Reseña: Drive

Publicado por disorder.cl

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Por Cristobal Fredes

No es común toparnos con una película contemporánea tan bien armada, tan sofisticada y soberbia, con tanto talento detrás, y a la vez tan emocionante y sincera. Tan de verdad, asumiendo lo ridícula que pueda sonar esta expresión. Pero con ella solo me refiero a que Drive me transmitió genuina emoción, seguí la historia del protagonista con curiosidad ascendente y nunca me sentí embaucado, algo que me sucede con mucha frecuencia en el cine de hoy: descubrir que bajo el aura cautivadora y refinada de ciertas películas hay solo nadería y pretensión.

Drive es cine con mayúsculas, para decirlo de una vez. Así lo sentí mientras la veía y lo seguí sintiendo luego de haberla terminado, entregado a lo que acababa de pasar en la pantalla, fascinado como un niño, sin saber muy bien por qué. Si eso no es cine, entonces qué.

La historia de Drive es la de un tipo tímido y con aire melancólico muy bien interpretado por Ryan Gosling. Su personaje trabaja como mecánico en un taller de autos y  de vez en cuando pitutea haciendo escenas de riesgo en películas, de doble, manejando y chocando autos, aprovechando que tiene gran habilidad frente al volante. Es este mismo don el que le sirve para hacer de tanto en tanto una pega más oscura: ser chofer para robos y atracos. El muchacho, eso sí,  está lejos de ser un ladroncete en cualquiera. Su código ético incluye entre otras cosas no participar del robo, ni tampoco portar armas. “I just drive”, dice él. Y si los ladrones cumplen con otra de sus reglas, la de volver al auto antes de cinco minutos, entonces están prácticamente a salvo: el chofer es un superdotado a la hora de escapar, pero no como podría serlo un personaje de Rápido y furioso. Es casi una ninja del volante, sabe cuándo y cómo camuflarse. Dosificar la siempre tentadora intensidad de los motores.

Sus reglas, su estilo de manejo, su austeridad de palabras le dan de inmediato cierta estatura moral. Se nota que es un buen tipo, alguien quitado de bulla, que no molesta a nadie y que se siente realizado –no sé si feliz, pues su semblante nunca deja de ser melancólico– con muy poco: estando dentro de un auto. Supongo que para acentuar la unidad hombre-auto nunca sabemos el nombre del personaje en cuestión. El es simplemente the driver. El auto funciona como una figura expresiva muy potente dentro de la película. Es allí donde el se siente mejor, es su refugio, el lugar donde puede desplegar acaso su mejor habilidad.

Pero también el auto aquí es un espacio de alienación, una barrera entre el y el mundo. Un mundo que se limita muchas veces a observar desde atrás del parabrisas (lo vemos manejando a menudo solo, ensimismado). Contempla la noche, la ciudad, su oscuridad y sus luces desde su propia fantasía, escuchando electropop nocturno. Presumimos que hace todo esto más para conectarse consigo mismo que interactuar con el resto. No hay duda que este héroe tiene una dimensión existencialista.

En uno de estos pitutos como chofer de mafiosos de poca monta algo sale mal. Y eso, claro, es lo que echa a andar la película. Diré no más que la historia avanza en un espiral de acción y violencia, que a mi me recordó un poco a la también excelente Una historia violenta. Y como en la película de Cronemberg, la violencia en Drive está casi siempre contenida y justificada. Por lo mismo, cuando se desata, en breves episodios, su impacto es mucho mayor. Es también una violencia cautivante y seductora, si se quiere. El cine tiene mucho de morbo, se conecta con zonas irracionales de nuestra personalidad. Y Drive sabe hacerlo de maravillas. Porque las balas y las patadas no son gratuitas, están justificadas, van perfilando y engrandeciendo el viaje de este protagonista que supo interpretar muy bien el taquillero y talentoso Gosling.

Algunos piensan que esta película peca de cool. Quizás desde un inicio, por tener como protagonista al jovencito del momento. Héctor Soto, un crítico local de trayectoria y que me parece más que respetable, dijo incluso que era la película más fashion del año. No estoy de acuerdo, aunque entiendo el punto. Lo entiendo porque, lo dije al principio, es una película sofisticada. Estilísticamente es impecable y hay un trabajo visual muy decidido y acabado. Cuando eso es disonante con la historia, o cuando es solo un disfraz, no tiene mucho sentido. Puede incluso irritarte. En Drive eso no pasa y su solvencia artística la hace más grande. Es tan redonda, tan cerradita, tan rigurosa y a la vez sutil en sus decisiones que se parece a lo que algunos llaman una obra mayor.

Que deslice además una bonita historia de amor (impecable la interpretación de la carismática Carey Mulligan), que el soundtrack sea tan coherente como exquisito, que el guión sea sólido y minucioso pero sin sentirse calculado y que tenga una de las mejores escenas de persecución de los últimos años, son solo algunos de sus tantos méritos. Rasgos que la van haciendo tan cautivadora y excitante.

Peliculón.

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