Festigame 2014: «Cuando el juego se transforma en acción»

Publicado por disorder.cl

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Por Fernando Vuletich / Fotos por Festigame

La visión es abrumadora. Entro inocente a la Estación Mapocho esperando encontrar un evento más de la talla de la Comic Con o cualquier otro de esos festivales genéricos que solo buscan vender entradas aprovechando un nicho, pero por un segundo quedo boquiabierto ante la visión: pantallas, música y sonidos gigantes, muy variados, visión digna de un nerdgasmo. Esto es Festigame 2014 y yo no estaba preparado.

Durante este fin de semana largo y durante los 4 días que duró, Estación Mapocho recibió al que se ha ganado el título de evento geek por excelencia de Chile. 2 semanas antes de su inauguración, el festival dedicado a los videojuegos estaba vendido (a excepción de las típicas entradas ridículamente caras donde te dan un confort del invitado estrella). Y aquí estoy mirando anonadado a los más de 10 mil asistentes caminar lentamente por filas interminables para probar un poco de lo que será la Xbox One, o para mandarse unas peleas de Smash Bros.

Confundido por tanto estímulo comencé a dar vueltas, esperando algún indicio de algo que me aterrizara de esta fantasía digna de un capítulo de Aeon Flux. En primera instancia recorrí el hall central, pasando por las masivas pantallas dedicadas exclusivamente a Just Dance, juego de Xbox 360 y Kinect, que sigue todos tus movimientos mientras imitas a bailarines profesionales bailar al son de Psy o Get Lucky. El ver a cientos de niños bailar al unísono, sin importar que “realmente” estén jugando solo 4 personas da mucho que pensar. Aquí está el oro de Festigame.

Pasé por el stand de Xbox One y el de Nintendo, caracterizados por sus filas intimidantes y aparentemente poca organización. En Nintendo era constante el griterío de una niña del staff pidiendo por favor que hicieran una fila por juego, mientras que en el de Xbox podías ver un seudo animador instando al público a gritar “viva Xbox” recibiendo pocas replicas y hartas burlas.

Los juegos se ven y se sienten la raja, tras una rápida impresión puedo decir que Xbox One es la raja, el Killer Instinct fluye como río, las peleas son simples y lo mejor es que da la impresión de que la consola puede dar mucho más. Nintendo jugó a la segura, con Smash Bros como su caballito de batalla logró formar filas y filas de fans esperando por un rato de diversión. Si a esto le agregamos unas breves e insulsas apariciones por parte de Charles Martinet (la voz de Mario), que dejaba la cagada gritando “Nintendo, Nintendo” o “Yoohoo!” parecería por un momento que la Wii U no es el bodrio que realmente es.

Pero a mi gusto PlayStation fue la reina del certamen. Su stand era completamente cerrado, pensado para que el fan se viera inmerso en la experiencia PS4 jugando alguno de sus títulos como Killzone o Far Cry 4, un cuarto ficticio totalmente dedicado a las consolas con pantallas por paredes y una luz led hipnotizante. Estabas en otro universo.

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Continué dando y dando vueltas. Pasé por la distopia que era una carpa que mezclaba los flippers clásicos y filas de Wii U dedicados exclusivamente para los niños. Un salón dedicado a los shooters y otro a los juegos de pelea; un segundo piso lleno de computadores en línea, lleno de niños pegadísimos en las pantallas, cual sueño japonés. Y el glorioso subterráneo dedicado únicamente a League of Legends.

Dentro de todo este viaje y por uno de los pasadizos de la laberíntica instalación, me encontré con el quizás más bizarro, malévolo y oscuro stand de toda la expo, La Dirección General de Movilización Nacional, encargados del reclutamiento y organización de lo que todos temimos en algún momento: el servicio militar; tenia un muy bonito stand con globos y dulces donde resaltaba el gran lema “Cuando el juego se transforma en acción”, en el cual te podías sacar una foto simulando ser un milico y un pelado muy amable te contaba los pros de ser soldado. Muy, muy oscuro.

Creo pertinente dejar en claro que en mis 3 días de peregrinación por estos salones del onanismo ñoño, no jugué ningún juego. Cada vez que algo me motivaba, miraba a un lado y veía las gargantuescas filas aparentemente inmóviles (un conocido estuvo más de 5 horas en una fila para probar el Oculus Rift en un simulador de montaña rusa).

En estos detalles es donde queda claro que la ya clásica Estación Mapocho demostró hace rato no ser el espacio óptimo para esta clase de mega eventos. Si bien es un espacio céntrico y bien equipado, ya pareciera que los organizadores disfrutan empacando sardinas, teniendo en consideración que el año pasado el evento había llenado el local y que este no seria la excepción.

No me quejo del evento en si; en verdad decir que la idea es hermosa es decir poco. Pero la capacidad explotaba: podríamos proponer la instalación de más consolas por stands pero en verdad no cabían, y la gente, oh dios, la gente. Ríos y ríos humanos de niños, adolecentes y adultos pululando de un espacio a otro sin una ruta definida.

Pero desde el interior de todo este caos surge la belleza de esta clase de eventos. El verdadero valor de Festigame está en proporcionar un espacio para que las gran comunidad de gamers se junten y sean ellos mismos, pinchen con su polola de Minecraft o hagan un tarreo con sus consolas portátiles (aunque parezca ilógico habían muchísimos). Aquí nadie te va a juzgar: habían niños con peluches en el hombre, otros con gorros llamativos, que sé yo, todos con una sonrisa en su rostro.

Rescato este fin de semana, que debe haber sido un horror para muchos padres que debieron escoltar a sus hijos por ese infierno post moderno; pero para los que disfrutamos de los juegos fue un carnaval a la vieja usanza.

Aquí les va una idea: copete, videojuegos y lap dance para el primer Festigame XXX.

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