168 horas sin Facebook

Publicado por Fernando Pérez G.

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Empezando las 168 horas sin Facebook

Por Fernando Pérez G.

Voy por un experimento. Pasar una semana entera, siete días, 168 horas, 10.080 minutos o 604.800 segundos sin la red social más importante del mundo. Creada en 2004 por un trío de estudiantes de Harvard liderados por Mark Zuckerberg (lo demás es historia de película. No, en serio. Vean «Red Social»), logró convertirse en un gigante que incluso amenaza a Google en número de visitas y tráfico.

Aquí está el contexto: estudio periodismo, tengo un Blackberry, Twitter, Facebook, Blogger, WordPress, Tumblr., Flickr, tres mails y dos programas para chatear. Estoy siempre híperconectado y se me puede contactar a cualquier hora del día.

Y Facebook es la primera página que visito una vez que abro el navegador (creo que, probablemente, la mayoría hace eso). Tengo alrededor de 700 «amigos» de un total de 600 millones de personas (y subiendo) que utilizan la red social diariamente, según datos de febrero de 2011. O sea, una de cada tres personas en el mundo tiene Facebook. Si fuera un país, sería el más grande detrás de China e India, superando incluso a EE.UU..

Otros datos importantes:

-54% de los usuarios son mujeres, 46% hombres. (Qué genial, ¿no?)

-El mayor segmento de usuarios se encuentra entre los 18 a 25 años, con un 29%.

-Un 88% del mundo conoce la marca Facebook.

-Un 50% está conectado todos los días, un 30% lo hace desde un dispositivo móvil y un 28% desde un smartphone antes de levantarse de la cama.

Entonces, tomando esos datos y el hecho de que gracias a Facebook coordino los partidos de baby, los carretes de fin de semana, las clases de la U, la ayudantía que tengo y me entero de las rupturas, uniones, peleas, depresiones, felicidades y excentricidades de mis contactos, la sensación previa a empezar este experimento es de rechazo. No quiero dejar Facebook. Me reconozco dependiente y parte de todos los porcentajes arriba mencionados (incluso el de «antes de levantarse de la cama»).

Desde el lunes 11/04, a las 00:00 horas, hasta el lunes 17/04 a las 00:00, me desconecto del mundo Facebook. Estoy un poco angustiado. A ver cómo lo llevo.

Día 1: Lunes 11/04

Tuve más tiempo. El no meterme a Facebook en la mañana me ayudó a enfocarme en lo que realmente tenía que hacer: escribir, leer unos artículos y hacer unos ejercicios para un ramo. En un par de horas, estaba listo. No tenía más deberes. Y ese era precisamente el problema: en un día normal, me conecto, le posteo a los demás, converso con gente, veo fotos y comparto material que, generalmente, provocan comentarios y vamos de nuevo con el ciclo. Así me puedo pasar una o dos horas, varias veces al día.

Después del almuerzo, volví al PC. Aproveché de ver un documental del que necesito sacar algunos datos. No podía concentrarme mucho. En la mesa, mi hermano me dijo que armara el partido para el viernes. Le dije que no podía meterme a Facebook por que estaba haciendo un artículo. Que lo organizara él. Se rió y me dijo que habían subido unas fotos mías muy malas que merecían que las desetiquetara. Lástima, no puedo. ¿De qué se tratarán esas fotos? Qué rabia. ¿Será real? Quizá me está molestando. A pensar en otra cosa.

Investigando, me di cuenta de que varias páginas en Internet hablan de la «adicción a Facebook». Me siento como las incontables veces que intenté dejar el cigarro. Lo único que quería era prender uno.

En un artículo de «Qué es», de febrero de 2010, se habla de que en Italia existen dos clínicas para adictos a la red social. Federico Tonioni, el psiquiatra experto que ahí citan, dice: «el uso patológico de Internet provoca síntomas físicos muy similares a los que manifiestan los toxicómanos en crisis de abstinencia». No hablan específicamente de Facebook, pero sí de Internet. Y ya lo vieron, para mí la puerta de entrada a Internet es Facebook, aunque de página de inicio tengo Google, la que inmediatamente pincho era la etiqueta azúl con una «F». Ahora no sé por dónde empezar.

En la página «Abrir Negocio» , encontré «10 síntomas» sobre Facebook. Mis respuestas, al lado.

1.- ¿Cuántas veces al día ingresas a facebook? No sé si algunos tienen Facebook como la mayoría tiene Google como pagina de inicio. (Unas 7)
2.- ¿Revisas tu cuenta Facebook antes de hacer cualquier otra tarea regular? (Sí)
3.- ¿Siempre estás pensando en lo que haces y quieres hacer en Facebook? (No siempre, pero generalmente)
4.- ¿Estás pendiente de qué hacen o dicen tus amigos, revisas tu lista de contactos para ver si ya están en la red social? (Lo primero sí, lo segundo no)
5.- Actualizas tu estado con frecuencia y etiquetas a tus amigos en tus fotos para recibir comentarios. (Ninguna de las dos las hago)
6.- Pasan las horas antes que te des cuenta que no has hecho nada, excepto navegar en Facebook. (Sí)
7.- Tus horas de dormir se han reducido en dos horas o más. (No creo)
8.- Navegas en los perfiles de tus amigos haciendo clic en “me gusta” (No)
9.- ¿Estas pendiente de los cumpleaños de tus contactos? (Sí)
10.- Te compraste un iPhone o similar sólo para conectarte a Facebook. (No sólo para eso, pero reconozco que me encanta conectarme desde el celular)

Según estas respuestas, no voy tan mal. No sé. Que pase rápido la semana.

Día 2: Martes 12/04

Tuve clases temprano así que no hubo mucha tentación de entrar a Facebook. De hecho, ni me acordé del tema hasta que llegué a la U y afuera de la sala un compañero me dice: «¿viste lo que te puse en Facebook?». Obviamente no lo había visto y si me preguntó, era importante. Así que le dije que no y entré a la sala sin más explicaciones.

Esto de estar sin Facebook es raro. Trato de acordarme qué hacía antes de que existiera. En qué ocupaba esas horas que ahora uso en mirar muros, escribir en los perfiles de los demás, etiquetar fotos y jugar jueguitos simples pero entretenidos.

No me puedo acordar. Facebook nació el 2006. Yo en ese tiempo tenía 16 años y probablemente llegaba de la casa y me metía a Internet a ver páginas de videojuegos, chatear por MSN y sería. Cuando me hice una cuenta, a mitad del 2008, la red social ya tenía más de 100 millones de usuarios, cuatro años de funcionamiento y Chile era el país latinoamericano con más crecimiento ese año (2.197%), según «El Clarín».

O sea, estaba a la moda. Bien. Bacán. La raja.

Después de clases me topé con otro compañero y le conté del artículo. Estaba con una niña bien bonita y simpática que, cuando yo comenté que tenía ciertos síntomas de adicción, me dijo que incluso una mamá había matado a su niña por no poder jugar Farmville, uno de los populares jueguitos que ofrece Facebook. Verdad. Me acordaba de haberlo leído. Lo busqué en Internet y me gustó la info que tenía «Fayerwayer»: «Mujer mató a su hijo de tres meses por no dejarla cosechar en FarmVille».

La fémina se llama Alexandra V. Tobías, tiene 22 años y es gringa (gringa tenía que ser). Se supone que su hijito Dylan, mientras ella araba, cosechaba y plantaba semillitas y hortalizas virtuales, lloraba desconsolada e interminablemente. Entonces, Alexandra lo tomó y lo sacudió fuertemente. Como siguió llorando, se fumó un cigarro para calmarse. Pero parece que no fue suficiente porque volvió a zamarrearlo. Al parecer, durante los movimientos, el bebé se pegó en la cabeza y falleció.

Pobre niño. Fue víctima de una mujer enferma y su adicción a Farmville que en conclusión podría ser la adicción a Facebook. Pero para llegar a esos extremos hay que estar cagado de la cabeza desde antes. ¿O no?

Día 3: Miércoles 13/04

Qué penca. Según lo que me contaron, me etiquetaron en una foto que se burla de mí. De nuevo. Cagué. El mundo virtual se ríe de mí y yo no puedo hacer nada. Quizá tomármelo con humor. Me quedan aún cuatro días. Y eso es mucho tiempo en el mundo Facebook. Si la foto me genera un sobrenombre, cuatro días es suficiente para que los demás se lo aprendan y se viralice a mis más cercanos. Cagué.

Hoy me di cuenta de cuántas veces me metía a Facebook. Un promedio de 10 veces al día. Me pillé por lo menos unas tres veces pinchando, por inercia, el enlace directo del navegador. Sigo aguantando. Pero no creo que sea sólo al que le complicaría vivir sin Facebook.

No habría problema de prescindir de él si es que nadie más lo usara. Ahí está el pero. Si tú no lo usas y los demás tampoco, todo bien, sigues normalmente con tu vida. Pero los demás lo usan. Y mucho. En menos de 10 horas me llegaron 2 mensajes de grupos al mail. Uno era sobre el partido de baby preguntando si es que esta semana se suspende y otro sobre una prueba del grupo de ayudantía. Y ninguno lo pude responder.

Según la encuesta Feedback-UDP sobre participación de los jóvenes de septiembre de 2010, un 85% de los jóvenes chilenos están registrados en Facebook, un 60% lo visita diariamente y permanencen 2,3 horas en el sitio.

Y los porcentajes también son altos en cada una de las actividades que se pueden hacer en la red social: contactar amigos (93%), chatear (86%), subir fotos (82%), unirse a grupos (61%), subir enlaces o compartir contenidos (58%), subir videos, planificar fiestas y usar juegos (todos 49%).

Yo tengo alrededor de 700 amigos, por lo que, según el estudio, estoy en cuarto grupo más alto (13%). La mayoría, un 27%, tiene entre 100 y 199 amigos. Además, después de Youtube (90%), es el segundo sitio más utilizado para ver videos (59%).

O sea, muchos usan Facebook. Casi todos los de mi edad. Estoy cagado.

Día 4: Jueves 14/04

No estuve mucho en la casa este jueves, así que la tentación no fue tanta. Pero según los demás, mi muro está lleno de ofensas, cosas ridículas y fotos idiotas con mi etiqueta. No sé si es verdad, pero siento curiosidad (quizá sea otra la palabra). Filo.

Karen Rouch tiene 22 años, es estudiante universitaria, también tiene Blackberry y pasa todo el día pegada a Facebook. Según ella, es «adicta».

-¿De verdad te sientes adicta?- le pregunto.

-Tengo Blackberry y me llegan las notificaciones todo el día. Y no me resisto a saber quién escribió. Prendo el PC por las mañanas y lo primero que abro es Facebook. Lo dejo abierto todo el día por el chat.

-¿y cuándo no estás en Facebook piensas sobre él? ¿Qué escribirás, qué subieron tus amigos?

-Es que es como si fuera el diario. Si no lo veo no pienso en lo que pueda pasar, pero si lo veo, me interesa.

-Entonces no eres tan adicta.

-Pero es que igual lo reviso siempre desde el teléfono.

Para mí seguía no siendo tan adicta, así que le pregunté si es que podía desconectarse de Facebook por un día completo. Que me contara mañana. Aceptó.

Aparte de las bromas, estar sin Facebook me dado bastante más tiempo del que tenía antes de este experimento. De eso no hay duda. La ecuación era apróximadamente así: de los 40 minutos que podía estar en Internet, 20 los dedicaba a leer noticias, ver páginas x y leer mi mail. Los otros 20, dedicados completamente a Face. Guau. Quizá haga esto más seguido.

Día 5: Viernes 15/04

Día viernes, día de carrete. Como no pude organizar el partido de baby porque no estaba en Facebook y a los demás integrantes les da flojera hacerlo, preferí enfocar mis ánimos en hacer un carrete piola para un amigo que estaba de cumpleaños. Conversando en la fiesta sobre esta semana sin Facebook, una amiga me ayudó a recordar qué hacía antes de que Mark Zuckerberg creara este gigante: Fotolog. Cómo lo pude olvidar. Fue prácticamente la primera red social para quienes tenemos más de 20 años. Aunque su uso se limitaba a las fotografías y a comentarios sobre las mismas, permitía también tener F/F (friends/followers) que fácilmente podrían asemejarse a los amigos de Facebook o a los seguidores de Twitter.

Aunque Fotolog aún existe, su uso está en un declive constante por la sofisticación de otros portales que ofrecen lo mismo. Actualmente, desde Facebook a Flickr dan más posibilidades de personificación y capturan más audiencia.

Uno de los últimos estudios en Chile sobre Fotolog, realizado por la consultora Divergente en 2008, señala que la página tenía 4.861.988 nacionales en septiembre de ese año. Sin embargo, el mayor crecimiento lo habían tenido los argentinos, con una tasa de crecimiento de un 8,0% entre agosto y septiembre.

También habían otros datos relacionados al lugar en donde se tomaban las fotografías. Tomando en cuenta sólo la Región Metropolitana, un 11,7% se las tomaba en el dormitorio, un 11,1% se las sacaba en la vía pública o en la plaza y un 1,5% en el baño. Sí, las típicas fotos «pokemonas» que se siguen repitiendo en algunos perfiles de Facebook.

Quién no tuvo Fotolog. Casi 5 millones de cuentas en Chile demuestra que la mayoría de los jóvenes de entre 15 y 18 años en 2008 tenía una. Y más de una. Yo tenía dos. La primera para el periodo 15-17 y la segunda, cuando me creía más «grande», en el periodo entre los 17 y los 18. Subía fotos, comentaba las de mis amigos, me emocionaba cuando me posteba alguna mina rica y escribía canciones de reggaetón porque me creía reggaetonero. Maaaal.

Por suerte, después apareció Facebook. Y me hizo olvidar mi antigua relación.

Día 6: Sábado 16/04

Fin de semana. Quizá sólo las noches se pasan rápido por los carretes. Pero el día… ufff. Generalmente uno estudia los sábados y los domingos, lo que se traduce en horas lentas, ambiente pesado, una sensación de flojera constante.

Este sábado fue así. Fome. La entretención que más tiene uno a mano es el PC, internet y las cientos de posibilidades que ésta abre. Especialmente Facebook. Pero como yo no tengo, me contento con mirar algunas películas y seguir mi estudio. Con el fin de semana llegaron las ganas de volver a entrar a Facebook. De postear a los demás en sus muros, reírme de fotografías o fracesitas mal redactadas a las que todos ponen «me gusta» (yo no lo hago, por eso me excluyo).

Karen me escribió. Me cuenta que estuvo todo el día fuera de su casa, pero que el hecho de saber que no se podía meter, aumentó su curiosidad por saber qué estaba pasando en su cuenta. Quizá es eso. Dicen que el ser humano siempre quiere lo que no tiene y una vez que lo tiene, decae el interés. A quién no le ha pasado.

«No fue tan terrible», continúa. «Llegué a casa, dieron las 12 y me metí de inmediato. Pero fue como si nada».

Quizá fue muy poco tiempo. La verdad es que un día no se compara con una semana. Y una semana, por cierto, tampoco lo hace con un mes o con un año. Pero es imposible lograr eso. No porque uno sea adicto, si no por lo que escribía hace un par de días: todos lo usan. Es como una droga comunitaria que funciona sólo en la medida en que la utilicen todos tus contactos. Sólo queda un día. La verdad, no me estoy muriendo… pero espero que pase rápido.

Día 7: Domingo 17/04

Soy narcisista e inseguro. O por lo menos eso dice un estudio de la Universidad de York, Canadá, dado a conocer el 2010 en RPP, una página de noticias peruana.

Según la publicación, este tipo de personas son las más adictas a Facebook, ya que la Red Social les permite tener una «amistad» con muchas personas sin relacionarse físicamente con ellas. Pero a mí me pasa lo contrario. Me encanta conocer gente y siempre he supuesto que Internet es un gran primer paso para lograr un acercamiento con cualquier persona del mundo real.

En todo caso, ya no me siento adicto. Llevo siete días y en un par de horas se va a cumplir el plazo. Reconozco que estoy ansioso, quizá curioso, por lo que pueda encontrarme de nuevo. Poder postearle a algún amigo, comentar los estados, decir feliz cumpleaños (¿cuántos cumpleaños me habré perdido?) o ver las fotos de los demás. Espero acordarme de la contraseña.

Fue un día bastante normal. Casi no pensé en que en la noche tengo que volver. Estaba más preocupado por la gran cantidad de textos que tengo que leer para la Universidad, de ver el clásico y de sacar todos los personajes de un juego de Xbox 360.

Creo que mi vida en realidad se benefició bastante de este alejamiento. Aunque hay otras cosas de las que me arrepiento: no pude armar un partido y si más rato me encuentro con alguna foto mía etiquetada y que me ridiculiza, lo lamentaré aún más. En fin. Sólo quedan dos horas. Son las 22:02. Me alejaré del PC hasta entonces.

El reencuentro

Dieron las doce y me lancé. Treinta minutos casi exactos pasé leyendo, comentando, etiquetando las cosas nuevas que habían pasado en mi Facebook durante estos siete días. No leí el «muro público», por que me habría tomado otros treinta más.

Una semana: tres solicitudes de amistad, seis inbox, 26 noticias. El mundo de Facebook sigue en funcionamiento, paralelo al que tenemos en nuestra vida real. Hay muchos que postulan que es posible vivir una realidad puramente virtual, a través del computador y las redes sociales. Difícil creo yo. Aunque no se puede negar que ahora puedes hacerlo todo por Internet: comprar comida, muebles, tecnología. Comunicarte con amigos, parientes, cercanos, vecinos. Hablar por teléfono, ver televisión, escuchar radio y leer libros. Quizá en el futuro sea posible prescindir del completo contacto con otros, por lo menos físicamente (suena un poco a Ray Badbury, ¿no?).

Antes de volver, leí un artículo sobre una británica que hizo lo mismo que yo, pero en 2009 (era obvio que la idea no era original). Su vuelta a la red social fue un poco más relevante para su vida que lo fue para la mía. Según su relato, incluso se le llegó a acelerar el corazón al regresar. Dudo que algo así pueda tener un efecto físico tan evidente, a menos que veas una foto tuya en pelota o en posiciones vergonzosas.

Más allá de la curiosidad, de enterarme de algunas rupturas, una que otra unión y reírme con algunas fotos de mis amigos, el reencuentro no me produjo ninguna catarsis especial.

Lo que sí es incuestionable, es que descubrí que no soy adicto a Facebook. Que puedo estar varios días sin verlo y que eso probablemente mejore mi desempeño en otros aspectos de mi vida, como el académico. De hecho, estoy pensando seriamente en no volver a activarlo en mi celular.

Dicen que en todo tipo de relaciones, hace bien un respiro. Al parecer, con Facebook no es la excepción.

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