Belle & Sebastian en el Caupolicán

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Por Pablo Rosenzvaig
Fotos por
Macarena Ternicien

A diferencia de muchas bandas que podrían haberse escuchado el 14 de Noviembre, creo realmente que Denver fue lo mejor que pudo haberle pasado a la invasión pelolais Caupolicana, pero también a lo que terminó desplegando ese día (en más de una hora y media) el grupo principal, Belle & Sebastian.

Hay gente que dijo que a Denver le faltó potencia, o que derechamente no merecían estar ahí. Unos practicaron mugidos racionales, y otros irracionales, y yo que soy un tipo de a pata, a veces racional con credencial y otras lo contrario cuando me la quitan, opino que si alguien merecía estar ahí era la dupla de Milton y Mariana y todos los que los acompañaron.

La diferencia entre el Denver del disco «Música, Gramatica y Gimnasia«, y el Denver en vivo, demostró tal vez justamente lo que muchos pensaron antes: Que en vivo les falta y en disco les sobra. Y cuando digo que les falta me refiero a que les jugó en contra. Sobre todo para la gente que no los había escuchado antes y se encontró con una banda tocando en vivo, pero queriendo sonar como en un disco.

Creo que en esa dicotomía está el problema de los que ya los habían escuchado y querían verlos en vivo, y los que no, y querían escucharlos por primera vez.

Hay que aceptar eso sí, que la producción del disco les juega en contra. El ‘en vivo’ suena mucho más low fi que el disco. Y no porque en sí mismo eso sea un defecto, sino más bien, porque se notó una cierta timidez para no llenar el escenario sin el estudio de por medio. En todo caso, no sólo les faltó volumen a ellos, sino que para mí fue un problema eterno de todo el recital.

Y aún sumando pros y contras, no me imagino a nadie que pudiera hacerle el peso a un teloneo semejante. Me imagino bandas más pro y que suenen más afiatadas, tal vez, pero hay muy pocas, o casi ninguna en Chile, que se hagan cargo de la ideología de Belle and Sebastian.

Y cuando digo ideología, me refiero a que nadie antes se dedicó, por ejemplo, a crear una canción sobre un choque de bicicletas, o a que si el invierno es muy largo y uno puede acortarlo. Y está claro que muchos quisieron decirlo antes que ellos, pero nadie lo hizo de esa forma. Creo que Denver se merecía estar ahí, incluso errando. Y si no entendemos el error o la duda como una virtud, entonces en vez de escuchar Belle and Sebastian, deberíamos bailar con Phoenix.

Eso pasará en unos días más, y aunque no quiero desviarme del tema, los pelos lisos de Belle & Seb se multiplicarán como rémoras en Phoenix. Usted, gente de a pie, se preguntará la razón de que mezcle peras con manzanas, pero es bastante simple: yo iré a Phoenix, pero más allá de mis gustos y lo que me gusten algunas de sus canciones, tengo clarísimo que hay cosas que más de lo que me guste un día y otro no. Me puede fascinar, por ejemplo, Phoenix, pero siempre le voy a deber menos que a esas bandas que te acompañaron más de un verano. Más de un baile. Más de 3 discos.

Ver a Stuart Murdoch yendo del cinismo romántico de sus dos primeros discos, al barroco en clave madness, al mejor Nick Drake o al soul del último disco, es parecido a saber si ese amigo que se fue a vivir 3 años afuera, cuando vuelva, seguirá diciéndote cosas que te hagan sentido o te interpreten en algo. Y eso es lo más hermoso, aparte de sus pasos de baile copiados al mejor northern soul. Por más hype que exista, si te sabes las letras de más de 4 discos es probable que ya no sea hype. Y si no fuiste a colegio bilingüe e inventaste más de la mitad de las letras, es aún más posible.

Cuando las lais atrás mio conversaban de sus vidas miserables en clave idiota, mientras Murdoch se subía al piano y cantaba Fox in the snow, para mí era parecido a esa gente que dice “algo habrán hecho”.

Ese tipo de cosas son también las que te hacen sentir demasiado snob, porque crees compartir un pedacito más de historia que esa idiota mononeuronal, que probablemente sea más feliz que tú.

Esas son también las cosas que hacen del rock y el pop algo más que puras novedades, y eso es también es lo que fuimos a presenciar muchos el Domingo pasado.

Obvio que bailamos. Obvio que muchos agradecimos esa reverencia a sus dos y tres primeros discos. Queríamos a Dylan, a Donovan,  a Drake y a la melancolía, entre una y otra cosa, y la tuvimos.

Murdoch dijo al principio que tocarían cosas nuevas, pero que por ser la primera vez que tocaban en Sudamérica, también tocarían temas clásicos. Incluso, ni pensar en esa playa de Cachagua que le llaman «la playa de las nanas», podría haber empañado ser testigo de tanta belleza.

Cuando para alguien hay más de 7 hits, probablemente ya no sólo escuches canciones sino parte de tu historia.
En este caso, no sólo estuvimos con Belle, sino también con Sebastian.

Tal vez lo único que faltó, fue una clase de alma y palmas para las groupies que subieron al escenario. Las rubias siguen siendo taradas y bronceadas pero parece que ya no se aburren ni extrañan en“I fought in a war”.

Ve el setlist del concierto de Belle & Sebastian en Chile, acá.

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