No queremos en el Congreso #4: Cecilia Bolocco

Publicado por Francisco Campos

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por Francisco Campos

Cecilia Bolocco posiblemente sea la chilena más famosa en el mundo entero.  Fue Miss Universo en 1987 y estuvo casada con Carlos Menem, el político más influyente de Argentina durante los últimos veinte años. Pero, ¿es eso suficiente mérito para creer que podría desempeñar una buena labor legislativa en el Senado? Nosotros creemos que no.

Está bien, nosotros no discutimos su condición de diva – teniendo claro que ser diva en Chile es como ser la más linda de la cuadra -, ni su licenciosa conducta sexual,  ni su tremendo aporte (?) a la televisión nacional, lo que nos cae como patada en las bolas es que consideramos que esta mujer representa lo peor de lo nuestro debido a su constante actuar maquiavélico, el que la ha llevado desde Miami hasta Anillaco con tal de figurar y ganarse una cuota de poder.

Recordemos que en 1987, luego de haber ganado el título de Miss Universo,  dijo que una pobre niña baleada en la cabeza en una protesta se lo había ganado por estar en una protesta y no estudiando, todo para hacerse de las simpatías del Innombrable, a quien apoyó fehacientemente hasta el fin de su gobierno. Hasta ahí todo bien, la tipa tenía que congraciarse con el régimen, mal que mal era la cara de Chile en el extranjero y había que demostrar que todo estaba funcionando de maravillas. De que fue una tonta útil, lo fue y de eso no hay duda alguna.

Evidentemente esto es suficiente para ganarse la antipatía de muchos chilenos, pero lo que colmó el vaso fue su relación con el nefasto ex presidente argentino Carlos Menem –  uno de los hombres más odiados en América Latina por ladrón, estafador y asesino -, con quien contrajo matrimonio en el 2001.  Habría que ser muy ingenuo para creer que el matrimonio fue por amor y no darse cuenta que el matrimonio fue por interés ya que, por aquellos años, Menem tenía grandes posibilidades de alcanzar nuevamente la presidencia de Argentina.

Durante ese periodo, no tuvo empacho en hacer cuanta lesera se le ocurría para ganarse las simpatías de los argentinos: se tuvo que bancar un matrimonio «popular» en un gimnasio,  asumió el look Evita y se vistió con la bandera argentina para la portada de una revista, se bancó estar encerrada durante meses en el fundo de Menem mientras este estaba con arresto domiciliario por diversas causas judiciales, las que iban desde el tráfico ilegal de armas, la malversación de fondos y crímenes contra la humanidad.  Pero lo que ya fue el colmo de los colmos fue quedar embarazada de Carlitos, algo así como «me lo aseguro con guagua». Sin embargo, Cecilia no dudó en mandarlo a la punta del cerro cuando la carrera política de Menem caputó definitivamente.

Luego, vinieron programas de televisión fallidos, las escandalosas fotos con un italiano en Miami, pero  inexplicablemente seguía en su sitial de diva protagonizando campañas publicitarias multimillonarias, como si su presencia denotase confianza, elegancia o calidad –  cuando en el fondo representa todo lo contrario – y lo peor, es que le funciona.  La vieja todavía tiene arrastre y hay quienes la consideran lo más grande que ha dado nuestro país. Es por eso, que la señora se le subieron los humos a la cabeza y probablemente pensó que podía iniciar una carrera en el Congreso o en el Senado, porque, claro, no se anda con chicas, ya que la Cámara de Diputados es para los rotos, no para una «dama» como ella.

Además, con una mano en el corazón ¿qué podría ofrecernos Cecilia Bolocco en el Congreso? claramente nada y aportaría menos a la discusión política contingente que un cenicero a una moto.

En todo caso, esto de las miliqueras que se meten en política, aprovechándose de su «belleza» no es nuevo, ya lo hicieron la vi*ja br*ja de la Argandoña y la l*ca de p*tio de la Nin de Cardona. Esperemos que la Bolocco sea la última.

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