Por Carolina Burgos
Me considero una jugadora casual, con un espíritu potencialmente adictivo. Aunque todo funciona a la perfección si el contexto se determina por superarme a mí misma o superar a gente que aprecio, como mi pololo: un gamer adicto que hizo de los videojuegos su vida, al punto de actualmente trabajar en el mundo de las consolas. Él siempre me corrige si me equívoco en un dato y siempre me obliga a jugar en dificultad mayor. Es cierto: no somos una pareja convencional pero nos complementamos bien. Pero…nuestro punto de quiebre fue el Marvel vs Capcom 3. La secuela del clásico que muchos jugaron en Arcade, Dreamcast o PS2.
Pienso que todo esto comenzó una noche que estabamos jugando y, por primera vez, me sentí proyectada en un Spartan del Halo. Un Spartan que en el fondo no era más que la otra cara de una chiquilla aburrida un viernes por la noche. Yo.
Entonces, tras el anuncio de la salida de MVC3, la cuota de nostalgia se respiraba en nuestro nido y la impaciencia hacía que mi pololo llamase todos los días a la tienda a ver si llegaba la edición especial para coleccionistas. Y aunque nunca fui buena, o tan seca como él en los juegos de peleas, me interesaba tener el juego luego para intentar vencerlo con’ Amaterasu, Chun-Li, Deadpool o Dante, sin embargo, cuando Marvel v/s Capcom 3 finalmente llegó, el plano se tornó sombríamente oscuro.
¿Juguemos una partida? ””me preguntó mi pololo, y sin haberlo pensado mucho acepté. El experimento se veía venir. Usó a Chun-li, Super-Skrull y Hulk. La paliza que me dio fué totalmente devastadora: Dante quedó humillado como si fuese un demonio de Crepúsculo, y por otro lado Zero nunca pudo bombardear a la veloz Chun-Li. Pero… ¿Qué era ese sentimiento dentro en mí? ¿Qué era eso que estaba sintiendo por primera vez al jugar Marvel con él? Terminando la pelea me mantuve callada (cosa no común). Era un hecho: la máquina diabólica se había encendido: ¡LAS MUJERES ODIAMOS PERDER EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA! Y más todavia con nuestro pololo. Y no soy de esas defensoras del género con argumentos típicos, solo hablo desde la profunda experiencia humana. Pasa que ME VOLÓ LA RAJA, y escondía detrás de ese rostro una risa perversa al verme tan canchera intentarlo. Esto era Sparta y aprender lo más posible para poder sacarle sangre, a ese Hulk del demonio, era una cuestión de honor.
«PA’ QUÉ TAN CABRÓN, PA’ QUÉ PO» le decia yo saliéndome de mis cabales al recibir cientos de hits seguidos de todos sus personajes vía asistencia. «No se puede jugar contigo, eres una loca» decía él ante mis insultos salvajes, cuando lograba agarrarlo y darle poder triple con Ryu, Deadpool, Phoenix o Morrigan. Sentía que mis personajes llevaban el mensaje proyectado en una bola de energía. Como si en un hadouken estuviesen plasmados todo esos detallitos que no nos decimos en la vida real.
Con el paso del tiempo nos agarramos respeto. Ya nada del titubeo absurdo de «eres mujer, awww te dejo ganar». «¡Eso no es igualdad!», gritaría yo si fundará un comité con mandamientos de mujeres gamers que juegan con el pololo. «¿Enséñame ese truco?» le pregunté para quebrar un poquito el silencio competitivo. «Media u hacía atrás y cuadrado o triángulo» me respondió con un tono amable.
Han pasado casi dos meses y ahora siento que, gracias a Marvel v/s Capcom 3, desbloqueamos un logro en nuestra relación.
Fotos: IGN
