3 razones y un par de consejos para no perderse “Los 8 más odiados”

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hatefulPor Catalina González P.

Lo nuevo de Tarantino llega a los cines y eso significa vaya al cine. Así de simple, pero más que nunca. Son tiempos difíciles, harto torrent, harto a luca, pero vale la pena, creo que esta es la película con la que este señor que no estudió cine, está decidido a salvarlo. Larga vida a las latas de celuloide y a este genio de la venganza.

1. La sangre
Tarantino ha creado un mundo muy propio, muy al chancho, y muy amado, porque por la chita cómo nos gusta ver un balazo bien puesto. Lo impresionante es que, además de saber manejar bien la violencia, Tarantino maneja el amor, logra que te pongas del lado del personaje que él quiera, y que lo apoyes en lo que “deba” hacer. El director y guionista tiene un olfato para armar pandillas increíble y, oops, lo hizo de nuevo, pero hay que decir que lo de Jennifer Jason Leigh (Daisy Domergue, asesina recién capturada / camino a ser colgada) es impresionante. Acuérdense de esto cuando empiece el capítulo 4 y literalmente todo empiece a explotar. Apuesto que Tarantino usó más sangre de utilería que nunca antes. Es como Happy Tree Friends versión chingados-gringos-civil war. Y no es solo la cantidad, son las formas inesperadas en que casi todo se va reduciendo a eso, a un montón de sangre de utilería que nunca se vio tan linda. Siga leyendo.

2. El formato
La gracia de ser tan seco como Quentin Tarantino es que debe decir “upa” y 500 huevones corren atrás gritando “chalupa”. Kodak feliz volvía a trabajar en 65 mm, y Robert Richardson, director de foto favorito del director (estuvo en Django, en Bastardos sin Gloria, en las Kill Bill… ), logró hacer cine como se hacía en la época de Ben-Hur, ese volón de semana santa que fue filmada con los mismos lentes Panavision clásicos que Tarantino trajo de vuelta a la vida. El tema es fascinante, acá no podemos ver la película como deberíamos y en Estados Unidos han alegado un poco porque al parecer las proyecciones no han resultado tan bien (obvio, ya nadie sabe cómo usar esos artefactos) pero lo que hizo el equipo técnico es increíble. Podría quedarme pegada en tecnicismos pero les juro que si les interesa googlear el asunto es alucinante. Vemos más de lo que vemos, las pieles son otras, el color es el que se hizo ese día gracias a la luz que estaba ahí, nada de “filo, después lo arreglamos en post”. Porfa vayan a ver esta al cine y dejen de decir que las cosas se ven mejor en sus teles full HD.

3. La simpleza
Un abanico perfecto de 8 hijos de puta terminan encerrados para sobrevivir a un temporal en un espacio de 4 paredes, varias mesas, algunos sillones, algo de fuego, un estofado, y un poco de café. Y eso es todo. Obvio que hay exteriores con paisajes de esos que emocionan un poquito, pero son para contarte que “afuera” es una amenaza. No tienen idea que “adentro” huele a un purgatorio donde todos merecen irse al infierno y lo saben.

Los consejos: café y chocolate. La película suena a tarea, son 3 horas de historia, pero créanme que una vez que esos socios se meten al refugio el tiempo empieza a pasar lo suficientemente rápido como para no poder ir hacer pipí (a lo mamá: vayan antes, la película es como ir y volver a Viña de una), pero lo suficientemente lento como para encariñarte con los personajes y saltar cada vez que alguno corre peligro. No van a querer perderse ni un segundo de esas 3 horas porque, ¿quién sabe lo que puede pasar en un segundo en el mundo de Don Quentin?

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