THC, MDMA y LSD: Drogas mágicas

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A propósito de los cogoyingos, desempolvamos un par de libros de historia para contarles cómo fue que ciertos personajes dieron con la receta de aquellas drogas que, sin pasajes ni pasaporte, nos mandan a la Luna. Así que tomen asiento, que este es la ruta de los padres de los elixires del alto vuelo y psicodelia. La historia de Albert Hofman y el LSD; Alexander «Sasha» Shulgin y el MDMA; y Raphael Mechoulam y el THC.

Por Niski Quezada Demierre

LSD

Fue en abril de 1943. Día lunes, para ser más precisos; de fecha 19, para ser más exactos.  Ese día, el ácido lisérgico –LSD, por su sigla en alemán- hace su debut en Albert Hofmann, químico suizo que decide auto-experimentar  los efectos de este compuesto, tras al fin haber dado en el clavo y luego de haber estudiado su síntesis, sin logros,  durante más de diez años.

Pero hagamos un poco de historia. En ése entonces, el doctor Hofmann se encontraba de cabeza estudiando los compuestos del cornezuelo del centeno, el Claviceps purpurea, -dicho en español simple, del hongo parásito del centeno- tal como lo venía haciendo, repetidamente, desde que había ingresado a trabajar en los laboratorios Sandoz, en 1929.
Su interés venía  de los antecedentes que arrastraba éste hongo,  el que,  en tiempos remotos, resultaba ser buena opción para la medicina popular. En especial, para la inducción de partos.  Su objetivo era llegar a un medicamento.

Así fue cómo durante años trabajó en la síntesis de sus compuestos, utilizando como base la dietilamida del ácido lisérgico, o compuesto numero 25,  base de las amidas del cornezuelo.  Pero sus investigaciones no tenían éxito. Ni siquiera cuando logró la primera síntesis del LSD, en partir de los alcaloides de ergolina presentes en el cornezuelo del centeno.

Hasta   que llega 1943. Aún no pasa nada, pero el científico decide jugársela y seguir adelante con lo suyo. Sabe  que el LSD no es cualquier compuesto. Solo tiene que descubrir por qué. Es así como un 16 de abril, y tras irse de estudio en estudio, unas gotas de  la sustancia se derraman entre sus dedos, las que prueba sin saber que viviría el primer acercamiento de lo que es estar en ácido.

En vista de las trastornadas circunstancias que vive,  tres días más tarde decide convertirse en un conejillo de indias: antes de regresar a su hogar, prueba nuevamente la sustancia para realizar un autoexamen. De esta forma, experimenta el primer trip de todo su historial de viajes, comprobando sus efectos visionarios una vez de vuelta a su casa y andando en bicicleta.

Ahí es cuando el doctor Hofmann empieza hacer leyenda no sólo en la cultura psicodélica, sino además en el plano del psicoanálisis, donde el LSD resultó ser un buen  método de estudio hasta que su uso en dicha disciplina fue prohibido.

THC

La década de los 60’s arranca y Raphael Mechoulam, investigador de la universidad Hebrea de Jerusalén, ya lleva un par de años haciendo carrera con el estudio del cannabis, en el Instituto Weizmann de Ciencia.  Su objetivo: encontrar el compuesto responsable de los efectos de la marihuana, el que nunca había sido reconocido ni aislado de forma pura. Curiosamente, por lo demás, pues la morfina  había sido aislada del opio desde hace 150 años, y con el cannabis aún no había caso.

Sin embargo, será recién en 1964 cuando Mechoulam grite eureka, cuando por fin de con su principio activo: el tetrahidracanabidol –THC- compuesto que  además de dilucidar su estructura, logra sintetizar completamente. Su descubrimiento desencadenó una seguidilla de estudios. Aún así, sólo después de veinte años se detectaría el  mecanismo de acción del THC.

Desde tan bondadoso descubrimiento, el investigador  ha publicado centenares de artículos sobre la hierba (¡gracias!).  No por nada fue presidente de la Sociedad Internacional de Investigación sobre Cannabinoides. Actualmente, el investigador forma parte del panel de consejeros científicos de la GW Pharmaceuticals, empresa británica pionera en medicamentos cannábicos.

MDMA

Su existencia tiene lugar en los laboratorios Merck en 1912, cuando, por accidente, los científicos alemanes G. Mannish y W. Jacobsen sintetizan la metilenodioximetanfetamina –MDMA- compuesto que procede del MDA. Sin embargo, y pese a que su descubrimiento fue patentado como inhibidor de apetito, su uso fue catalogado como poco concreto en términos medicinales, por lo que su desarrollo será postergado al menos sesenta años.

Es en esta parte donde aparece Alexander Shulgin, científico que hoy es reconocido como padre de las drogas químicas, y quien hacia la segunda mitad de la década del consigue que la Drug Enforcement Administration –DEA- le otorgue una licencia para establecerse con un laboratorio de análisis de sustancias, el cual aprovecha para estudiar y sintetizar drogas ilícitas. Es decir, para inventar pura psicodelia de laboratorio.

Su trabajo más importante procederá de la sustancia que los farmacéuticos de Merck habían dejado en el aire. De este modo, Shulgin reconocerá los efectos fisiológicos del éxtasis, droga que, sin esperar más tiempo, se propagará haciendo nombre como método de terapia psicológica. Y no solo eso, pues en cosa de tiempo, el químico también ganaría reconocimiento desde la escena rave de la época. De hecho, gracias a sus aportes ganó fama como el «Padre de las drogas químicas», apodo que viene de un curriculum que anota la invención de unas cuantas miles de sustancias que alteran la conciencia.

Eso sí, el panorama actual del científico es poco alentador: sufrió una embolia cerebral que lo tiene bastante enfermo y con problemas económicos.

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