MCA Adam Yauch (1964-2012)

Publicado por Luc Gajardo

Archivo: 80 artículos

Por Luc Gajardo

Fase uno: Shock

Estoy en la sala de espera del dentista. Llevo dos horas acá y siento que a estas alturas la muela final del lado derecho, mandíbula de arriba, se ha convertido en una araña mordiendo mi encía. Tú sabes, un típico dolor de muela, pero uno es exagerado. Miro el Menú de Tevito y debajo de su afro Ricardo Cocciante canta ‘bella sin alma’ y Douglas filosofa respecto a cómo una canción tan violenta le gusta a las minas. Entonces ella revisa su Twitter y me dice que parece que se murió uno de los Beastie Boys. ¿Qué? ¡Chica, por favor! Le quito de un manotazo el celular y torpemente pincho hasta que logro Googlearlo: El Señor se ha llevado a Adam Yauch. La muela-araña se adormece de inmediato, el dolor se traslada a los nervios intercostales, esto es, la zona envuelta por las costillas, en forma de un abrazo del oso, dificultando la respiración. Entonces es mi turno. El diagnostico es una pequeña carie. Hay que hacer tapadura. El dentista pregunta si uso drogas y antes de alcanzar a elaborar tímidamente ya tengo una jeringa pinchando anestesia dentro de mi encía.

Salgo con la mitad de la cara dormida. Tengo que viajar, así que voy a buscar el pendrive que dejé donde el Guille. Se saca un perno. Regreso a la calle en un estado que sólo puedo comparar al video del niño después del dentista en versión adulta y triste y girando en un oscuro limbo de preguntas sin lograr llegar ni a la más mínima chispa de una respuesta. ¿Cómo le puede dar cáncer a un tipo vegetariano y budista? ¿Podrán haber sido los pitos? ¿Y si el gobierno gringo lo mató? ¿O el gobierno chino? Digo, por el asunto del Tibet. ¿Eran las canas y la voz ronca un signo de que su cuerpo se estaba debilitando hace muchísimo rato? Dios, yo también tengo el pelo semi blanco. ¿Llegó ese momento tan lejano que uno imaginaba de chico cuando veía a sus ídolos gozando lo que parecía una eterna juventud rockera, y pensaba, ‘algún día cuando yo sea grande ellos van a ser viejitos y quizá hasta morirán’? ¿Llegó ese momento? ¿MCA se nos fue? ¿Un B-Boy acaba de morir? ¿Por qué siento las piernas y los brazos como fideos cociéndose? Cosas de la vida, yeta, premonición, coincidencia, había metido hace unos días en el pendrive el CD 1 de ‘The Sounds of Science’. Sobrevuelo rasante la carretera a Viña, vía Condor, al ritmo del grupo más querido de toda una generación. La muerte de MCA le pone punto final a una historia hermosa de amistad, creatividad, amor, buena onda y fiesteo. La segunda mitad del disco, en rayón instrumental, musicaliza mi anestesiado sueño.

Fase dos: Pena

Sábado en la mañana. Es hora de ir a buscar al pequeño Lucas. Pongo el ‘Ill Comunication’ y apenas empieza a sonar a todo culo, una burbuja enorme me sube por la guata y llega hasta la nariz en forma de saladas cosquillas, provocando un lagrimeo instantáneo. Rara la imagen, jamás en la vida había sentido tristeza escuchando ese disco. Todo lo contrario. Pero ¿Por qué tanta pena? Ciertamente Adam vivió una vida la zorra. Claro, no podrá contarles a sus nietos como llegó a ser uno de los artistas más importantes de su generación, pero es un precio conversablemente justo por haber vivido 47 años de rock and roll. Siendo fríamente matemáticos, su legado, su paso a la inmortalidad, ya quedó. Y tres, para mí, que jamás lo conocí y nunca lo iba conocer, no significa una pérdida real, y su música, videos y buena onda van a estar conmigo para siempre, por lo que tampoco es como que lo vaya a extrañar. Sin embargo, recuerdo esta foto que vi en la mañana y simplemente no puedo parar de lagrimear como una niña, tratando de pasar piola mientras tengo que repetir una y otra vez ‘sure shot’ a pedido del Lucas que vacila la canción como un mini-yo de forma que no puede sino desarmarme y hacerme sentir toneladas de amor y respeto por MCA y que ojalá las siguientes generaciones lo disfruten también. Pero uno es malagradecido, uno siempre quiere más, entonces piensas en cuánto tenía todavía para entregar y vivir y te vas a la mierda.

Fase tres: Aceptación

La vida puede ser tan culeada. Fumo hondo, enchufo audífonos y parto en la bici con, puta no sé, pero parece que mi canción favorita de los Beastie Boys: ‘Alive’. Cómo deben estar de envueltos en dolor Mike D y Ad Rock. La vida se ha encargado de alterar esa conexión mística de manera irremediable. La pena, esa pena sin fondo que debe sentir su hija, su familia, sus amigos, y al final de la fila, todos nosotros. Porque claramente mi tristeza y la de todos los fans es un rebote de como el pelotazo de la muerte nos golpea a cada uno, seamos honestos, no tanto por Adam en sí. Lo doloroso de la tragedia es caer en la certera verdad que uno nunca quiere pensar y es que la luz se corta en cualquier minuto sin previo aviso. Y chao nomás. Supongo que la gracia es interiorizar ese estado de shock y puta, vivir la vida concientes de esa hueá para no andar con excusas y hacer lo que hay que hacer y decir lo que hay que decir antes que se apague la tele. Cáncer, el bicho ese le robó un coco a un amigo y la vida a un abuelo. La muerte de Adam Yauch nos deja esa enseñanza, porque a pesar de morir joven, algo trágico y triste, vivió una vida incuestionablemente jugada en todo el sentido de la palabra, y aunque ahora quizá está sentado como buda en una roca viajando por el espacio gran parte de su Yo espiritual va seguir en nuestra mente ad eternum. Por eso Adam, no te decimos adiós, te decimos hasta siempre y gracias por todo. A seguir pedaleando por el derecho de fiestear hasta la muerte.

Comentarios publicados en "MCA Adam Yauch (1964-2012)"

¡Deja el tuyo!