Una joven pareja, Dean (Ryan Gosling) y Cindy (Michelle Williams), pasa por una de sus mayores crisis en los seis años que llevan juntos. La rutina, el tedio de la monotonía y las peores características de sus personalidades han ido minando el fogoso amor que algún día se tuvieron. Pero ninguno de los dos quiere abandonar ni abandonarse.
Ese es el argumento de Blue Valentine (2010).Es extraño que en el cine comercial estadounidense se den excepciones como esta. Es una película que se presenta como una historia de amor más. Ciertamente lo es y ese es el gran mérito de su mensaje. Porque, lejos de lo que estamos acostumbrados, este no es el relato de una pareja que mágicamente se mantiene unida por el sentimiento, ni por las cavilaciones que surgen al necesitar un cambio de vida. Es la realidad en pleno. Como lo dice su título, es un valentín oscuro, azul, casi morado.
El mundo que nos presenta Derek Cianfrance, el director indie -que ya no es tan indie- que sorprendió en 1998 con «Brother tied», es de una cercanía tremenda. Las situaciones que se generan en la cinta son propias de las relaciones que inundan la actualidad amorosa del ser humano: no siempre hay finales felices, las parejas no son para toda la vida, el amor cambia, se transforma y, muchas veces, se muere. También renace con fuerza o queda manifestado en otras personas, en gestos que no se notan y en recuerdos que no dejan de ser más que eso: un melancólico pasado que poco alimenta el presente y el futuro.
Esta es una historia simple, que no fuerza recursos de espectacularidad y que encuentra sus pilares fundacionales en los detalles domésticos que siguen a todas las parejas. Los protagonistas se ven envueltos en crisis tan comunes, que para el espectador será fácil identificarse con ellos.
Aunque la mayoría podría intuir el final con las primeras escenas, las ráfagas de desaliento y esperanza están insertadas equitativamente dentro del metraje, lo que hace que uno dude de sus impresiones iniciales. Tal como es la vida, tal como son las relaciones. Si bien su producción técnica no es nada de lo qué exitarse (para una historia tan íntima, el director apuesta, como es común, a planos más bien cerrados, tratando de extraer lo que piensan y sienten los personajes), el montaje -aunque utiliza raccontos- es claro y simple, por lo que la historia es fácil de seguir, incluso para el espectador más distraído.
En Chile se estrena finalmente hoy, jueves 15 de septiembre. Y aunque llegue con casi un año de retraso, vale la pena darse una vuelta por la vida de los personajes de Blue Valentine. Más que todo, es un muy buen cable a tierra.
