NYMPH()MANIAC I y II: El sexo y el sexo

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nymphpost Por Florencia Astaburuaga.

Algo había pasado con mi ímpetu cinéfilo. Eran las torres de loza por lavar, los horarios a cumplir, los “Sí Jefa” que pronunciar mientras los pensamientos se acopiaban uno sobre otro, armando una revuelta en contra. Encapuchados (los pensamientos) tomaban a los grandes mandos, los amarraban y apedreaban en mitad de Baquedano. “Mi tiempo”, palabra valiosa y difícil de pronunciar en medio de “El Tiempo” que corre para todos, el tic tac interminable en medio del trasporte público, se usó en primer plano para Sobrevivir –alimentarse, descansar hasta que la alarma avise y de nuevo alimentarse-, y no en sólo en Vivir, verbo completo, que enmarca tanto lo que se puede comer y saborear como lo que se puede contemplar, hablar y pensar, algo había pasado con mi ímpetu cinéfilo, y dándome cuenta de esto empecé a replantear mi vida. Me sacaría las muelas del juicio y pediría una licencia extendida. Llevaba un año distendiendo la situación, comprándome enjuagues bucales y remedios esporádicos. Le hablaría al doctor con la cara hinchada, le trataría de explicar mi falta de tiempo, le rogaría piedad si fuese necesario, le diría que no veía a gente hace ya meces, ni películas hace semanas.

Licencia otorgada, genio repuesto y helado en el freezer. Juntas programadas. Sábado a las cuatro en la galucha del Santa Lucía, ahí en donde ves pasar los autos y las familias con coches y niños gritando, en donde las parejas heterogenias se besan y dan vueltas, los pitos se multiplican, las latas de chelas se esconden. A un paso de bares y restoranes y a dos de Mac Iver y sus pasajes, repuestos y lentes ópticos.

La Madame (así le apodo) me contó de sus andanzas y yo la escuchaba atenta. Me contó de películas y nuevos autores, y yo seguía escuchándola, no tenía cómo responder a todo eso. Algo le había pasado a mi ímpetu cinéfilo.

Película.

Había visto hace unos años la conferencia de prensa en Cannes en donde Lars Von Trier presentando Melancolía dijo que simpatizaba con Hitler, y entendí inmediatamente que había sido un error, un chiste en la mesa equivocada. Ese arte de transgredir que vemos en sus películas, desde la creación de Dogma 95 hasta la recién finalizada Trilogía de la depresión, la idea de estar al límite, tanto  en la forma del relato como en el contenido de éste, había quedado en él como método de acción, y lo dicho ahí no era más que un levantamiento, un molestar al espectador (en este caso los periodistas hambrientos de respuestas). Frase dicha, imborrable, y el sistema europeo con la historia a cuestas reacciona y no perdona. Persona Non Grata en Cannes, y la conferencia dando vuelta por Youtube eternamente. No tengo idea si el director vuelve a Cannes o sólo manda enviados especiales con el estricto mandato de cerrar la boca, pero Ninfomaníaca (I y II) llega a festivales, llega a los medios, a los reportajes de diario, a las conversaciones de mesa, a los oídos del cura y de la moral cristiana. Causa revuelo porque su propósito es causarlo. Transgredir, ocupar y ensalzar lo acallado. Y como si fuera poco, además de generar una voz acallada genera un marketing propio gracias a la represión tanto sexual (del individuo) como política (de la sociedad). Estrenos en cinco o seis países (de un mundo repleto de países y salas de cine), y dichos estrenos todos censurados, noventa minutos menos (de cinco horas y media aproximadamente), y en los demás lugares película vetada, tildada como pornográfica. Caratula con todos sus personajes abstraídos en un orgasmo: censura inmediata, el orgasmo es íntimo y no puede estar en un paradero de micro acompañando al trabajador diario. Me da la sensación que los que cortan la torta social lo nombran a punta de adjetivos: Danés-Ateo-Pasado pah la punta / Persona non grata en cines, en las proyecciones, en las calles, en las iglesias. Pero olvidan su valor. Su capacidad técnica y Narrativa, su capacidad de mostrar las zonas más oscuras de la mente humana.

Contextualizamos el drama. A lo largo de una noche Joe (Charlotte Gainsbourg), tras ser encontrada por Saligman (Stellan Skarsgård) narra su vida desde que tenía dos años hasta el día del encuentro. Vida que está marcada, escena por escena, bajo el halo de la ninfomanía y el amor por Jerome (Shia LaBeouf). Divide su relato en ocho capítulos y entre una y otra viñeta Saligman aporta analogías y asociaciones teóricas: digresiones eruditas (ciencia/arte/religión). Saligman resulta ser un interpretador, un lector de las historias de Joe y nosotros, los espectadores, los simples observadores de la vida de ella, de las interpretaciones de él y de lo que nos queda de todo esto. Una madeja de ideas que se condensan y se resuelven. Somos seres a-morales que vivimos bajo el motor de nuestras pasiones y tensiones.  

Y demos paso a la controversia. Lo que acusan de pornografía: la crudeza. Decir-mostrar las situaciones sin tapujo. Desde la pedofilia, a manos de la actriz (Stacy martin), quien encarna a Joe en su juventud, con su delgadez blancura y belleza, una muñeca intocable que es más que tocada, se interna en el tren junto a su amiga, apostando dulces y chocolates para quien junta más orgasmos en la boca. No observamos al pedófilo juzgándolo, sino al hombre mayor incitado por la mirada cándida de una pendeja jugando a ser puta, entre la frontera de la niñez (dulces y chocolates, apuestas y moños altos) y la adultez (insinuaciones, sexo de vagón). Hasta el masoquismo como único medio de liberación. Asumir ser ninfómana y no catalogarse como enferma de. Estamos acostumbrados a la censura y a las escenas de sexo con tomas de ocultamiento, eso de intuir el sexo más que mirarlo. ¿Dónde se creó la barrera?, supongo que en lo moral.

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Charlotte Gainsbourg dice  “Nadie me había pedido que fuera tan lejos. Resultó excitante e intenso, con tanto sufrimiento. A veces me sentí realmente mal. Nunca había vivido nada tan fuerte (…) Lars lleva demasiado lejos sus obsesiones sexuales. Se pasa de explícito, tanto en su discurso como en las imágenes”. Y me pregunto porque mierda no vuelvo a estar en la galucha del Santa Lucia para darle respuestas a las ideas al aire que lanzaba La Madame. Me hablaba de las prohibiciones que cada actor había puesto en sus contratos. Nada de masturbaciones. Del uso de actores porno en escenas explícitas. Del uso de la polifonía visual y de la narración a base de racontos. Algo había pasado con mi ímpetu cinéfilo pero ahora estaba de vuelta.

Y ahora haré alusión al final así que los que aún no la han visto corran a descargar la versión del autor, vayan a sus dealer más cercano. Véala, coma algo, siga viéndola, recuerde que son dos tomos, si quiere descansen, de una vuelta, paseen al perro y lean lo último que tengo que decir.

“El que ha nacido para cazar, cazará”, es el orden natural, no neguemos nuestros impulsos. Todo lo que hemos visto es una fábula. El hombre que asiste a una criatura herida -Saligman-  (como los niños que recogen una paloma moribunda), en pago de sus cuidados (en éste caso un pocillo de agua, sanar sus heridas y escuchar sus quejas en idiomas inentendibles) le dará la muerte a la criatura o la criatura le dará la muerte a él (la paloma ahogada en el pocillo del agua/ la paloma muriendo en las manos del niño que no controla sus actos/ la paloma rogando al cielo que la muerte caiga sobre el niño/ el picotazo de la paloma sobre el cuerpo del niño/ el niño ahogado en el pocillo del agua). Por ende la muerte es obvia, ya que obviamos que todo esto es una fábula.

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