A Combos con Chancho en Piedra (behind the reportaje)

Publicado por Ignacio Molina

Archivo: 240 artículos

Por Ignacio Molina

I

¿Qué te parecen los Chancho en Piedra? —pregunta mi editor luego de pasarme Combo Show, su último disco.

“Una mierda” —le contesto.

—OK. Escúchalo y mañana, a las 09:00, anda al diario. Quiero que esta noche repases toda su discografía y llegues con una lista de preguntas. A las 11:00 en punto los tienes que entrevistar en Ópera Catedral.

Es la primera vez que hablamos cara a cara. Las otras habían sido por celular o por mail. Me parece un tipo que tiene las cosas claras. De esos que no vacilan al decir o pedir algo. Y de esos que están dispuestos a darte una oportunidad. Porque en los otros, él se ve a sí mismo. Y por lo mismo, te trata de tal forma.

Pero eso es material para otra crónica.  El punto es que tengo menos de diez horas para escuchar unos siete u ocho discos de Chancho en Piedra, armar una buena batería de preguntas, conseguir una grabadora, comer, dormir, e ir al diario.

Esta es mi primera vez. Mi primera entrevista pagada. No puedo defraudar.

II

Estoy en Ópera Catedral. José Miguel de la Barra, esquina Merced. Pleno Lastarria. Un lugar bastante alejado de Chancho en Piedra y su parada costumbrista, folclórica y populista. Una parada que nunca les he comprado: fue cosa de ver la cantidad de tecnología que dejaron sobre la mesa en el momento de comenzar la entrevista. Por ejemplo: iPhones, iBooks y Blackberrys.

Aunque, qué importa: peor es mascar lauchas.

III

11:00 clavadas. Me recibe la agente de prensa de Sony. Buena onda: me ofrecen tomar algo mientras Canal 13 termina de entrevistarlos. Afortunadamente, soy el segundo de veinte —o más— periodistas que tienen citados hoy. Pido una Limón Soda.

—¿Nada más?  —me dice la agente.
—Nada más.

Sucede que dormí dos  horas y otra cosa me haría titubear. Y, justamente, titubear es una de las cosas que el editor me dijo, sin decírmelo, que nunca debía hacer. Es un hecho: un periodista que titubea, simplemente no sirve. Tú eliges: eres un perro de casa o de caza. Ladras o muerdes. Blanco o negro.

Sigo: en la mesa, mientras espero, un tipo me mete conversa: «Â¿Qué te pareció el disco de los Chancho? ¿Está rico, verdad?»

Pienso en dos cosas: una, me carga cuando dicen ‘Los Chancho’; y dos, luego de varias oídas, mi idea es que el disco es una mierda. Una gran mierda. Al igual que todos los discos después de Peor es mascar lauchas. Pero él no tiene por qué saberlo.

Me tomo la Limón Soda y al instante me ofrecen más cosas para tomar y picar. Bien; que buen manejo de relaciones públicas, me digo. De todas maneras mi respuesta es no. Pasa que se nota, de forma muy evidente, que me quieren apaciguar.

Me siento como a un quiltro al que le tiran restos de mortadela para que no pueda morder.

IV

Tras minutos de conversa me doy cuenta que el tipo que tengo en frente, y que ya me lleva hablando unos diez minutos del disco, es Heyne. Cristián Heyne. El productor de Javiera Mena, La Ley, Kudai, Supernova, Stereo 3. Es decir: quien ha metido mano en los discos más vendidos en Chile en los últimos diez años. Heyne: un viejo zorro. Capaz de transformar basura en canciones tarareables. De ésas que puede cantar tu hermana chica o tu abuela. Ejemplo: Maldito Amor o Amanecer sin ti.  Heyne: un iluminado. Sabe leer al mercado. Heyne: un obsesivo. Estuvo trabajando con unos demos de Javiera Mena durante tres años sólo para corregir pifias de entonación. Heyne: además de musico y periodista, experto en RR.PP.  Me comenta que Combo Show es «un disco perfecto, redondito»; de hech ya visualiza los seis posibles singles—Ella Quiere, De Amarillo y Gris, Pulguitas, Asimov, Una Aguja En Un Pajar, Sex Shop— y también ya imagina a los fans de Chancho en Piedra corearlos.

Mientras hablamos me doy cuenta que Heyne también es un brujo paranoico.

Me dice: “Ya sé cómo eres tú”.
Le digo: “¿Cómo soy?”.
Responde: “Sólo te diré que sé cuál es tu estilo”.

Así es Heyne.
Esta es su foto.
No sé si la saqué bien o se me corrió el lente. Da igual. La entrevista que me pidieron es con Chancho en Piedra.

V

Van veinticinco minutos de conversación con Lalo, K-V-Zón, Felo y Toño. Así que si ahora no hago todas las preguntas de rigor, no tendré material para llevarle al editor. Pasa que todas las  anteriores fueron lobby. Simplemente los subí al bote, les di un par de vueltas, y los puse de guata al sol. ¿Para qué? Para meterlos en el horno. Quiero comer chancho asado. Cierto: soy un mal nacido; ya en este rato me han tratado como uno más de la banda. De hecho me invitaron a un concierto. Pero, diablos, no puedo vacilar. Es el momento de meterles la manzana en la boca. De hacerles preguntas sabrosas.

Por ejemplo: ¿Por qué se achancharon? ¿Por qué siguen con las mismas temáticas (peos, pajas, semen) si ya están viejos? ¿Qué les pasa al saber que cuando sus fans crecen, los dejan de escuchar?

Pero, sorpresa, estos chanchos-gorilas saben quitarle el pecho a las balas. Saben responder otra cosa cuando se les pregunta algo puntual, y, más encima, saben quedar bien en el proceso.

Chancho

—¿Qué les pasa al darse cuenta que su público, a medida que va creciendo, se aleja de ustedes; dejándolos de escuchar, mientras que, paralelamente, van apareciendo nuevas generaciones que llenan ese vació?

«Yo creo que ese público no se aleja, sino que no se manifiesta porque la vida tiene otras prioridades. Por ejemplo el otro día fue a comprar a un supermercado cerca de mi casa, y una señora que trabaja allá se me acercó y me dijo que siempre fue fanática de la música de los Chancho y que no iba a ver desde el principio, que sabía de este disco, que tiene hijos que les gusta nuestra música», responde, sin siquiera tomar aire, Felipe.

Otra: ¿Tienen una lista de temáticas que repiten en su discografía: el sexo, el carrete, el folclore. Sobre esto: ¿ya tienen una especie de formula al escribir?

«Bueno, es que somos las mismas personas y somos honestos en lo que decimos», responde Lalo.

Chanchos boxeadores. Chanchos a prueba de golpes. Más bien: Chanchos boxeadores a prueba de golpes con una defensa digna de Pernell Whitaker. Cuesta meterles un cacho. ¿Noquearlos? No hay por dónde. Es más: al estar rodeado por estos cuatro pugilistas, dos de ellos anchos como Maguila El Gorila, es lógico que si sigo intentando meterles la manzana en la boca, me pueda llegar un cornete de vuelta. Uno de esos mismos que salen tirando en el librito que acompaña a su último disco. Y vaya que se ven agresivos y peligrosos en esas fotos.

VI

12:50. Round 10. No los he noqueado, pero sí les he metido un par de ganchos mareadores. El punto es que estoy contra reloj, y, a lo lejos, la agente de prensa me  hace  el gesto técnico de que se acabó el tiempo de la entrevita. Entonces, me perfilo, muevo los pies, y les tiro mi último combo. Uno directo al estómago:

—¿Pasará que, actualmente,  los fans sienten que se están achanchando, qué están abusando de las formulas?

En eso llega Heyne, y se para frente a mí con la misma actitud con la que se paran los guardias ex CNI que conocí hace un rato en el diario. Digamos, su actitud no es de mucha amistad. Si esto fuera La Granja de Orson, el no sería Orson, sino que uno de los tres cerdos.

Me voy. Mientras bajo las escaleras del Ópera, miro a ‘Los Chancho’ desde lejos: se ven confundidos, quedaron mareados. Hechos morcilla: llenos de sangre prensada por dentro.

Sin embargo, nadie ganó la pelea. Cuesta admitirlo: ellos tuvieron algo muy importante durante el combate: ¿Qué cosa? El cariño del público. Si bien ya  no les queda nada de funk y sus letras son cada vez peores, si les queda la buena onda, la tontera y la alegría.

Y esto es lo que los hace durar en el tiempo.

Chanchos a prueba de balas.

Comentarios publicados en "A Combos con Chancho en Piedra (behind the reportaje)"

¡Deja el tuyo!