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¡Estrechez de amor, egoísmo!: 25 años de Corazones, himnos y bailes

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prisioneros
Por Juan Pablo Prado.

Siempre cuento esta historia porque la encuentro terrible cinematográfica: – Me hicieron mierda el corazón, estaba absolutamente borracho, entro a un karaoke y canto Paramar de Los Prisioneros. Dejé la cagá con mi interpretación, por lo menos eso fue lo que sentí entre los aplausos del último grupo de amigos que quedaba en ese localucho de Bellavista. Por ese tiempo no escuchaba otra cosa que no fuera Los Prisioneros o Jorge González, quizás es porque son la banda perfecta de los decepcionados de todo, y entre ese grupo estoy yo”¦ Pasa el tiempo y sigo estando ahí. Nada me entusiama mucho, excepto cuando en la radio suena “Estrechez de corazón” o cuando voy a ver a la U y la barra le cambia la letra al coro quedando así:
¡Ohh oh oh oh, sale León!

Tarde llegó mi gusto por los de San Miguel, demasiado tarde para ser cierto. La intransigencia de reconocer en sus cuatro primeros discos los más grandes hits de la música nacional entendida como fenómeno de masas, y una pose de rockerito vestido de negro, no encajaban con el pop de discoteque de Corazones.

Le agradezco a las circunstancias haberme cruzado con este disco que hoy cumple 25 años y también, reconocer en los sintetizadores, un discurso irrefutable y permanente en el tiempo”¦ Porque no toda las rebeldías visten de cuero negro y tachas de metal.

No es necesario hacer una revisión canción por canción y menos hacer análisis académicos de las letras de este disco, basta con decir que Corazones significó el cambio de década, la bienvenida a esa trancisión y las cosas hechas a la medida de lo posible, donde toda la transgresión ochentera acostumbrada, brilló bajo una bola disco bailando “Noche en la ciudad”.

Corazones también significó una patada en el culo a toda esa prensa que no entendió esta nueva faceta de Jorge González, y que se negó a buscarle el discurso una cancioncita de tres minutos simple y fácil de digerir.

¿Acaso no es rebelde dar un giro en 180 grados y reinventarse? En 1990 sí lo era y vencieron, no solo logrando grandes sumas de dinero por ventas, sino que González fue capáz de posicionar un disco de pop, dentro de las más altas cumbres de la música nacional.

Hace un tiempo Óscar Contardo escribía “El pop es la droga dura de los marginados de la pichanga del recreo” y Corazones, esa droga dura y transversal, que hasta el más machista de los machistas consume sin querer cantando a todo pulmón un himno anti patriarcal como “Corazones Rojos” y ahí, precisamente ahí está la importancia de este disco.
Porque es imposible no saberse una canción.
Es imposible no entregarse al baile.
Es imposible no guardarlo en un libro y atesorarlo cerca de tu corazón.

Gracias por estos 25 años de baile, sangre, egoísmo y amor, Prisioneros.

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=QZjmzefcZDQ[/youtube]

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