Jacqueline Van Rysselberghe (de ahora en adelante, Jacqui, porque no pienso escribir este impronunciable apellido una vez más) las tiene todas para perder: no sólo la descubrieron infraganti en una mentira, sino que su posición actual es la de seguir justificando que, en este caso, el fin justifica los medios. Yo no sé qué tipo de asesoría comunicacional le está aportando la empresa “Extend” a la Jaqui, pero a todas luces, no está dando resultados.
Alto. Analicemos con argumentos teóricos y un poco latosos pero necesarios, la acción de la Intendenta del Biobío. Primero, los hechos: el jueves 3 de febrero, el senador del MAS, Alejandro Navarro, acusó a Jacqui de “engañar” al Gobierno para obtener beneficios habitacionales para la población “Aurora de Chile” de Concepción, usando como excusa el terremoto del 27 de febrero. Sus declaraciones las respaldó con una grabación. La consecuencia de este engaño permitió la construcción de 384 viviendas declarando las anteriores como inutilizables, lo que no era así.
Los días pasaron, los ánimos se caldearon, la Concertación en pleno le dio como caja y en el partido de la Jacqui, la UDI, todo su apoyo. En RN, no tanto. Piñera, al principio la apoyo, después no y ahora no se sabe. Hinzpeter, el domingo 6 de febrero, contradijo a Jacqui, quien una hora antes había dicho que contaba con el apoyo del Gobierno para quedarse en el cargo, después de que muchos sectores, incluyendo a facciones de su partido, le recomendaran dimitir. El ministro que hizo de Harry Potter en la Teletón dejó en duda el supuesto apoyo al que se refirió la Intendenta, y señaló que “adoptaremos las decisiones que un país sabe que un Gobierno debe adoptar en esas circunstancias”. O sea, no se sabe nada pero ya se siente el olor a gladiolo en la oficina de la aún Intendenta.
Ahora, su acción puede ser juzgada de muchas maneras. Pero acá sólo les tiro dos. Partamos con la teoría del utilitarismo: esta corriente, ideada en el siglo XVIII y XIX por Jeremy Bentham y John Stuart Mill, postula que las acciones deben juzgarse a partir del resultado global de las consecuencias que ésta trae. Es decir, mientras más personas y grupos se vean beneficiadas por la acción, mejor es moralmente. Por lo tanto, si esta mentira es beneficiosa para la comunidad, para la ciudad de Concepción, para el Gobierno e incluso para la misma Intendenta, ésta es una buena acción. Pero a ver, espera”¦ hay algo que no calza. O sea, ¿mentir es bueno? ¿El fin justifica los medios? ¿Nuestro querido y espontáneo presidente tuvo razón al decir ayer lunes que “sin duda que hubo palabras desafortunadas, pero fue una intención correcta”? Para otro filósofo, Immanuel Kant (sí, yo sé que suena a clase de filosofía, pero hay que sostenerse argumentalmente desde alguna parte) Piñera, la Jacqui y cualquiera que le apoye, están equivocados y son personas moralmente malas. Él planteó que, independiente de las consecuencias de una acción, era la acción misma la que debía ser juzgada como correcta o incorrecta. Mentir es siempre malo, incluso si es que mentir conlleva consecuencias beneficiosas para las personas. Yo me inclino más por esta última concepción.
Sí, está bien querer ayudar a la gente, que la Intendenta, desinteresada y buena mujer, haya querido darles mejores viviendas a los pobladores. Pero, ¿es la manera correcta de hacer las cosas? Lo dudo. Siempre hay un ideal de Gobierno o de cómo administrar recursos y éste no tiene bajo su alero acciones universalmente acordadas como moralmente malas: entiéndase mentir, robar, difamar y otras. Aunque éstas es pan de cada día en la política nacional e internacional, casi siempre estas acciones están ocultas y rara vez salen a la luz. Y cuando salen, pueden ser juzgadas con razón pública. Como tantas veces les tocó a otros, esta vez le tocó a la Jacqui. Y que se haga cargo.

Publicado por Fernando Pérez G.
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