Crónica a lo Mark Chapman: El día que trollié en vivo a Los Ases Falsos

Publicado por disorder.cl

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[N. del E: 

Nos llegó por mail la siguiente crónica sobre el show de Ases Falsos en Concepción, el pasado sábado 28 de Abril. Habla poco sobre música y mucho sobre ser uno de esos fans borrachos que gritan en los conciertos. De esos que te hacen pensar «Â¿A que chucha vino este hueon?».

Reporteamos el hecho con testigos y miembros de la banda y dicen que el jugo fue bastante más espeso. Con amenazas de sacadas de chucha incluidas. Acá su redención]

Por Héctor Cuevas desde Concepción / Foto y video por El Mago y su iPhone

Durante mucho tiempo había esperado poder asistir a una tocata de los Ases Falsos. Diversos motivos me habían impedido ir las veces que se presentaron en Concepción, por eso cuando supe que tocaban en La Puerta Roja me alegré. Finalmente saldaría una deuda que tenía con la que, considero, es una de las mejores bandas de Chile.

«Entré a la habitación como si yo fuese parte de alguna banda. Ni siquiera pregunté. Me senté al lado de Briceño y mientras unas niñas le hablaban seguí siendo un hijo de puta»

Antes de la tocata me junté con un amigo y compramos un Capel de litro y unas cervezas. El ambiente estaba distendido y mientras alabamos la capacidad creativa de Briceño en las letras, tanto en Ases Falsos como Los Mil Jinetes, también lamentamos la pérdida de Héctor en la guitarra. De pronto, sin darnos cuenta, ya eran un cuarto para las once de la noche y solo hasta las 23:30 la entraba costaba 3500 pesos, con dos cover incluidos. Habíamos tomado las cervezas y la mitad del pisco. Servimos un vaso más; un cuarto de bebida y tres cuarto de Pisco, para que el frío no fuera importante. Al seco. Terminamos nuestros vasos, mezclamos lo que quedaba en una botella de agua mineral y salimos, alegres y un poco borrachos.

Llegamos claramente ebrios al bar. Una vez adentro nos encontramos con gente bonita y estilo, muy producidos, muy en la onda. Pedimos dos vasos de Pisco y nos sentamos a tomar, esperando las bandas. Fui al baño me miré en el espejo y vi mis ojos; la mirada de aquel que sabe que todo puede salir mal, que quiere distorsión. Al salir ya estaba empezando a sonar Mantarraya, banda que teloneó y que fue una muy grata sorpresa. Cuando terminaron fuimos a buscar las dos piscolas restantes. Hablé con el barman, quise hacerme el divertido, pero ya no podía. Había superado el umbral, definitivamente estaba ebrio y no había vuelta atrás. No tenía plata como para conseguir algo de cocaína y reiniciar.

Al terminar la segunda piscola tiré el vaso al suelo y miré alrededor. Estaba desafiando a esa juventud que se siente lo máximo, que twitteaba desde su iPhone que estaban en una tocata de los Ases Falsos y que era divertido. Quería ver si iban a golpearme o alguien me regañaría, pero nada, solo miraron. Tenía ganas de problemas. Nos acercamos al escenario y en el camino me caí al tropezarme con una tarima, evidenciando el triste estado en el que estaba.

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[N. del E.: AF versionando a Charly con «Ojos de Videotape»]

Logramos llegar muy adelante, casi a la primera fila, desde donde veía bien a los integrantes. No podría decirlo con certeza, pero creo que comenzaron con Salto Alto. En la guitarra Leo Saavedra, Primavera de Praga, lograba acoplarse bastante bien a la banda, aunque sonaba demasiado aprendido, muy matemático. La nostalgia por Héctor probablemente nos hacía juzgarlo de esa manera. Luego del segundo tema yo ya estaba enojado. ¿Por qué estaba enojado? Difícil saberlo, e incluso ahora que con un poco de distancia veo la situación, no logro comprenderme del todo. Obviamente el alcohol es un factor determinante, pero también era el todo: La gente que me rodeaba en un éxtasis que me parecía a ratos fingido, sobreactuado, lamiéndole las bolas a Briceño que, al menos como lo veía yo desde mi ebria perspectiva, disfrutaba siendo amado, deseado y admirado. Fue en ese momento que decidí ser insoportable.

«Â¿Por qué actué de esa manera? ¿Resentimiento social, odio, alcohol? No lo se ni puedo explicarlo. Una amiga me dijo que era como el síndrome Mark Chapman, que de tanto admirar a Lennon decidió salvarlo con la muerte»

Comencé gritando tras cada final de canción «Héctor, que vuelva Héctor». Esto pareció desconcertar a los músicos, que luego de haberme identificado entre el público me sacaban el dedo del medio con enojo o me miraban con rabia, chatos. Luego procedí a molestar directamente. Un amigo me había contado que Saavedra había tocado para Kel, lo cual me causó bastante gracia. Es un trabajo finalmente, nada que decir, pero no se podía negar lo jocoso del asunto. Fue entonces que lo recordé y le grité «‘Me creo punky’ culiao, toca ‘Me creo punky'». Eso colmó la paciencia de Briceño, que tras finalizar una canción me señaló y muy enojado exclamó «Hueón, por favor callen a ese culiao». Había logrado mi tarea, molestar, incomodar y enfurecer, como un troll profesional. Cuando pidió que me callaran lo hice voluntariamente y ya no volví a gritar. Solo levantaba los pulgares en señal de buena onda.

Cuando finalizaron, la masa congregada alrededor del escenario volvió a dispersarse y ya me iba a ir cuando descubrí que tras el escenario había una pequeña sala donde estaban los músicos reunidos. Había un par de niñas esperando poder entrar. Groupies deseosas de sus ídolos, conversando con ansias. Fue ahí que tuve una mala idea. Decidí ir a hablar con Briceño.

Entré a la habitación como si yo fuese parte de alguna banda. Ni siquiera pregunté. Me senté al lado de Briceño y mientras unas niñas le hablaban seguí siendo un hijo de puta. No estoy seguro de lo que dije, creo haberme identificado como el hueón que le gritaba mierda mientras tocaban. En algún momento comenté que era de Coyhaique, no se muy bien por qué, pero lo que recuerdo con claridad es que le encaré su condición de PUC [N. del E.: ex estudiante de la Universidad Catolica], lo cual enfureció a Briceño. Me empapeló a garabatos, que realmente me merecía. Le respondí, creo, que era un engrupido de mierda y que su música culeada era una vil copia a Los Beatles. Eso le dije al vocalista de una de mis bandas chilenas favoritas y luego me fui.

¿Por qué actué de esa manera? ¿Resentimiento social, odio, alcohol? No lo se ni puedo explicarlo. Una amiga me dijo que era como el síndrome Mark Chapman, que de tanto admirar a Lennon decidió salvarlo con la muerte. ¿Salvarlo de quien? Del mismo Lennon probablemente. La verdad no creo que sea así, pero suena convincente. Me gusta bastante Salinger y por ese lado podríamos tener algo en común.

El resto de la noche siguió la misma tónica decadente. Salí del local y me fui caminando, golpeando autos para que sonaran sus alarmas. Extrañamente nadie me dijo nada. Después me perdí, me desorienté completamente y llegué a una laguna que no conocía o quizás si, pero no la reconocí. Estaba en un Concepción ajeno, con los sentidos trastocados y sin ningún punto de referencia. Pensé en el karma, supuse que me iban asaltar. Corrí buscando alguna calle conocida. Paré pensando en tirarme por ahí, dormir y esperar que al otro día todo mejorara, pero no, tenía que encontrar una calle. Finalmente llegué a Paicaví y fui feliz, sumamente feliz.

No sé qué hora era, pero presumo que más de 3 de la mañana. Toqué el timbre de la casa de un amigo para ver si quería tomar algo, pero nadie salió. Llegué al edificio, subí a mi departamento, abrí la puerta, me saqué la chaqueta y me reí. No se muy bien por qué.

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