Aeropuerto Internacional Gary Medel

Publicado por Cha Giadach

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guerreros Listo, estamos fuera. Pero lo comido y lo bailado no los quita nadie. Porque el mundo entero sabe que los cabros lo dejaron todo y lo sufrieron todo. Y sí, tuvimos de rodillas a una pálida selección de Scolari en su casa, allá en Brasil donde no todo es felicidad. Porque en la favela mueren todos los días, igual que acá, igual que en Irak, igual que en la franja de Gaza y en Estados Unidos. Porque necesitamos que el mundo entero se de cuenta para saber que somos los mejores. Pero eso viene de antes, pelotudo, siempre lo hemos sido. Sólo nos faltaba un poco de huevos para creernos el cuento. Nos falta valor para aceptarnos mapuches, llorones, peleadores, pero con el corazón del tamaño de miles y millones de canchas de fútbol. Si Dios existe el muy cabrón no está de nuestro lado. ¿Y que importa?

Desde ahora en adelante todos sabemos que podemos hacer todo lo que queramos. Basta de acudir a la Paty Maldonado, y a esa vieja que trató a Alexis como “indio horroroso”. Eso no es Chile. Tal vez lo es un poco. Porque todos tenemos a ese fascista metido entre las costillas, pero que necesitamos eliminar. Y para eso está esta generación de pendejos buena onda, con sueños tan humildes que nos hacen grandes. Con convicciones, con metas, con locuras que no son imposibles, sólo dificiles para viejas generaciones de resignados. Generaciones que tuvieron luchadores, que no pretendemos olvidar y a los que les damos nuestro sentido homenaje cada vez que salimos a trabajar, cada vez que creamos algo nuevo, cada vez que peleamos contra alguna injusticia, y cada vez que la Roja sale a jugar con una sonrisa de oreja a oreja.

Llorar es de hombres, no tienes por que casarte por la Iglesia, no tienes por que rendirle cuentas a alguien quien no te ha dado nada en la vida más que una buena hinchazón en las pelotas y ovarios. Ya no estamos para esas. Lo que está haciendo nuestra selección demuestra todo lo contrario.

Todos fuimos uno por un rato. Ese rato es lo que dura el mundial. Vamos a volver a agarrar para el hueveo a los cruzados, siendo que grandes jugadores que pasaron por ese club estuvieron dándolo todo durante el mundial. Vamos a seguir molestándonos entre madres y zorras, mientras que algún club chico de región nace alguna estrella, nace otro maldito sueño que ni tu ni nadie va a ayudar a concretar. Porque son millones de anónimos en cancha de tierra que son los muslos de Medel, que son el travesaño de Pinilla, que son ese esforzado Sampaoli recorriendo Argentina, Perú, Chile, para al fin dar con algo, con un poco de suerte y bolas del porte de un camión.

Nunca te olvides de tu barrio, de donde vienes, del esfuerzo de tus padres, de la comida caliente de la abuela, de tus tíos que te dieron a tomar por primera vez. Nunca te olvides de tu curso de colegio, lo hayas pasado bien o mal. Si llegas a ser alguien grande, nunca te olvides de tu origen, porque los de la selección nunca lo han hecho.

Un abrazo a todos: Para el Deportivo Cali, pasando por los apasionados Sport Boys chalacos y a los del Peñarol. No nos olvidemos de los eternos del Lanús, ni tampoco de la garra que le ponen los del Atlético San Cristóbal en Venezuela. Un apretón de manos, con respeto, al River y al Boca. Para allá va un baile de amistad para el Strongest boliviano, al Chacarita, a Millonarios, a los Pumas, a absolutamente todos los equipos que puedan existir desde el río Grande hasta el estrecho de Magallanes.

A todos ellos y a los miles de otros futbolistas, hinchas desquiciados y amantes del balompié. Solo queremos decirles, que desde ahora en adelante cuando lleguen a Santiago por avión, cuando aterricen, queremos que sientan que ese maldito aeropuerto se llama Gary Medel y no de otra forma. Se llama Gary Medel porque él fue el que lloró en la cancha, el que jugó a pesar de no estar en condiciones, el que nos va a dejar ese recuerdo imborrable para el resto de nuestras vidas. Y vamos a seguir dándole, cualquiera sea nuestra misión, hasta alcanzar el objetivo.

Y todos son bienvenidos a llorar, a bailar o a jugarse una pichanga con nosotros.
Salud, mierda.

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