
El explosivo crecimiento ha que tenido Internet y la democratización de la cibercarretera mundial de la información gracias a los servicios de la llamada web 2.0 no parecen ser avances tan positivos como pudiese parecer para quienes vivimos enchufados a un computador gran parte del día.
Claro que es chori que cada vez más gente tenga acceso a Internet y que cada vez se utilicen más los espacios que permiten un desplazamiento libre de la información como los blogs y las e-zines. El problema surge cuando estos espacios son usados para promover ideas reñidas con lo que entendemos “bueno” o “correcto”, como lo son el terrorismo o el odio racial y religioso.
El Centro de Estudios Simon Wiesenthal -que lleva el nombre del ilustre cazador de nazis y tiene como tarea el estudio y promoción de los derechos humanos”“, luego de elaborar un estudio llamado Hate in the Information Age, concluyó que en el último año el odio cibernético, u odio 2.0 si lo prefiere, había aumentado en un 30%. Esto quiere decir que en doce meses había 8.000 páginas más con contenido “problemático”. Si me preguntan a mí, con certeza afirmaría que el odio en la red creció desde que en Disorder tenemos feedback.
De cierto modo esto no debería sorprendernos en absoluto si tomamos en cuenta que las herramientas para difundir ideas y opiniones con respecto a tal o cual tema han aumentado exponencialmente respecto hace un par de años atrás, y resulta un tanto obvio que puedan ser usadas para promover el racismo, el antisemitismo o para humillar a una persona ”“lo que se conoce como el ciberbullying”“ de manera anónima y cobarde, como tantas veces lo hemos visto en nuestro país.
Desgraciadamente es imposible llevar un control sobre los contenidos peligrosos en Internet porque no puedes tener así como un Net Nanny sobre un espacio del cual no se conocen límites porque siempre va a haber algo que se escapa. Por lo demás, la línea entre el adecuado control de la información disponible y la censura, resulta demasiado tenue como para “prevenir” la proliferación de contenidos realmente peligrosos cosa que, siendo sincero, me parece imposible.