Sexo, levonorgestrel y viejos idiotas en television

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Nuestro colaborador ocasional, Roberto Hadi, vio Tolerancia Cero el domingo pasado y a partir de las tonteras que dijo el presidente de RN, Carlos Larraín, nos envía esta serie de reflexiones sobre la prohibición del Levonorgestrel y de cuán estúpida es la ultra derecha chilena por querer a toda costa que pensemos como ellos. Teorías, aborto y tres viejos de mierda que deciden por todos, en la siguiente columna.

por Roberto Hadi

Domingo 06 de abril del 2008, 22:23 horas.

Estoy viendo el Tolerancia Cero. Carlos Larraín, presidente de RN acaba de hablar sobre el reciente fallo del Tribunal Constitucional que prohíbe la distribución estatal de anticonceptivos que contengan Levonorgestrel, incluyendo la píldora del día después.

Todos los anticonceptivos que reparte el Estado tienen Levonorgestrel. Villegas se tuvo que tapar la boca con la mano para que no se viera que se estaba riendo del viejo idiota. Incluso el tarado de Matías Del Río, el huevón más penca de la televisión chilena después de Franzani, tuvo un ataque de nausea existencial y pasó un rato tratando de imponerle un mínimo de racionalidad al idiota y a Melnick.

Guillier agotó su propia paciencia más o menos rápido y cambió el tema, aunque se notaba que quería mandar a la cresta al pelotudo y no podía por contrato. No sé por qué me gasto la vida viendo esta mierda. A estos mierdas. Pero si algún ocioso grabó esta huevada por favor que la suba a youtube, si se difunde adecuadamente la imagen del viejo sorete, podría caer definitivamente. Fue su peor momento televisivo, hasta ahora.

La posición favorable a restringir el acceso a la pastilla tiene solo dos argumentos y ambos fueron expuestos en el programa. Melnick usó el argumento teológico y Larraín uso el argumento de los valores familiares.

El argumento teológico es que la vida humana es sagrada (y que la vida del que está por nacer es garantizada por la constitución), y que la píldora del día después puede tener un efecto abortivo en lugar de anticonceptivo, y en esos casos el Estado, en su infinita bondad, no puede atentar contra esas pobres almas inocentes.

Asumamos que el número de abortos que producen las pastillas es de uno por cada cien embarazos prevenidos (porque no tengo idea de cual será el numero real), pero debiera ser aún menor que eso tomando en cuenta que hay médicos que salieron en la prensa descartando la posibilidad de que sea abortiva. Comparemos eso con el estudio mencionado en el último The Clinic, del cual el Tribunal Constitucional tendría conocimiento, que dice que al prohibir la distribución de estos anticonceptivos el numero de abortos al año se duplicaría -como mínimo- y tenemos que en la practica al prohibir la píldora el número neto de ABORTOS REALES AUMENTA POR LO MENOS AL DOBLE A CAMBIO DE EVITAR UN NÚMERO ÍNFIMO DE ABORTOS ACCIDENTALES.

Por supuesto, la vida humana no es sagrada (NADA es sagrado), y la de los fetos no tiene ningún valor contra el derecho de sus madres a disponer de sus propios cuerpos. Dios no existe y el alma tampoco, pero quedémonos con el primer argumento que tiene respaldo estadístico y no solo moral, pragmático y de sentido común.

El argumento de los valores familiares que fue el expuesto por míster idiota es que si uno es padre y tiene una hija de, digamos, 15 años, y esta sabe que existe un medicamento que le permitirá el no quedar embarazada pese a tener sexo desprotegido, y que se lo van a dar en el consultorio de la esquina, es más probable que se permita el tener sexo temprano desprotegido. Por extensión, el argumento sería que tres viejos de mierda con plata, que no confían en sus hijas, tienen el derecho a cagarse en todas las demás mujeres de este país porque les escribieron la constitución a pedido y tienen «valores familiares».

Hay un argumento a favor, no de la píldora, sino del aborto, que nunca llega a la prensa, al que me gusta llamar el argumento contra la maldad absoluta. Es mío, pero estoy seguro que muchos autores y autoras feministas deben haber llegado a la misma idea hace mucho. El argumento consiste en que el aborto es irreducible, sea legal o ilegal, y esto está demostrado en las políticas públicas comparadas. El aborto no se ha erradicado nunca en ningún lado, sencillamente disminuye cuando los anticonceptivos son distribuidos adecuadamente, pero mientras que en un ambiente de aborto legal el mal contenido en el aborto es un mal relativo y limitado (algunas mujeres que decidan abortar quizás no debieran hacerlo), en un ambiente en que el aborto es ilegal es posible que la familia de una mujer que no desea abortar la obligue a hacerlo y el abortista, que no responde ante nadie, puede hacerla abortar de todas maneras, a la fuerza, y esto es un mal de una naturaleza mucho peor que la que pudiera contener ningún aborto voluntario.

El sistema, como funciona actualmente, permite esto, y por eso la imagen de una mujer a la que le están matando el hijo que quiere tener adentro de su cuerpo tiende a ser lo que se me viene a la cabeza cuando escucho el argumento de los «valores familiares».

Chile tiene una natalidad baja y una pobreza cuyo crecimiento está relativamente bajo control. Lo uno es causado por lo otro. La derecha quiere aumentar la natalidad porque eso disminuye el valor de la mano de obra. La gente, viva o en gestación, les importa una mierda. Las mujeres menos.

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