Columna: Morrissey en Viña

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Por Felipe Navarrete

Cuando se dio a conocer la noticia que el artista anglo del Festival de Viña 2012 sería Morrissey, se instaló la idea de, algo así, como el viceversa de Douglas en Glastonbury.

El prejuicio se afinca en que nuestro espectáculo veraniego por excelencia se alimenta de anexos al show propiamente tal, que no encajarían con la personalidad de Morrissey, surgiendo entonces dudas existenciales: ¿Pedirá un chofer mudo para que no le hable? ¿Qué hará con la Gaviota? ¿Qué pensará de los periodistas faranduleros y sus asertivas preguntas en la conferencia de prensa?

Sin embargo, basta recordar la presentación de Franz Ferdinand el 2006, o el Symphonicities que trajo Sting la última edición para entender que, más allá del lugar común, el Festival permite incluso a artistas de nicho desplegar un buen concierto sin temor al Monstruo: no se puede desconocer que el público viñamarino, cuando la estatura del artista lo impone, opta por la contemplación respetuosa y en último término, la indiferencia, reservando la implacabilidad para presentaciones derechamente malas o como consecuencia de programaciones absurdas.

Mi impresión es que el morbo quedará apenas en la anécdota cuando empiece el show: no quiero arruinarles la sopresa pero al menos hay dos temas que coreará toda la Quinta, uno de su época The Smiths y otro del principio de su etapa solista, devenidos en verdaderos clásicos que servirán para aplacar el extrañaniento de la que no me cabe duda será la canción más usada para musicalizar las notas en torno a él y que seguramente no tocará: Suedehead (o “So sorry”, para los amigos).

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Y es que en definitiva, y como suele ocurrir con Moz, no debiese ser un concierto de grandes éxitos ni mucho menos. La condición impuesta de tocar al menos 15 canciones hace pensar que seguirá con el setlist con que giró en México y EEUU recientemente, que  incluye un par de joyas que no ha tocado en sus anteriores visitas a Chile.

Pero especulemos: ¿Qué pasa si invita al escenario a Salvatore Adamo, que también se presentará esa noche, a cantar “You Have Killed Me”, con su piazza cavour? ¿Qué ocurre si en vez de coverear a Lou Reed, interpreta una de Violeta Parra junto a Los Bunkers, declarados fans suyos, o a los 3×7 veintiuna?

Lo más probable es que nada de eso pase y que su alocución se centre en los desagradables olores de las carnes poco nobles cocinadas en las afueras de la Quinta Vergara; pero esos, creo, debieran ser los cuestionamientos que provoca su presencia en el Festival, no si es que Moz nos pertenece a nosotros, los buenos, los bonitos.

Y también aprovechar su relativamente larga estadía -se presentará dos días después en Santiago-, imaginando que nos regalará alguna frase, un paseo en público, una anécdota que le permita imponer su habitual vini, vidi, vinci más allá de sus siempre, y para siempre, true-to-you.

 PD: por si les interesa, aquí está el link con los setlist de sus últimas presentaciones.

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