Por’ Catalina González P.
La semana pasada se cumplieron 20 años del estreno de Kids, ese retrato noventero de la adolescencia de culto, que causó pánico moral y nos enseñó de sexo, de rolar pitos, de drogas alucinógenas para evadir, y de los peligros de todo eso, sin alarma y con mucha verdad. Es chocante a ratos? Sí. Era necesaria? Absolutamente. No se hagan, la película es la zorra, pendejos hablando con sus propias palabras de lo que les interesa y casi sin actuar, porque la genialidad de Larry Clark fue querer hacer una película desde adentro hacia fuera: preguntarle a skaters en el Washington Square Park de Nueva York si querían actuar, convencer a un Harmony Korine de 19 años (Gummo, Spring Breakers) de escribir un guión de las historias que él veía en su entorno, y poner a una joven desconocida que rondaba por ahí –Chloe Sevigny– de protagonista.
Por si no se acuerdan, la película muestra 24 horas en la vida de un grupo de amigos que se la pasan tomando, drogándose, peleando, y tratando de acostarse con alguien, todo a través de la historia de un pendex llamado Telly (16) obsesionado con las vírgenes porque son puras y se van a acordar de ti para siempre, y de una loca llamada Jennie que acompaña a su amiga a hacerse un test de enfermedades de transmisión sexual y ella, que solo ha tenido sexo una vez con ese mismo Telly que nunca más la llamó, resulta tener SIDA. Telly se pasa la película tratando de meterse con dos vírgenes en el mismo día, y Jennie, buscando a Telly para contarle lo que pasa.
Lo dijo Korine y es cierto, lamentablemente hoy Kids no podría existir: Jennie llamaría por celular a Telly y ese sería el fin, pero si la reestrenaran, algunos seguirían viéndola como pornografía apocalíptica. ¿Qué le daba tanto miedo a tu mamá que no te dejaba arrendarla en el Blockbuster? La vimos de nuevo para ver qué tanto ha cambiado la cosa. Acá 4 verdades de Kids.
1. La calle puede ser el mejor bar y tus amigos pueden ser la mejor familia.
Sigue pasando? Obvio, aunque la mayoría tiene más horas de mall que de calle, esto será así para siempre. El olor a hierba, las latas de Baltica y los pololos agarrando en cada pastito libre de la ciudad, lo confirman. La casa es fome cuando eres adolescente y tu pieza es bacán para escuchar música cuando andai emo, lo cual es hermoso, pero las hormonas te sacan de ahí y te llevan a dar vueltas y aprender el ritual de apareamiento rodeado de tus amigos que están en lo mismo y quieren verte ganar o fracasar para burlarse de eso por la eternidad. Es lo lindo de la adolescencia, matar el tiempo hablando de nada y de todo con los amigos. Aprovechen la calle y la familia en edad escolar, después como el día dura menos o algo así.
2. El SIDA es el fantasma del despertar sexual.
Sigue ahí, pero ahora se sabe más. En la película la pobre Jennie vagabundea en drogas por el NY pensando en que se va a morir sin preguntarle a nadie de qué se trata la enfermedad y los cabros conversan que eso de que la gente se muere de SIDA es inventado, que el condón no sirve. Ahora se habla no solo del condón y los anticonceptivos, también de la pastilla del día después, del aborto, de otras enfermedades, de todo. Punto bueno para el presente.
3. Al parecer, el reggaetón no tuvo la culpa.
Todas esas personas que se alarman ante letras como “ella no está enamorada de mí, pero le gusta como yo le doy” deberían ver Kids. Sin reggaetón las hormonas se revolucionaban igual, ¿quién necesita a Daddy Yankee cuando está Daniel Johnston canalizando tu angustia teenager? Incluso antes era mejor porque Sebadoh de fondo en tu primer beso es tanto más cinematográfico que la Gasolina. El reggaetón no le lavó el cerebro a nadie, solo llegó en un buen momento para ser la banda sonora explícita de lo mismo que han hecho los adolescentes durante décadas y décadas. Siga leyendo.
4. Los jóvenes solo se dedican a callejear, carretear y agarrar.
Esto sigue siendo igual y, griten viejas gritonas, ahora es más fácil. Las nuevas generaciones tienen celular con internet, ya no hay que ir a ninguna parte para pinchar y fumarte algo, es cosa de bajarse Tinder y pedir amor a domicilio. Igual fome no saber dónde vive el cabro/a que te gusta o no ir a una fiesta esperando encontrártelo/a porque no tienes su teléfono, pero filo, eso es romanticismo noventero, la cosa es que consignas como el “Dance, and drink, and screw, because there”’s nothing else to do” de Common People de Pulp, por algo son himnos.
Que buena es la adolescencia, que buena sigue siendo Kids.

Publicado por disorder.cl
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