejemplos bastante claros, de que en realidad, Chile en cien años no ha cambiado mucho. Por lo tanto, las consecuencias, los problemas que tú vas a ver en ese libro sobre la epidemia de viruela, te permiten hacer una analogía con el tema actual. Por ejemplo, el tema del tiempo. Da la casualidad de que calzan más o menos (con respecto a la época del año). Por ejemplo, he escuchado «no, si de acá a septiembre va a estar bien» y no es así. Una epidemia, más o menos, va a durar un año, en el que hay que tener cuidado. En el caso de la viruela, lo más grave fue en invierno. Los meses de mayo, junio y julio fueron terribles en la Quinta Región. Mucha mortandad. Y hubo un pequeño declive en septiembre. ¿Qué pasa en septiembre?, festividades. Entonces la gente se relajó… y se produjo un rebrote en octubre. Entonces, las epidemias se manifiestan así. Tienen alzas, bajas. Entonces, leer un libro sobre el tema te permite ubicarte y, también, a no seguir el mal ejemplo y seguir los que te pueden servir.

El principal método de trabajo fue reunir el material de la prensa de la época para construir el relato. ¿Cómo fue esta experiencia?, ¿Podríamos establecer un gran punto, o varios, de diferencia con la forma de hacer periodismo en nuestra época?

La primera diferencia con la prensa actual es el hecho de que, antiguamente, no era tan alarmista como ahora. Entendiendo alarmismo en el sentido de que llamar a la calma sin por eso quitarle la gravedad al asunto. O sea, tener una actitud racional. Ahora, según mi opinión, el periodismo exacerba mucho la alarma. Está bien, por un lado, el dejar claro que las cosas son alarmantes, pero considero que alarmar más de la cuenta resulta nocivo. Por ejemplo, hablando muy personalmente, vivo en un edificio donde vive mucha gente de la tercera edad, y están todos aterrados con esta situación, porque claro, ven muchas noticias. Yo les digo, oiga, no vea tanta noticia. El periodismo antiguo era un poco más centrado, me atrevería a decir.

La epidemia de viruela del año 1904-1905 en Valparaíso, como indicas en tu obra, fue sólo una de las tantas que asolaron la ciudad. Entre 1865 y 1905 se produjeron epidemias de tuberculosis, tifus, escarlatina, sarampión, entre otras. La misma viruela se repite en los años 1875, 1886, 1891 y 1893-94. La ciudad estaba en permanente convivencia con enfermedades de alta tasa de mortalidad. ¿Por qué investigar puntualmente, en extenso, la epidemia de viruela de 1905?

Como te decía, el descubrimiento de este suceso para mí fue una sorpresa, porque yo estaba inmerso en otra investigación que abarcaba los mismos años. Ahora, lo positivo es que en esta viruela el periodismo porteño era más o menos importante, estaba bastante desarrollado. Piensa tú que, según autores, había entre 130 mil y 200 mil personas en Valparaíso, y para ese número de personas, cuatro diarios, dos semanarios, te habla de un desarrollo periodístico importante. Esta viruela se enmarca en un periodo en el que Valparaíso tenía mucha producción de una serie de cosas, y entre ellas, el periodismo. Eso nos permite, precisamente por el año, por el contexto, abarcar a fondo, sobre todo por sus consecuencias sociales.

A la luz del sentimiento de calamidad mundial que se aprecia hoy en día, parece que los saltos generacionales han sido muy marcados. No parece haber memoria de la muerte en la cotidianidad, por lo menos no en el mundo occidental. Los muertos, si comparamos con otras pandemias mundiales y locales en otras épocas, han sido ínfimos.

Nosotros nos acostumbramos, me voy a atrever patudamente a hablar de “occidente”, a tener una vida bastante superficial. Una especie de cultura del placer, estábamos metidos en eso. Y esto es una especie de “cachetazo” y la lección más positiva que podemos sacar es que, en realidad, las cosas más importantes no eran los lujos vanos, los viajes de placer… todo esto no era lo importante ¡lo importante éramos nosotros mismos! Esto nos agarra en un momento bastante superficial de nuestras vidas, preocupados de estupideces. Lo otro, como tú decías, en el pasado había mucha mortandad, cosa a la cual nosotros no estamos acostumbrados, además. En el Valparaíso de la viruela (año 1905) la pelea principal era contra la tuberculosis, que constantemente mataba mucha gente. Nosotros no teníamos ningún enemigo (en comparación).

El escenario social y político que se evidencia en tu investigación tiene puntos que se asemejan con la crisis actual. A la falta de disciplina social, reflejada en el irresponsable comportamiento personal de los habitantes de la ciudad, se agregan quejas por el actuar negligente del gobierno y del Estado. Más de cien años separan ambas contingencias, sin embargo, los problemas y las respuestas parecen ser las mismas.

Sí, tiene que ver con la nuestra cultura. Pensaba en el tema de Antuco, que se conmemoró recientemente. Nuestra cultura, como decía el antiguo Consejo de Higiene de Valparaíso que está citado en el libro, es saber cómo evitar algo y no hacerlo. Este Consejo decía, lo que más lamentamos nosotros es que presentamos información sobre las enfermedades evitables, pero nadie hace lo que se tiene que hacer para ello. Este problema cultural tiene más de cien años y los gobiernos chilenos siguen comportándose de la misma manera. No hay una política de Estado al respecto. Nosotros que somos un país de desastres, pese a eso, no tenemos una política de estado clara al respecto. Al final es la gente la que termina ayudándose una a otra.

Incluso, la prensa de la época, al parecer más dispuesta a confrontar a la autoridad que hoy en día, expresaba su malestar por, según su percepción, la actitud constante de los gobiernos de la época: el ocultamiento de información, puntualmente el número diario de contagiados. Esta misma queja la tenemos hoy en día.

Así es, por eso, cuando me preguntabas si era conveniente leer este libro ahora en medio de una situación similar, por lo mismo yo pienso que sí. Ahí tú te vas dando cuenta de todas las analogías que desgraciadamente uno va sacando. Y probablemente va a ocurrir lo mismo que aquella vez. Los grandes héroes serán anónimos: la gente que trabaja en los hospitales, los y las enfermeras. Al final ellos van a llevar la carga de todo este proceso. En el caso de la viruela, si no hubiera sido por los estudiantes de medicina de Santiago enviados por el doctor Augusto Orrego Luco y la intendencia, que reaccionó tarde, pero reaccionó, la epidemia hubiera durado mucho más.

Esta queja incluso está en las palabras finales de tu texto, como una evidencia que no se puede dejar pasar.

En el caso de la epidemia de viruela de 1905 eso fue vergonzoso. En ese tiempo tenías un país escandalosamente centralizado, más que ahora, y de Santiago llegó una vacuna viciada. A ese nivel, una inoperancia absoluta. Muchas personas creyeron que sus niños estaban a salvo, y sus niños murieron igual. Estamos hablando de eso. Y qué te devuelve la vida de un niño, nadie. Entonces es una negligencia criminal lo que ocurrió en ese momento. Además, con la viruela no solo te tenías que vacunar una vez, sino dos semestralmente para estar relativamente a salvo. Entonces imagínate con un antídoto viciado, un desastre.

Como conclusión, señalas que la vacunación masiva practicada fue la causa directa de la disminución y el declive de la epidemia de 1905. En este caso puntual, existía una oportunidad, que hoy no tenemos aún. ¿Qué hacemos?

Hay que ceñirse a nuestros antiguos doctores de hace más de 110 años y concentrarnos en las medidas tendientes a evitar esta propagación. Ahí es importante que la misma ciudadanía reaccione, porque ya sabemos que de parte del gobierno la ayuda va a ser absolutamente relativa. Es parte de nuestra cultura. Me atrevería a decir no solo de los gobiernos, del Estado chileno, que no es un buen, entrecomillas, “padre”. Lo que va a pasar es que la gente se va a terminar ayudando una a otra.

Comentarios publicados en "«Somos un país de desastres, pero no tenemos una política de estado al respecto»"

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  • Excelente entrevista, leí el libro el año pasado y fue un presagio, crónica de una muerte no anunciada, en palabras del recordado poeta