Reseña Maquinaria 2011: BRMC, Down y Alice in Chains

Publicado por Ignacio Molina

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Texto: Ignacio Molina / Fotos: Óscar Soto

Sábado, 16:20. El sol cae despiadado sobre Club Hípico mientras que Peter Hayes, raudo, clava notas en el encordado de su Gibson 355 y Robert Been, enfurecido, castiga su Jazzbox. Ambos visten de riguroso negro, con pantalones apretados y gruesas chaquetas de cuero. En el fondo, Leah Shapiro—reemplazante de Nick Jago—golpea la batería con una violencia improbable para una chica con ese cuerpo y rostro. Están tocando «Red eyes and tears»: segundo tema de su primer elepé, B.R.M.C. (2001). En la cancha de Claro Sony Ericsson Stage, el público intenta seguir el ritmo de Black Rebel Motorcycle Club, que esta tarde—con diez años de carrera y cinco discos de estudio—están redefiniendo el rock y el shoegazing a punta de canciones bastardas de The Stooges, The Velvet Underground, T.Rex y The Jesus and Mary Chain.

Tremendo espectáculo dan en este comienzo de Maquinaria Festival 2011, de hecho, cuando suena «Whatever happened to my rock ‘n’ roll», los de San Francisco consiguen que gran parte de la cancha salte y menee la cabeza de un lado otro.

En cuanto terminan de tocar, la gente se va corriendo al Transistor Stage ya que allá, a las 17:30, va a tocar Down: la banda de Phil Anselmo, ex frontman de Pantera. Para muchos: uno de los mejores vocalistas del heavy metal. Al igual que Axl Rose, Anselmo tiene fama de violento y payaso, pero la diferencia es que a sus cuarenta y algo sí tiene voz. Y vaya vozarrón. Por otro lado, el tipo es puntualísimo: cuando faltan treinta para las seis, Anselmo y los guitarristas Pepper Keenan y Kirk Windstein, el bajista Pat Bruders y el batería Jimmy Bower aparecen sobre el escenario.

Y parecen sacados de un viejo VHS de la WWF: ese donde estaban Shawn Michaels y Razor Ramon. O quizá antes: donde el rey era Hulk Hogan. Pasa que Down se asemeja a una banda de matones rednecks veteranos de quizás que guerra.

Todo parte así: tocan «Hail the leaf»—original de Nola (1995) , su álbum debut—con un Anselmo gritando/bramando/rugiendo y el resto de la banda tocando con la misma violencia que tendría un ejército de toros. Y la cancha—que es anchísima, por ahí con el doble de público que BRMC—se llena de golpizas: cada vez que Anselmo da una orden de distorsión, algunos comienzan a saltar o darse empujones o codazos o menear la cabeza con furia. Esta tónica se repite canción tras canción—»Lysergik funeral procession», «Lifer» (dedicada a Dimebag Darrell), «Swan song»—.

Y en medio, Anselmo también bromea: dice que va a cantar «Rooster» de Alice in Chains, se azota el micrófono contra la cabeza, se baja unas latas de cerveza, eructa, le escupe en la espalda a un roadie que le había entregado una botella con agua y deja caer un pedazo de «Walk» de Pantera, generando locura en la cancha y una tóxica nube de polvo: pasa que el piso es de tierra. Estamos en un recinto diseñado para caballos y no personas, entonces con cada salto en masa, el aire se transforma en polvareda.

Cuando está por terminar la presentación de Down en Maquinaria—un show brutal, algo tal vez impensado para algunos asistentes—Anselmo se azota la cabeza contra el suelo, intentando hacer una suerte de reverencia bizarra para el público que lo ama. Anselmo es EL frontman del metal. Un tipo que da todo por el show. De hecho, le da igual que algunos lo caricaturicen tan solo como un payaso alcohólico. Se confunde, pero lo de Phil es entretención en extremo. Por algo cuando Down vuelve al escenario—y tocan «Bury me in smoke» junto a Mike Bordin de Faith No More y Duff McKagan, ex Guns N Roses, que tocó hace dos horas en el mismo escenario con su banda Loaded—, se puede vislumbrar una suerte de forado en la frente de Anselmo: el tipo se pegó tan fuerte y tan seguido con el micrófono que se dejó una especie de hematoma.

El show de Down termina con la banda ovacionada y un Anselmo elevado a la categoría de dios del metal. Así las cosas, casi como si fuera un éxodo, la gente comienza a cambiarse de escenario. Ahora van camino al Claro Sony Ericcson: es el turno de Alice in Chains. O más bien lo que queda de Alice: Para muchos—me incluyó—AIC sin Layne Staley no es Alice in Chains. Es más: tal vez ir caminando—en este éxodo—a ver a Cantrell, Kinney e Inez (RIP Starr) junto a DuVall, es casi una falta de respeto para Layne (RIP). Pero, de todas formas, hay que estar ahí para luego poder opinar con fundamentos. Entonces AIC parte con «Them Bones» y en mi mente fllota esto: el negro DuVall cantan en tonos similares a Layne, ¿me hago el tonto, entonces, y me dejo llevar por la música? Y también flota esto otro: como muchos, esperé toda mi vida por este momento, frente a mi tengo al 50%  de Alice in Chains y—mientras suena «Dam that River»—no puedo evitar saltar y saltar; así que: démosle, pasémoslo bien, total este es el soundtrack de mis mejores/peores años.

Ambas ideas se mezclan y remezclan hasta que suena «Again». Entonces todo se desintegra: lo que escupí al cielo me cae en la cara y el headbanging se apodera de Club Hípico. Era tan improbable esta situación: estar en un concierto de Alice in Chains, junto a casi 30 mil personas, y saltar al ritmo infernal de la guitarra de Cantrell en «Again», que no queda más que disfrutarlo a destajo. Más tarde, entre medio de canciones nuevas—que no molestan en lo absoluto—caen «Got me wrong» y «We die young»: clásicos de adolescencia. Y entonces cuando el cielo y el sol toman los tonos de la carátula del Dirt (1992), tocan «Down in a Hole» y el fantasma de Layne aparece nuevamente. Pero esto no es una queja, sino que se agradece completamente: es un instante apasionante, claro está. Pasa que «Down in a Hole» es el fundamento de todo lo que representa AIC.

Así las cosas, llega el mejor momento en la presentación: suena «Nutshell», esa canción preciosa—me doy la licencia de decirle preciosa, no hay otra forma de describirla—encontrada en el Jar of Flies (1994) y que también abre el Unplugged que grabaron en abril de 1996 con un Staley casi en los huesos y que canción tras canción se iba desvaneciendo. Mientras se desarrolla «Nutshell», Cantrell fluye de forma insondable por su guitarra, una pareja de amigos se desvive cantando, y, a mi lado, un tipo llora abrazando a su pequeño hijo.

Es un momento intenso, mas, simbólico y nostálgico. Aguante Layne en el cielo.

Luego, y siguiendo con esta suerte de agujero negro a los 90’s en el concierto, AIC descarga lo más laureado de su repertorio: «Angry chair» y «Man in the box» azotan Parque O’Higgins . Luego revientan los aplausos de treinta mil personas mientras se produce la salida de AIC del escenario. A los minutos, cuando el sol se desdibuja entre medio de nubes rojizas, Alice in Chains vuelve e invita a McKagan para tocar «Rooster»: la canción con la que Anselmo bromeaba un rato atrás. En el fondo, la pantalla muestra las mismas imágenes del video oficial, con un Cantrell recluta de guerra. Luego tocan uno de los temas más reconocidos—y quizás el más pop de todos—: «No Excuses», para finalizar con la que muchos esperaban:»Would?», canción que primero apareció en la banda sonora de Singles (Vida de solteros, 1992) para luego posicionarse como el hit más exitoso del Dirt, y, claro, de Alice in Chains.

Todo mis respetos para Layne, pero el concierto de Alice in Chains supo conquistar mediante un viaje a un pasado desolador y qué—probablemente—tenía un futuro yermo. Tan yermo como la caratula del Dirt: el disco que fue protagonista el transcurso de esta tarde de sábado 12 de noviembre, primer día de Maquinaria Festival.

VIDEOS

ALICE IN CHAINS – NUTSHELL

[youtube width=»630″ height=»410″]http://www.youtube.com/watch?v=NQQfWw9ycL0[/youtube]

DOWN – WALK (PANTERA)

[youtube width=»630″ height=»410″]http://www.youtube.com/watch?v=o5PQe3Eunqc&hd=1[/youtube]

BLACK REBEL MOTORCYCLE CLUB – WEAPON OF CHOICE

[youtube width=»630″ height=»410″]http://www.youtube.com/watch?v=bjZFh-VaDug&feature=related[/youtube]

 

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