Una historia que está en pañales: Arctic Monkeys en Chile

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arcpost Por Juan Pablo Prado. Fotos: ©Jaime Valenzuela / DG Medios

Comienzo a escribir esto y pongo de fondo las canciones que Alex Turner hizo para la película Submarine, canciones que para el que las ha escuchado expelen amor por todos lados. Pongo este disco porque esta reseña no trata sobre cómo sonó la banda, ni menos sobre la lista de canciones. Esta reseña habla de amor, de una casa decorada a pulso con detalles que nadie más tiene, de una mujer (mi mujer), de un perro (El Mateo), de música que suena todo el santo día por los parlantes y mi cumple. Esta es la reseña de mi mejor cumpleaños.

La historia (mi historia) de uno de los mejores shows del año comienza así: un sobre café bien misterioso que en su interior tenía una carta que me invitaba a lo de Artic Monkeys, detallaba el número de asiento, la pinta con la que tenía que ir, pedirle a los jefes que ese día tenía que salir temprano para alcanzar a ver a The Hives y una frase que adelanta lo que sería la mejor forma de celebrar mis 28 años: “Feliz cumpleaños adelantado” y un corazón que develaba el remitente: ella, mi compañera.

11 de noviembre

No estaba en mis planes ir a ver Arctic, la banda me gusta harto, pero la falta de lucas y contactos me estaba dejando fuera del show, eso hasta la llegada de la carta… esa historia ya lo conté, pero lo importante es que íbamos los dos en un taxi que evitó tacos y la pisteó como un campeón para llevar a los tortolitos hasta el Movistar Arena. Eran las 8 y nosotros corriendo para entrar a The Hives que ya abría con Come On y empezaba a dar clase magistral de espectáculo de rock and roll. Arrogancia, simpatía, rudeza y distorsión, características que sólo a The Hives se le acepta y celebra.

El show sigue, la masa humana se mueve descontrolada, la miro mientras canta (siempre la miro), nos reímos del español de Pelle Almqvist que grita canción tras canción si nos gusta la música de los Hives y que ellos para nuestra “desgracia” no son ni Iron Maiden, ni Black Sabbath ni Arctic Monkeys, son los Hives y están ahí para hacernos gritar y bailar. Eso hicimos y el resto del Movistar también que a eso de las 8:30 ya estaba repleto esperando a ver a una de las bandas más grande de esta década.

Probablemente estaba diciendo algo mamón con esa voz ridícula que ponemos los enamorados cuando las luces se apagaron y el griterío histérico se mezclaba con los típicos “olé olé olé olé”. Arctic Monkeys estaba en el escenario y arrancaban azotando las cabezas y los genitales de muchos con Do I Wanna Know?, y digo genitales porque si algo tuvo este concierto fue cochiná. Chicas bailando en una especie de éxtasis lujuriosa, parejas agarrándose a calugazo firme y en mi caso, manitos que se entrelazaban buscando compañía cuando tocaban con precisión quirúrgica las canciones que más nos gustaban de un set list que rayó en lo perfecto.

Estos 2 años con ella han sido musicalizados por los Monos. El Humbug que compramos en el Bío-Bío cuando nuestro rincón en esta ciudad comenzaba a tomar forma, los sábados en la tarde haciendo nada escuchando AM que incluí a mi colección luego de recibir un suculento finiquito y esa noche perfecta en la que Alex Turner y sus compañeros decidieron dejar una huella en la vida de todos los que repletaron el Movistar hasta decir basta. Público (entre los que me incluyo), que se ha metamorfoseado junto a Arctic Monkeys pasando de ser unos espinilludos, a unos tipos que ya miran los 30 de cerca con el objetivo puesto en escribir la mejor página de sus historias, y que esta historia cambie por completo.

Arctic Monkeys el 11 de noviembre del 2014 nos invitaron a seguir esta nueva historia con ellos y no parar hasta que esto termine, porque según sus propias palabras esa noche: Esto está en pañales. Y tú, María José Munita, esa noche y cada una de las que nos toca pasar, escribes la mejor de las historias, una que recién está empezando y donde Alex Turner musicaliza cada uno de esos detalles.

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