Fiebre de un viernes por la noche: Hot Chip en Amsterdam

Publicado por Francisco Franetovic

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Mientras en el hemisferio sur ya empezamos a andar semidesnudos y a bañarnos en piletas para capear el calor, en Europa los grados celsius tienden a cero. Amsterdam, a pesar de sus drogas y mujeres, no se salva del frío. Pero claro, hay excepciones: un 14 de noviembre Hot Chip calentó la noche en Amsterdam. César Rivera estuvo ahí, y ésta es la historia.

Por César Rivera Gálvez / Fotos: Kitty Bons

Melkweg, 14 de noviembre del 2008

Eran casi las 7 de la noche y me encontraba en medio de ese caos organizado llamado Amsterdam. Los autos transitaban de modo apresurado por las diversas calles, a veces flanqueados por algunas bicicletas, a veces superando tranvías. Esta vez caminaba sin compañía, inmerso en la vorágine de la pecaminosa capital tulipán. La noche lluviosa matizaba de melancolía la mezcla de tendencias que se observan en la arquitectura, la moda, y, en general, en cada detalle que hacen de Amsterdam una de las capitales más atractivas del orbe.

Llegué a Melkweg con algo de anticipación ya que imaginaba el lleno rápido del recinto que presentaría a Hot Chip. Sin embargo, la sala se encontraba algo vacía faltando algunos minutos para el inicio del concierto. La sensualidad y, en especial, el libido se escondía en alguna sombra. Una pareja se encontraba bebiendo con miradas ajenas a la conversación. Ella era una rubia pequeña pero linda y él era un clon del Vincent D’onofrio de Full Metal Jacket, con la misma mirada extraviada. Él no hablaba. Cuando fui a fumarme un cigarro con cerveza en mano a las afueras del recinto, entendí que existía un acuerdo tácito entre todos los fumadores, que era aguantar hasta el último momento para entrar ya que es conocida la ley en Holanda que prohíbe fumar en los recintos públicos, sean restaurantes, bares o salas de conciertos.

Cuando la sala estaba a medio llenar, empezaron a desaparecer los últimos compases de la música que anticipaba la eufórica noche, para dar paso al support act. A pesar que en su myspace aparece Grovesnor como una banda, sólo apareció un tipo de casi 40 años, ropas ceñidas y algo entrado en carnes. Gran inicio de la noche. El inglés se hacía cargo del keyboard y de las guitarras, apoyado por la caja de ritmos que deambulaba entre el tecno-pop y el soul. Me recordaba al Joe Jackson de inicios de los 80’s o sugería a un Billy Joel apoyado por Hot Chip. El sentimiento se encontraba entre los beats y los riffs furiosos herederos del new wave. En resumen, una grata sorpresa a la que hay que seguir más de cerca.

Al terminar fui por algunas cervezas, cruzando las pequeñas conglomeraciones de gente dispersas por toda la sala. Observé al Vincent D’onofrio más animado, pero la chica continuaba con la cabeza quien sabe donde. Al lado, otra rubia le pedía a un clon del Val Kilmer de Top Gun que le agarre el vaso mientras se sacaba el abrigo y éste le respondía que podía ser más generoso. En ese preciso momento la oscuridad iba creciendo mientras los gritos empezaban a despertar. Me ubiqué pronto en un buen lugar al lado de gente que no se parecía a ninguna celebridad de Hollywood.

De pronto sale a escena Hot Chip entre el júbilo de quienes sabíamos sería una fantástica noche. Y así fue. Interesante fue ver que al directo de Hot Chip se suma una batería, la que da más fuerza a las canciones y que, al parecer, anticipa el sonido que describirá su próximo álbum. Se inició con el compás de «One Pure Thought Out», con la guitarra en primer plano y el ambiente creciente, hasta llegar al estallido del ritmo. Dentro de la canción iría apareciendo el reconocido contraste entre las voces de Alexis Taylor y Joe Goddard, que definen lo sublime y lo gamberro, los variados contrastes de Taylor frente a la monotonía de Goddard. El libido empezaba a asomar favorecida por la intermitente luz y el ritmo endemoniado de Hot Chip.

Seguirían basando el concierto en el Made in The Dark, álbum que llevó a la banda a ser reconocida por las diversas publicaciones especializadas. Continuaron con «Out at the picture» que desembocaría en «Boy from school», el primer desmadre de la noche. La cadencia uniforme que machaca el ritmo no oculta la sublime melodía que se basa en la tenue voz de Taylor. La belleza pidiendo que bailes con ella. Todos lo hacían. «Sheck a fist» continuaría con una textura más rica en matices, pero con menos ensueño que la anterior.

Llegaría una de mis canciones favoritas de Hot Chip, «Hold On». Una canción que desnuda las diversas influencias de la banda. Se inicia como una canción perteneciente al synth pop, para poco a poco descubrirse como una de funk. Sin embargo, el ritmo desembocaría en el house para finalmente morir en forma de una escuela de ritmo centroamericana. La canción era una invitación para celebrar el momento aunque trasciende lo superfluo, ya que descubre la complejidad de su estructura en sus casi 7 minutos de duración.

Otro de los momentos inolvidables fue «Over and Over», el himno de la indie-electrónica del presente siglo. Tiene características de las producciones de bandas del sello DFA, como puede ser LCD Soundsystem, pero renuncia a la gravedad del punk, para abandonarse al esqueleto funk. Y el ritmo adictivo se fusiona con frases divertidas como “Like a monkey with a miniature cymbal/The smell of repetition really is in you” mientras la guitarra de Al Doyle se mantiene en la misma nota, sólo estallando al mutar la estructura de la canción. Todos saltando. Todos fuera de control. Todos fuimos como monos con sus respectivos cimbales. Sólo percibía una marea alrededor mío, y lo más probable es que yo también era parte de ella. Por lo pronto, los charcos de cerveza se extendían por los suelos. El asunto era no caerse.

Luego de patinar un poco, y estabilizarme otro tanto, Doyle presenta a la banda, para empezar luego del «uno, dos, tres» respectivo los primeros compases de «Ready for the Floor», el primer single del Made in The Dark. Una canción en apariencia simple, pero elaborada por pequeños detalles que se adhieren a la guitarra funk de Doyle. Un maravilloso single que corroboró los buenos resultados conseguidos en su disco precedente: The Warning. A mi lado un hombre de unos cincuenta años, con saco y corbata, no paraba de dar saltos, confundiéndose con la marea juvenil mientras yo pensaba en quienes no quisieron acompañarme al concierto, argumentando lo púber de este. Gran error.

Con esta canción se despidieron, y pensé en la confianza que se tenían para haber utilizado todo el arsenal pesado antes de que el público los reclamara nuevamente en escena. Al volver empezaron con  «Made in the dark», una balada interpretada por Taylor, y que además es una de sus favoritas. Continuaron con su versión de «Nothing compares to you» de Sinéad O’Connor que no alcanzó la belleza de la original pero que de manera inteligente fusionaron en la parte final el «In the privacy of our love», dejando así su huella en la canción escrita por Prince. Seguirían con «Alley Cats», una nueva canción que de seguro encontraremos en el nuevo álbum que Hot Chip lanzará el próximo año. Se asemeja a «Boy from school», un medio tiempo, con la repetición dentro de la melodía.

«Bendable Poseable» cerraría la noche, y el público daba brincos en cada rincón de Melkweg como poseídos. La sensualidad se liberó en el ambiente confundida entre la música y los diversos detalles que hacen del placer un hermoso sucedáneo. La banda se introdujo dentro de la penumbra, perdiéndose entre los últimos rezagos de luz que se encontraban en el escenario. El resto de la sala se iluminó descubriendo sudores, rostros iluminados, miradas aún en éxtasis. Sin duda, Hot Chip es una de las bandas más en forma de la actualidad y, sin duda, son de lo mejor en vivo, ya que nunca repiten las pautas de una canción, sino que le agregan elementos nuevos que otorgan frescura a cada una de ellas.

Sin embargo, parecía que la noche recién empezaba y es que la euforia parecía mantenerse en el ambiente. A las afueras de Melkweg, Amsterdam mostraba su rostro más hedonista. Sus fauces nos invitaba a penetrar en sus entrañas más seductoras. No podíamos rechazar la invitación.

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