
Esta columna fue escrita originalmente en una bolsa de mareo de Lan, en el vuelo 272 Santiago – Balmaceda
Eso de que viajar es un placer no me va en lo absoluto. A decir verdad, viajar me carga. Estar sentado más de una hora me desespera, con mucha suerte tolero subirme arriba de una micro o un colectivo.
Bus, avión, bote o carreta, siempre es igual, siempre me pasa lo mismo. Quizás soy medio claustrofóbico y no me he dado cuenta aún, o tal vez sea por la infaltable guagua que chilla como si se estuviese muriendo en el asiento de atrás, o por el nunca bien ponderado chango pokeflaite que escucha sus ringtones reggetoneros a todo chancho, o por el gordo roncador que se sentó al lado tuyo y te pega codazos cada vez que se atora. La verdad no lo sé, pero tengo la certeza de que el desagrado que me provoca viajar es supremo.
A diferencia de Leo Prieto me cargan los aviones, y debe ser el medio de transporte donde más me altero, no sólo por el insultante “snack” que sirven ahora en Lan Piñera, que cada vez es más inversamente proporcional al precio del pasaje y se achica cada año, sino que por saber de que uno anda volando a la conchadesumadre y de cualquier huevá que pasa te vas a morir seguro y bueno, también por las azafatas que se pasean con su sonrisa cínica y sus blusas semitransparentes diciendo “senkiu for flaying in lanesprés” lo que me pone muy nervioso.
Además siempre me pasa alguna mierda. Que el avión se atrasa, que el bus pincha una rueda, que se yo. Siempre es algo que me amarga aun más el viaje. Lo menos malo que me puede pasar es darme cuenta arriba del bus/avión que las pilas del discman se me agotaron. Y no uso discman por ser sui generis, sino que porque estoy muy lejos de un reproductor de mp3 con capacidad decente e infinitamente más lejos de un i-pod, pero eso es lo de menos. Una vez me tocó viajar en un Pullman con un grupo de gitanos que andaban con un lote de cabros chicos que se paseaban en pelota por arriba de los asientos e iban a mear al asiento de más adelante.
Otra vez me tocó, el año 2001, que una hueona venía volá como chancho y se le ocurrió bajarse del avión cuando no le correspondía por lo que tuvimos que esperar arriba del avión más de cuatro horas mientras el GOPE registraba el avión porque, en medio de toda la paranoia del ataque a las torres gemelas, podía tratarse de un “atentado”.
Pero sin duda alguna, lo peor que me ha pasado fue una vez que a una señora que venía en el asiento al lado del mío se le ocurrió romper la fuente, justo arriba de mi zapatillas.El olor a placenta me acompañó todo el viaje. Super grato.
A pesar de todo debo reconocer que Lan Egocéntrico me han dado la oportunidad de conocer a muchas personalidad del jet-set como Bam Bam Zamorano y Kenita, Palmenia Pizarro, el ex ministro Puccio, El Compadre Moncho, la Tía Teta y Ludovica Paleta, A.K.A María Joaquina de Carrusel. Pura gente topísima
Pero, poniendo en una balanza lo bueno y lo malo, el saldo siempre es negativo y nada se compara con la agradable sensación de saber que el viaje se acabó y ya estás tranquilito en tu casa.