Watch Dogs: el futuro cercano

Publicado por Sebastian Cavallo

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Por Sebastian Cavallo

En Camden, Nueva Jersey, la policía militar que se ha instalado en la zona puede detectar en segundos y con exactitud la ubicación de un disparo. Los efectivos llegan al lugar en un promedio menor a 3 minutos, casi la mitad de tiempo que la media de Estados Unidos, gracias a 35 micrófonos de grado militar instalados a lo largo de una ciudad fuertemente vigilada por la más alta tecnología.

En Londres es imposible caminar por el centro sin estar constantemente en cámara. Si a uno como residente de un departamento le molesta la invasión a la privacidad, le escribes a la municipalidad para que tu vista sea excluida de las grabaciones.

En el Chicago ficticio de Watch Dogs (Ubisoft, 2014, PC, Playstation 3 y 4, Xbox 360 y One) la premisa es más extrema. Un sistema operativo central, ctOS (City Operative System), controla íntegramente los diversos aspectos administrativos: puentes, semáforos, cámaras, servidores y todo lo que sirva en los sistemas de vigilancia. Muchos de los componentes futuristas son cuestiones en actual desarrollo en el mundo real.

El mundo de Watch Dogs funciona, es una realidad no muy lejana. El juego nos sumerge profundamente en el futuro cercano como pocos lo han sabido hacer. Es un mundo abierto vivo y repleto. En cada rincón se esconde una experiencia distinta, no necesariamente novedosa. Carece sin embargo de variedad, a ratos de originalidad y diversos problemas afectan nuestra cercanía con el entorno.

Es víctima de la publicidad, de la espera. Es un mártir de las expectativas y es en gran medida su culpa. Su anuncio y presentación en la E3 del año pasado elevaron el estándar de lo que esperaríamos de un mundo abierto. Quedaban atrás los días de mundos planos como los de Just Cause o Prototype.

Siendo justos, Watch Dogs es un gran juego, muy por sobre la media. Entrega horas y horas de contenido, igual o más que otros de su género como Saints Row o Grand Theft Auto. Su historia es a ratos envolvente, aunque al intentar tomarse en serio fracasa estrepitosamente.

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Tiene cientos de puntos a su favor. El mayor de ellos es introducir mecánicas jamás antes utilizadas. Tiene su encanto de tanto en tanto y eso es innegable. Mucho de lo que ofrece sorprende y agrada de sobremanera. Los mini juegos de hackeo son tan ingeniosos cómo la premisa misma que envuelve todo. En las decenas de horas que pasé jugando reconozco haberme encantado una y otra vez con las misiones secundarias y los objetivos aislados. Es justamente éste su peor problema: es un muy buen juego, pero lamentablemente no es la revolución a la que pretendían someternos. Ubisoft apostaba a introducir una nueva forma de ver los mundos abiertos y ponerlos a disposición de los jugadores para ser usados a discreción. Muchos de los puntos a favor son superiores a la media, pero no memorables.

La desdicha es haber alcanzado la grandeza prometiéndonos el paraíso. No existiría problema alguno si no hubiéramos esperado demasiado de el y hubiese surgido desde el anonimato, como los juegos indie. Se trataría de una muy agradable sorpresa. Algo así como “The Saboteur”, un mundo abierto distinto y único; pero no memorable.

Quizás su mayor debilidad es la física de conducción de vehículos. Hoy por hoy se espera un estándar de realismo mínimo en los títulos de este género. En este caso defrauda y de sobremanera. En una ciudad de semejantes dimensiones, los autos se transforman en el corazón mismo del tráfico. Horas detrás del volante hacen la importancia de esto aún mayor.

Otros errores, como bugs que hacen fallar misiones aun sin siquiera haber llegado a destino, también alejan a este título de la grandeza que le correspondía en nuestra espera. Watch dDogs es la última víctima de un mercado sobresaturado de publicidad, de demostraciones, de productos inconclusos. Es el maravilloso cadáver que deja atrás una empresa francesa acostumbrada a jugar con nuestras ilusiones.

Watch Dogs es un gran juego, por dónde se le mire. Altamente recomendado, especialmente a aquellos que pasan más horas detrás de un control. Es una propuesta fresca, interesante y a ratos envolvente. Es de aquellos en dónde las fallas y errores tienden a perdonarse, hasta que el cansancio se hace parte y nos aleja de él. Entrega una experiencia única y de la que esperamos más en próximas ediciones.

Lamentablemente, Watch Dogs se perderá en un mar de grandes juegos que estuvieron cerca de la gloria. El respeto está, porque se codea con grandes. Descansa con los Fable III, con los Sleeping Dogs, pero se aleja del olimpo y por mucho. Ese está reservado para un selecto grupo de los que brillarán por su propia luz incluso pasadas las generaciones de consolas.
No es un Grand Theft Auto, no es un Fallout, no es Red Dead Redemption. Sencillamente es un gran juego del cual esperábamos aún más.

Todos lo quisimos ver arriba, pero no podemos regalarle el lugar. Una lástima.

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