KoRn en el Caupolicán: saltando a patadas

Llegué a tercera fila de una patada. En la raja. Está sonando Faget y unos cinco mil aggrometals están a punto de tirar abajo el Caupolicán. Estoy literalmente entre el cielo/infierno: contagiándome—a golpizas—con la energía de los demás. Así que aprovecho de sacar el lado aggressor y me meto en medio del mosh cuando suena Good God. Y entonces agarro a combos y patadas a decenas de giles vestidos de negro que en la puta vida he visto, pero que en este concierto siento como mis hermanos. Y por esto los agarro a manotazo limpio: porque, de alguna manera, los quiero.