
Por Francisco J. Lastra / Fotos desde Bachelets.tumblr.com
El mundo cambia. La política cambia. Tú cambias. Ya no soy el optimista de hace 2 años cuando escribí sobre por qué Piñera era la zorra. A los 24 años he finalmente aceptado que soy un amargado. Y esto no tiene nada que ver con el cambio de Gobierno o la subida del precio del pan (aunque sí me duele que la hallulla esté más cara), es más bien el resultado de una introspección de mi niñez. Me di cuenta que siempre quise que Tom atrapara a Jerry y destripara a ese ratón mugroso, por hinchapelotas y vacilón.
Soy tan amargado que cuando fui a votar en la primera vuelta le hice un par de líneas horizontales y verticales a la papeleta y comencé a jugar gato con el que votaba al lado. Perdí y prometí nunca más votar en elecciones.
En mi oscura cueva de desesperanza he masticado por meses este nuevo panorama político y finalmente he llegado a 5 buenas razones por las que Bachelet me amarga aun más la vida.
1- Es un refrito

«¡Me encantan las segundas partes!» dijo nadie, nunca. Es solo cosa de ver una foto del gobierno y ya dan ganas de gritar «¡Pero si esta hueá ya la vi!» La misma película, salvo algunos personajes que cortaron por temas de presupuesto y sanidad mental.
Claro, se puede decir que la era Piñera fue algo similar: «la misma acción, distinto argumento y distinto personaje», como dijo el profeta Super Taldo hace muchos años, pero esta vez hay una atmósfera que innegablemente nos transporta al 2006; cuando los MP3 con forma de dildo eran la moda, cuando el Pelao Acosta dirigía a la Selección, cuando Hannah Montana comenzaba a hacer furor. No queremos volver a esos años oscuros, ya hemos sufrido bastante.
2- Porque vamos a seguir viendo el mismo logo

Una de las pocas cosas buenas que pensé que sucedería con el cambio de mando, era que al fin cambiarían esa mancha que vemos en todos los papeles y edificios del Gobierno. Pero no, lo siento mucho diseñadores del país, aquel nominado como «el peor logo en la historia de la humanidad» nos acompañará por 4 largos años más. Bachelet dice que es por austeridad, porque sale muy caro.
Lo que ella no sabe que los chilenos estarían felices de hacer colecta nacional para poder efectuar esta loable tarea. Superaría la Teletón y no tendríamos que sacar a Don Francisco de su mansión en Miami.
3- No hay Piñericosas

¿Sabían que su primer nombre es Verónica y no Michelle? Bueno, acaban de escuchar el único dato freak que encontré sobre nuestra Presidenta. La señora no tiene tics, ni hermanos carreteros, y ¡habla hasta bien inglés!
Imagínense cómo la están sufriendo los de The Clinic. Ahora tienen que escribir sobre temas importantes ¡Qué horror!
4- ¡Quiere cambiar las cosas!

Creo que todos podemos estar de acuerdo en que a los chilenos nos cargan los cambios. Yo no conocí aquella utopía de las micros amarillas porque soy de provincia y allá todavía andamos a caballo, tenemos Windows 95 y «surfeamos» la Internet, pero sí conozco a muchos que se le ponen los ojos llorosos cuando hablan de la era pre-Transantiago. Es como ver a los norcoreanos hablar de su amado líder. Ahora, esta vieja no contenta con ser heredera de aquel que exilió a nuestras amadas micros amarillas (¡Asesina!), quiere cambiarlo todo: economía, educación y hasta ese preciado bien nacional llamado «El Binominal».
¿Qué pretendes, Michelle? ¿Hacer un Chile más justo para todos? Sorry, esa pomada nos la han vendido demasiadas veces. Y si funcionara tampoco la querríamos porque la agüita de manzanilla funciona casi igual de bien.
5- Porque por su culpa no tenemos a esta joya en La Moneda

Michelle, te puedo perdonar las 4 primeras, pero ésta última no.
Nos leemos el 2018 en mi futuro artículo «5 razones por las que [inserte nombre del Presidente] me es indiferente».