5 lecciones que nos dejó el final de True Detective

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truePor Catalina González P.

ENE SPOILERS. TENGA CUIDADO.
Terminó la 2ª Temporada de True Detective y nuestro corazón terminó un poco dañado. No se quebró, pero tampoco explotó de amor, ni de rabia, y eso es peor. Hay cosas que gustaron, cosas que odiamos, y muchas que echamos de menos. No es que una serie debería repetir la historia (eso dejémoselo a las sitcoms), pero sí ir generando sentimientos similares y exponenciales (para bien, “me gustaste, quiero más”), pero costó. Esta 2ª Temporada de los detectives de a de veras se sintió extraña. Quizás deberíamos haberlo sospechado desde un principio.

El año pasado, cuando empezaron los rumores, los fans acatamos calladitos: asumimos perder las conversaciones densas y escalofriantes de Woody Harrelson con Matthew McConaughey, salir del Luisiana que tanto le funciona a HBO (True Blood, Treme) y entrar a Vinci (Un lugar que no existe en la vida real, supuestamente cerca de Los Ángeles.) y hasta tuvimos que imaginar a Colin Farrel actuando bien y a Vince Vaughn actuando de malo. Aceptamos las nuevas condiciones y volvimos a prender la tele. Y qué pasó? Detalles que alteran el producto, como que el creador de esto, Nic Pizzolatto, nos dijo que iba a mantener el tono pero cambiaron al director (y te echamos de menos Cary Fukunaga). A ratos nos aburríamos, nos perdíamos, y nos daban ganas de decir “pico con el próximo capítulo”. Pero como somos fieles y optimistas, la vimos hasta el final y hasta aprendimos 5 cosas. Acá van:

1. El famoso dicho sobre las segundas partes a veces es cierto, pero nada es tan grave.
A lo Américo: que levante la mano el que lloró el adiós de la 1ª Temporada de True Detective. Bien. Somos muchos, por eso las expectativas. Además de esa extraña oscuridad que nos acogió, estábamos muy emocionados por la vuelta del seco-para-siempre Woody Harrelson, y por el renacimiento (McConaissance, mejor palabra del 2014) del actor mino del “Alright, alright, alright” de Dazed and Confused, Matthew McConaughey (no olvidar que True Detective salió después de Dallas Buyers Club y estoy segura de que silenciosamente fue el motivo para darle el Óscar 2014 como mejor actor al Matthew y no al Leo, que pucha que le ha costado). Recordamos, suspiramos.

La continuación no fue mala-mala, insistimos, nos gustó la balacera del final del cap. 4, Colin Farrel en general, Rachel McAdams sintiéndose la nueva Rusty Cohle, la deprimente y grosa cantante del bar, etc.), pero al rato nos pillábamos con cara de lata: ene abuso de dron en la highway, ene conversación inútil entre Frank y su señora, y ene diálogos que se sentían simplemente más pencas que a lo que nos tenían acostumbrados (Por ejemplo, lo del cigarro electrónico y chuparle el pico a un robot. En serio? Esa es tu nueva “conversación de auto de detectives”? Después de usarlas para decirme que el tiempo es un círculo plano, y que todos somos nadie, y que deberíamos caminar juntos hacia la extinción?). True Detective 1= 1 / True Detective 2= 0. Lo bueno es que existe la redención, que se rumorea que está confirmada una tercera temporada, y que en esta vida el segundo disco se perdona, entendemos lo difícil que debe ser.

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2. Los papás también tienen daddy issues.
Sí! no es solo algo que le pasa a las mujeres histéricas! Yeyyy! Toda la temporada tuvo rollos con la paternidad: Frank Ocean pasó toda la temporada peleando con su señora por tener hijos/inseminarlos artificialmente/adoptarlos; Ray Velcoro peleó desde el capítulo 1 por no perder a su hijo (que finalmente era su hijo biológico) y murió sin saber que con meterse una sola vez con Ani, pa! Papi Ricky otra vez, tuvo otro; Paul Woodrough tenía una socia a la que pescaba poco y a la que también dejó esperando guagua, a pesar de haber tenido una relación gay. ¿Para dónde iba todo este volón? Quizás a contestar la frase de los avisos de esta temporada, que decían “We get the world we deserve” cuando en realidad, los mundos en que terminó esta gente eran heredados, más que merecidos. O merecidos, pero buscados para lidiar con los errores de otros. El papá de Ray era un ex paco muy duro con él. El papá de Ani fue un hippie relajao que permitió que su hija anduviera por ahí en los bosques, con cualquiera. El papá de Frank lo encerraba en un sótano por días cuando era chico, en la oscuridad, mientras los ratones se comían sus dedos. No queremos justificar a nadie, pero lo vimos: puta que debe ser peludo ser papá. O mamá. Por algo Ani cierra con un “We deserve a better world”.

3. Los malos ganan (y si a los buenos se les ocurre dárselas de malos, pierden).
El título lo dice todo. Los buenos parecían malos pero finalmente eran buenos, lo que no significó que hicieran justicia. Es más, terminaron casi todos muertos, a diferencia de los realmente malos, que terminaron con cargos públicos, manteniendo su system de maldad intocable (Tony Chessani mató a su propio papá y lo nombraron alcalde po hueón!). Sí, podríamos decir que esta temporada fue un trabalenguas del que no aprendimos nada, o que el tiempo sí era un círculo plano, o algo así.

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4. El ser humano ama odiar
Ya si en verdad tan mala la temporada no fue, incluso da para usar la manoseada frase de Jerry Maguire (el “You had me at hello”), por el <3 opening de Leonard Cohen <3 (les juro que eso solito vale la pena para motivarse y ver un capítulo). Amamos comparar (La temporada 1 con la 2, la 2 con Twin Peaks, y así…) y si nos ponemos a comparar, dan ganas de odiar, y amamos odiar, y así sucesivamente. Si no ha visto la 2ª temporada de True Detective, véala, obvio. Pero vea la 1ª primero :D.

5. Si de nosotros dependiera, veríamos True Detective 3 mañana mismo.
No es de vendidos, o que no nos importe lo que acabamos de escribir, o que olvidemos tan rápido. Es que puta que hace frío, es hora de reconocer que lo que realmente queremos es vivir viendo tele, haciendo cucharita, tapados con un chal y conectados a una máquina de café que a cierta hora se pase a máquina de piscola, y a un botón de pánico de comida. Esto de ver series a veces es solo un hermoso pretexto.

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