Reseña: Hotel de Ignacio Fritz

Publicado por Francisco Campos

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por Constanza Gutiérrez

Cuando empecé a hacer esta reseña, me propuse que ésta tuviese al menos cinco párrafos. Para muchos, usar tan sólo cinco párrafos para reseñar un libro puede significar que el autor  de la misma no se dio el trabajo de leer a fondo o hasta quizás digan que ni siquiera se lo leyó. Sin embargo, aquellos que leyeron este libro, saben perfectamente que, por mucho esfuerzo y ganas que uno ponga en reseñar «esto», es una tarea titánica y casi imposible. ¿Por qué? Porque este libro es lisa y llanamente un castigo.

Pero bueno, no basta con que diga que Hotel de Ignacio Fritz es una tortura, si no que también es necesario que explique la razón, asi que manos a la obra.

Hace años, David Foster Wallace (1962-2008), autor de «La Broma Infinita» y de «Algo supuestamente divertido que jamás volveré a hacer», en su ensayo “E Unibus Pluram: Televisión y Ficción en EEUU” investigó las posibilidades de la narrativa hoy, cuando la televisión es casi un miembro más de la familia e influye en cómo las personas se perciben a si mismas y al resto del mundo. Entre otras cosas, Wallace afirmaba que entre los años 50 y 60 la publicidad se centró en convencer a la gente de que pertenecer a un grupo era mucho mejor que andar solo por la vida. Entonces, al comprar un producto, no sólo comprabas zapatillas, o una bebida, sino la sensación de pertenecer a una masa que te diferenciaba de otras y te hacía especial, pero respaldado por más gente. Así, reflexionando sobre la televisión, sus efectos y las técnicas de ésta en sus historias, Wallace habla de un género literario al que llama “image-fiction”, un tipo de ficción que utiliza mitos de la cultura pop para escribir un cuento.

Podríamos decir que image-fiction es el género que intenta explorar Ignacio Fritz, antiguo columnista de la Zona de Contacto y autor de Tribu (2006), novela que logró un “notable éxito de crítica” según la solapa de éste,  su último libro llamado Hotel.  Lamentablemente no hay fuentes para respaldar lo escrito en la solapa, por lo tanto una, con justa razón, puede dudar de la veracidad de lo ahí escrito.

Las historias contadas en este libro hablan de James Dean descubriendo que tiene un hermano gemelo perdido antes de morir, de un Marlon Brando o de Van Helsing santiaguino. El problema está en que, aún cuando difícilmente podría decirse que Fritz escribe mal, varias de las historias no se sostienen sin haber visto cierta película o leído cierto libro antes. Entonces, por ejemplo, la reunión de un editor chileno con Stephen King resulta entretenida de leer y entendible, o la visita a nuestro país de Lori Rivers, actriz porno, siendo una descripción de escenas sin remate, puede leerse. Sin embargo, no es el caso del cuento Medusa v/s Van Helsing, que no tiene mucha gracia sin haber visto la película, porque no explica en ninguna parte la historia o “antecedentes” de los personajes ni por qué hacen lo que hacen.

Todas las historias son difíciles de leer,  no tienen un eje que guíe al lector y muchas veces agotan tanto que dan ganas de tirar el libro por el balcón. Eso sin mencionar que son oscuras y casi todas tratan de cosas como asesinatos, suicidios  –  incluso, con hombres lobo y neonazis –  y que  todos los protagonistas mueren, incluido Stephen King, que se vuela los sesos en un bosque del sur.

Probablemente cuando Ignacio Fritz quiso inventar historias en torno a sus personajes favoritos de la cultura pop de los últimos años esperaba estar del lado de Foster Wallace, pero algo salió mal. Pareciera ser que, para Fritz, lucir un listado de gustos políticamente correctos (adorar a escritores como Kurt Vonnegut o Vladimir Nabokov) es mucho más importante que el crear la historia perfecta, o al menos un cuentito entretenido. Así, incluyéndose en una masa que lo diferencia de otras, las de iletrados, gente que usa un lenguaje coloquial o no ha ido lo suficiente al cine, Fritz enumera sus gustos y no gustos cada dos párrafos, excluyendo entre sus lectores a gente que no haya visto Van Helsing o no sepa quien es Chuck Palahniuk. Sus cuentos están escritos para su grupo de amigos, gente que él respeta y con la que se escuda para ser diferente de las otras masas.

Recapitulando, puedo decir que, a pesar de lo malo que es Hotel, no se puede decir que sea el peor libro del mundo porque evidentemente tiene que haber un libro peor de la vida porque evidentemente hay algunos mucho peores dando vueltas por ahí. Sin embargo, puedo decir sin temor a equivocarme que es por LEJOS de lo peor que se publicó en Chile durante el año pasado.

Hotel
Ignacio Fritz
Editorial Contracorriente
141 páginas

Hace años, David Foster Wallace (1962-2008), autor de La Broma Infinita y el ensayo Algo supuestamente divertido que jamás volveré a hacer, en su ensayo “E Unibus Pluram: Televisión y Ficción en EEUU” investigó las posibilidades de la narrativa hoy, cuando la televisión es casi un miembro más de la familia e influye en cómo las personas se perciben a si mismas y al resto del mundo. Entre otras cosas, Wallace afirmaba que entre los años 50 y 60 la publicidad se centró en convencer a la gente de que pertenecer a un grupo era mucho mejor que andar solo por la vida. Entonces, al comprar un producto, no sólo comprabas zapatillas, o una bebida, sino la sensación de pertenecer a una masa que te diferenciaba de otras y te hacía especial, pero respaldado por más gente. Así, reflexionando sobre la televisión, sus efectos y las técnicas de ésta en sus historias, Wallace habla de un género literario al que llama “image-fiction”, un tipo de ficción que utiliza mitos de la cultura pop para escribir un cuento.

Image-fiction es el género que explora Ignacio Fritz, antiguo columnista de la Zona de Contacto y autor de Tribu (2006), novela que logró un “notable éxito de crítica” según la solapa de éste, su último libro, Hotel. Las historias contadas en este libro hablan de James Dean, descubriendo que tiene un hermano gemelo perdido antes de morir, de un Marlon Brando o de Van Helsing santiaguino. El problema está en que, aún cuando difícilmente podría decirse que Fritz escribe mal, varias de las historias no se sostienen sin haber visto cierta película o leído cierto libro antes. Entonces, la reunión de un editor chileno con Stephen King resulta entretenida de leer y entendible, o la visita a nuestro país de Lori Rivers, actriz porno, siendo una descripción de escenas sin remate, puede leerse, no es el caso del cuento Medusa v/s Van Helsing, que no tiene mucha gracia sin haber visto la película, porque no explica en ninguna parte la historia o “antecedentes” de los personajes ni por qué hacen lo que hacen.

Todas las historias son oscuras, asesinatos, suicidios, con hombres lobo y neonazis. Y todos los protagonistas mueren, incluido Stephen King, que se vuela los sesos en un bosque del sur.

Probablemente, cuando Ignacio Fritz quiso inventar historias en torno a sus personajes favoritos de la cultura pop de los últimos años esperaba estar del lado de Foster Wallace, no de lo que éste criticaba en su ensayo, pero algo salió mal. Pareciera ser que, para Fritz, lucir un listado de gustos políticamente correctos (adorar a escritores como Kurt Vonnegut o Vladimir Nabokov) es mucho más importante que el crear la historia perfecta, o al menos un cuentito entretenido. Así, incluyéndose en una masa que lo diferencia de otras, las de iletrados, gente que usa un lenguaje coloquial o no ha ido lo suficiente al cine, Fritz enumera sus gustos y no gustos cada dos párrafos, excluyendo entre sus lectores a gente que no haya visto Van Helsing o no sepa quien es Chuck Palahnuk. Sus cuentos están escritos para su grupo de amigos, gente que él respeta y con la que se escuda para ser diferente de las otras masas.

Ignacio Fritz. Contracorriente, Santiago de Chile, 2009. 141 páginas.

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