Mike Patton a cien metros

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Por Paloma Vera

Mike Patton en la UDP y en la nueva Biblioteca Nicanor Parra. Era la visita más esperada, la que más expectación había generado. «Va a quedar la cagada con la gente», decían muchos. La citación para los alumnos seleccionados era a las 10:30 am. A las 10, una fila frente a la escalera que baja al auditorio -1 del edificio comenzaba a formarse.

La verdad es que yo llegué ahí casi por suerte (y por ser alumna de la UDP), mandé el mail con mis datos y luego se me olvidó que lo había enviado, hasta que me llegó la respuesta. Me encantó. Recordaba eso en la fila, donde me veía rodeada de fans, con polleras alusivas, cd’s, y haciendo las especulaciones más ridículas acerca de lo que podría pasar en el auditorio, desde que iba a llegar con Faith No More  e iban a tocar, hasta proposiciones matrimoniales… ¡En fin!

El auditorio era bastante pequeño. Ya sentados nos dieron las instrucciones que debíamos seguir en el evento: no consumir alimentos, no grabar, no filmar y no sacar fotos. Yo lo único que quería era romper las reglas. El motivo que daban era que habían sido condiciones, y que si a Mike Patton le molestaba era posible que incluso se parara y se fuera en medio de la entrevista. Lo conocemos, podía hacerlo. Así que me dispuse a poner mi cámara en modo silencioso, y a apagar el flash, porque fotos iba a sacar igual.

Ansiosos algunos, nerviosos otros, uno que otro chiflido a las 11:30 en punto, ya que era la hora en la que debía llegar Patton y Fuguet a comenzar la entrevista. A las 11:50 se abre la puerta y entra Mike, languetazo en el cráneo, lentes oscuros en la cabeza, polera blanca y chaqueta. Sonríe coqueto. Lo sigue Alberto Fuguet, su amigo, y por quien teníamos la oportunidad de verlo.

Nos habían pasado un traductor a cada uno para entender la entrevista, ya que era en inglés. Pocas veces Alberto intervino en español, para la comodidad de Mike. Sin embargo él dejó claro su interés por los distintos idiomas. Una de las cosas que le permitió FNM fue viajar, y así conocer distintas culturas, distintas personas. Así conoció a Alberto, “y si no fuera por eso, no estaría hoy aquí”, dijo.

Como estamos en una universidad, Patton habló sobre su experiencia universitaria. Estuvo un año y medio y no lo pasó bien. Se consideraba a sí mismo un “outsider”, no era su lugar. Extraño, desencantado en un contexto que no lo satisfacía, se lanzó a la música. Y ahí contrastó, cambió de área y habló sobre literatura. Dijo interesarse mucho en la lectura, y que ésta es una parte importante de su proceso creativo.

– “¿Son personales tus letras?”, pregunta Fuguet.
– “No”, contesta Mike.
– “No te creo”, le contesta Fuguet

Contó que su proceso es escribir algunas ideas, luego leer un libro sobre esas ideas e ir robando. Dice una cita que es algo como “Un buen artista, roba. Un artista mediocre, toma prestado”, al él causa mucho sentido eso, y ríe. Ve fotos sobre el tema, y se nutre de eso, y así nace su música. No de sus vivencias o vida personal necesariamente.

“Estoy enamorado del proceso de creación”, dijo en algún momento.

La complicidad entre Fuguet y Mike era evidente. El cineasta guiaba la conversación y hacía preguntas en las que Mike podía desenvolverse bien. Algo pautado, pero que funcionaba.

«La expresión» dijo Patton. Y Fuguet contó: cuando él iba a hacer clases se encontraba con gente que tenía muy buenas ideas, pero que muchas veces se avergonzaba de darlas a conocer públicamente. “Es legítimo tener miedo, pero es triste”, dijo, refiriéndose a la buena idea que no se haría realidad. Patton asentía.

Él por su parte, dijo que expresarse puede ser también un acto solitario. Se puede escribir en una servilleta y da lo mismo si el público lo ve o no. Es uno el que se expresa, y eso ya es suficiente.

– “Pero tú lo muestras al público”, dijo Fuguet.
– “Sí, pero no es necesario”, contestó.

Dar a conocer lo que expresaba “No fue una decisión. Era joven y las cosas se fueron dando. En cualquier obra de arte hay que “dejar ir”, la cosa es saber cuando. Me tomó mucho tiempo aprender cuando dejar ir”, dijo.

Patton es un creador ante todo. Cuando Fuguet le preguntó sobre el tiempo, sobre la edad, sobre qué iba primero, él o que, Mike respondió “la creación, el resto es secundario”.

Le pregunta también sobre si está conciente de quién conecta con él a través de su música, una especie de “grupo objetivo”: “Gente aventurera, curiosa…” meditó un rato. Y concluyó en que no piensa en ningún tipo de persona específica cuando hace música, que no tiene un pensamiento demográfico sobre eso.

Las preguntas del público, irrelevantes casi todas, pasaron casi coladas. La que rescato fue una sobre su interés en llegar a dirigir alguna vez una película, a lo que él responde que no. “Para ser honesto, creo que una idea debe realizarse inmediatamente, si no, muere. And filmmakers are the most patients mother fuckers (Y los cineastas son los hijos de perra más pacientes)”, contestó. Fuguet hizo una mueca de apoyo. Él no puede esperar tanto tiempo para realizar una idea.

En la salida Patton se acercó a la gente. O ellos a él. La cosa es que se juntaron y se sacaron fotos. Después firmó CD’s y DVD’s. Pero como una firma no valía más que la experiencia de escucharlo por poco más de una hora, dejé a los más fanáticos pegándose codazos en el tumulto. Yo ya era feliz.

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